Kung Fu Panda: tigre y dragón. Y mantis. Y mono. Y grulla.

Hace poco, un amigo me comentaba cuán harto estaba que casi todas las películas de animación que nos llegaban a los cines estuviesen protagonizadas sistemáticamente por adorables, y en gran parte de los casos coleccionables, animalillos convenientemente antropomorfizados.
Con Kung Fu Panda, Dreamworks en su división de animación vuelve a apostar fuerte por ello para reventar las taquillas del verano 2008. En este caso con la historia de Po, un panda gordo, flojo, y muy pero que muy friki que, de buenas a primeras, es elegido como el legendario guerrero del Dragón, y por tanto, el salvador del Valle de la Paz donde residen del malvado tigre de las nieves, Tai Lung.
No vamos a entrar en disertaciones sobre la elección de animales parlantes como protagonistas de las películas de animación por ordenador del estudio, puesto que al final sólo serían especulaciones sin ningún apoyo de declaraciones oficiales. No obstante es curioso destacar que el mismo estudio, en todas sus películas de animación tradicional sí que apostó por modelos humanos (El príncipe de Egipto, La Ruta hacia El Dorado, Sinbad) cuando en las de animación por ordenador son, con suerte, secundarios (HormigaZ, Shrek, El espantatiburones, Madagascar, Bee Movie, Vecinos Invasores…).

