No fueron pocas las injusticias cometidas en ésta edición de los cada vez más estrambóticos y desangelados premios Oscar. Por supuesto que la más sangrante fue la decisión de los académicos de considerar superior a la muy brillante, pero de una vacuidad y una impersonalidad muy molestas, No country for old men sobre la colosal y siniestra epopeya, de connotaciones mefistofélicas, There will be blood. Pero al menos la película, el director, el actor, el director de la cinematografía y otros grandes artistas de aquella...
Johnny Greenwood





