‘Taxi al lado oscuro’: defíname tortura
El género documental ha sufrido un auge en su reconocimiento popular de un tiempo a esta parte. Quizá sea cosa de los inversores privados que sostienen las propuestas de nuevas visiones sobre el medio, quizás sea efecto colateral del tsunami Michael Moore y sus polémicas/populistas propuestas que hacen mirar de nuevo al documental con otros ojos…
Sea como fuere, siempre me acerco con respeto a este tipo de cine. Hay que ser terriblemente habilidoso para no resultar pedante, maniqueo o aburrido por sosez. Y la sinceridad tiene que ser la regla de oro al rodar. Los documentales los carga el diablo. Por eso es un género que considero activo: tienes que participar de la propuesta para que ésta sea un ente cinematográficamente vivo.
Alex Gibney, director y guionista de la cinta que nos ocupa, estuvo nominado al Oscar en la categoría de mejor largo documental en 2005 por Enron, los tipos que estafaron a America, y tiene pendiente de estreno este 2008 un documental sobre la figura del periodista Hunter S. Thompson, Gonzo. Pero, en principio, y hasta la fecha, tiene ya un Oscar en su haber con esta cinta que nos ocupa.


