Bryan Singer es uno de esos directores que demuestran uno de mis más antiguos axiomas: “para ser mediocre tienes que ser un genio”. Lo que viene a ser que por muy brillante e ingenioso que seas, por mucho que sepas de cine, puedes ser solamente un mediocre. Tampoco es tan malo, teniendo en cuenta que el 99 % de los mortales son un minúsculo grano de arena en la playa mientras que otros como el propio Singer dirigen y producen, y viven a todo tren, y alguna que otra película suya está bastante bien. Es decir, que para ser un genio de verdad, un gran artista, podemos hacernos una idea (o quizá nunca nos la hagamos) de la combinación cósmica que tiene que producirse.

Este hombre es la eterna promesa, el profesional con perpetuo rostro adolescente, que se ha hecho un hueco en la industria a base de trabajo duro y de demostrar que sabe lo que hace, y eso es decir mucho en el Hollywood de hoy día. Sospechosos Habituales estaba bastante bien, y era casi su primera película, después de la desconocida Public Access. El joven director podría haber desarrollado una carrera interesante, pues tiene dotes para el cine negro y la acción, pero se cruzó en su vida X-Men. La primera algo tímida, la segunda muy sólida, muy digna. Continuar leyendo »