Oscar mejor actor 1993: una vergüenza
Ya he escrito anteriormente, a modo de recordatorio de estupideces supremas, lo que pienso de algunos Oscar, que es el premio cinematográfico más insulso y absurdo que existe hoy día, pero que año tras año sigue arrastrando el interés de millones de personas, vaya usted a saber por qué. La gente debe de estar satisfecha con eso de que se rían de ellos. Porque hay casos de vergüenza ajena, de chiste.
Es el caso del año 1993, en el que Tom Hanks se alzaba con el Oscar al mejor actor por el drama Philadelphia, en torno a un abogado enfermo de sida y su lucha por vencer en un juicio por despido indebido. Era el momento de este gran intérprete, después de los años 80, en los que había trabajado en comedias de menor entidad. Ahora estaba dispuesto a demostrar lo buen actor que era. Y lo consiguió. Está ciertamente muy bien en Philadelphia, pero aquel año había un actor que jugaba en otra esfera, en otra galaxia, en la del genio artístico. Baste un ejemplo, y que cada uno saque sus conclusiones:

