Lo comentaba hace poco: es una auténtica pena el no poder disfrutar plenamente de las joyas que uno se puede encontrar en las categorías de cortometraje, tanto de ficción, documental o animación, de cualquier edición de los Oscar. En general, es un mundillo desconocido para el gran público, en el que por supuesto hay muchas cosas que no hay por dónde cogerlas, pero cuando encuentras una maravilla… Le da sentido a la búsqueda.
En esta línea, están a disposición del gran público por un tiempo limitado, en un inglés terriblemente asequible sin subtítulos, y en una calidad mucho más que notable, dos cortos animados ganadores de la estatuilla dorada en las ediciones de 2004 y 2006: ‘Ryan’ y ‘The Danish Poet’.
‘Ryan’, obra de Chris Landreth, es un sentido y muy experimental homenaje a la figura de Ryan Larkin. Grandes amigos tiempo ha, Larkin fue el padre de un tipo de animación que hace cerca de 4 décadas marcó a toda una generación de profesionales. Tiempo después fue encontrado muerto en las calles de Toronto, y es a través de las declaraciones reales de aquellos que le conocieron como Landreth configura un análisis de la figura de su maestro, tamizándolas por un uso de la animación bastante peculiar.
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Lleva tiempo dando vueltas por el circuito de festivales la película Peur(s) du Noir (miedo a la oscuridad), una más que interesante recopilación de cortos de animación firmados, tanto en dirección como guión, por destacadas figuras del mundo del cómic: Lorenzo Mattotti, Charles Burns, Blutch…
Todos ellos autores de trazo atormentado, cuando no enfermizo como en el caso de Burns, de universos introspectivos, opresivos, donde muchas veces el mayor monstruo somos nosotros mismos. Vamos, un grupo de hombres risueños que ni en una peli de Mel Brooks.
Piezas en blanco y negro, que simulan los estilos gráficos de sus padres artísticos, y que apelan, desde el blanco y negro, la sencillez formal, la sinceridad y la inspiración, a nuestros miedos más profundos, a aquello que irracionalmente nos aterra.
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Pequeño, muy pequeño y humilde cortometraje de un director al que conozco bien y sé de su ambición (tiene cortos mucho más grandes y densos), y que ahora que está curtiéndose en televisión no para de parir pequeñas obras como esta.
Resulta muy interesante este corto, filmado en una sola tarde, sin presupuesto, con Mini-DV, entre viejos conocidos, que cuenta una anécdota mínima pero que se presta a un desarrollo. En mi opinión el montaje es certero, pues va concatenando un estado de ánimo que irá cambiando por el devenir de los acontecimientos. Pero el guión podía haber dado más de sí, dentro de su extrema concisión y humildad. Hubiera necesitado empezar mucho más arriba, para terminar incluso más abajo, hubiera necesitado enterarse o enfrentarse en sus llamadas a cosas más terribles.
Pero tiene su mérito intentar este trabajo de interpretación en tan poco tiempo y con tan pocos elementos. No sé qué opinaréis vosotros.