‘My Name is Bruce’, o cómo ser Bruce Campbell
En un giro similar al que se hiciese en su día con Cómo ser John Malkovich o como el que recientemente ha protagonizado Jean Claude Van Damme con su JCVD, el actor, aunque también productor y director, Bruce Campbell hace un ejercicio de autocrítica pasada de rosca en la cinta My Name is Bruce, una propuesta destinada a no tomarse en serio nada ni a nadie.
Icono de todo una generación gracias la trilogía de Evil Dead de Sam Raimi, y posterior estrella de todo producto de serie B al que se le asociara, el actor siempre se ha movido en un parámetros muy determinados, lo cual le ha forjado un cierto prestigio, un fandom consistente pero también le ha supuesto una lacra en términos de encasillamiento.
Es por ello que, visto lo visto, casi la mejor opción es asumirlo y aprovecharlo, y es de ese planteamiento del que surge la cinta que nos ocupa, en la cual Campbell, interpretándose a sí mismo como un actor egocéntrico en horas bajas es forzado a combatir un monstruo real, un dios Chino de la guerra de 3 metros de altura armado proporcionalmente, en un pequeño pueblo de Oregón. Brutal.


