John Powell es uno de esos compositores todoterreno que pasa de la saga de Bourne a la última producción Disney que nos ocupa, Bolt, pasando por el drama desgarador de United 93 sin despeinarse, manteniendo siempre lo que viene a ser una marca de la casa: el ritmo. Powell es el rey del ritmo. Sea con orquesta clásica, sea con electrónica o mezclando ambas, sus composiciones te mueven desde dentro hacia fuera. Lo suyo es talento puro, abundante en producción y con una media cualitativa que ya quisieran muchos.
En Bolt, Powell da música a la aventura del perro que da nombre a la cinta, un canino actor que no diferencia realidad y ficción, y cree ser realmente el perro con superpoderes del show televisivo que protagoniza. Cuando escapa intentando salvar a su dueña, que realmente no está en peligro, el retorno al hogar será toda aventura real, en la cual le acompañarán una gata, en calidad de secuestrada, y un hamster friki fan de la serie, que hará lo que sea por estar al lado de su héroe en tan insigne odisea.
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En muchas ocasiones parece que tienen que pasar algo así como dos o tres décadas para saber apreciar según qué cosas, y de pronto lo que antes muchos despreciaban como una película más, resurge como una película valiosa, portadora de detalles que la destacan por encima de otras que quizá en su momento fueron sobrevaloradas. Es verdad que el mejor crítico es el tiempo.
No, tranquis. No voy a decir ahora que Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) es una obra maestra incomparable y extraordinaria. No lo es. Pero sí me gustaría hablar de ella como una película notable, con sus luces y sus sombras, y que cuenta con la que es, de muy lejos, la mejor interpretación de la carrera del polémico y tan atacado Tom Cruise. 14 años después, con la forma en que se ha devaluado su nombre, ahí ha quedado su performance del vampiro Lestat. Continuar leyendo »
El comúnmente llamado cine independiente americano produce, al igual que su hermano mainstream, mucha basura, independientemente de la financiación que tenga, me disculpen el juego barato de palabras. Siendo ya una clasificación en si mismo podemos advertir como una corriente bastante considerable de cintas son víctimas de los tics que las aglutinan bajo un mismo techo. Pero otras, como el visitante que nos ocupa, son aquellas pequeñas joyas que le hacen a uno albergar esperanza, manteniendo su sabor en el paladar todo lo posible.
El profesor Walter Vale es una persona hermética, introvertida, silenciosa y estricta, que deambula por su vida de forma automática, sin mucha más energía en la acción de trabajar que en la de comer o dormir. Su vida dará un vuelco cuando descubre una pareja de inmigrantes ilegales viviendo en un piso que tiene en otra ciudad. Otra forma de ver las cosas, de vivirlas y apreciarlas harán de la comedia y el drama dos caras casi indistinguibles de la misma moneda.
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David Arnold es un compositor que comenzó relativamente joven en el mundo de la composición cinematográfica. Proveniente de los campos de la música electrónica, curtido como compositor y productor, llamó la atención al ser seleccionado, sólo con un trabajo previo en su currículo, para la banda sonora de Stargate. Alguien de sonoridades modernas para una pieza épica de ciencia-ficción y con tan poco bagaje no parecía la mejor de las elecciones. Pero Arnold realizó una música antológica, vibrante y viva, tremenda en los cánones más tradicionales, en términos de orquestración, como modernos en los de composición. Ya estaba en el punto de mira.
Tras unos notables trabajos para cintas como Godzilla o Independence Day, otra brillante incursión con Los Últimos Guerreros, digamos que su estilo se asentó y regularizó. La épica orquestal dio paso a lo que inicialmente se podía esperar de él: sonidos urbanos, electrónicos, eclécticos, nada clásicos, por esa parte bien, aunque, y hasta la fecha, bastante erráticos.
Arnold se convirtió en el compositor oficial de la saga Bond a partir de El mañana nunca muere, siendo la que tenemos entre manos su quinta colaboración a las órdenes de su majestad. Si bien inicialmente su llegada a la franquicia se recibió con gozo, como una revitalización sonora de unos cánones tan firmemente asentados que olían a rancios, poco a poco las partituras de Arnold se volvían más funcionales, más serviciales y menos personales, menos potentes, hasta ser meros enfatizadores de las imágenes, sin alma, algo que no debería pasar en una banda sonora.
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Tenemos buenas noticias sobre la adaptación cinematográfica de Watchmen. Aparte del nuevo cartel (que si no recuerdo mal, representa la segunda página del cómic) y del nuevo tráiler, ambos presentados en los recientes Scream Awards 2008, lo más importante es la confirmación de que la película será clasificada R. Esto quiere decir que la exhibición se reduce a mayores de 18 años y menores acompañados y que la seriedad del proyecto se ha impuesto al imperio del dolar.
Sólo puedo quitarme el sombrero ante la presumible dura lucha a la que se habrá tenido que enfrentar el director Zack Snyder para que Watchmen llegara a las salas sin censura. Recordemos que la clasificación R ha hecho doblegarse a pesos pesados como Live Free or Die Hard (la Jungla 4 por estas tierras) o que hará lo propio con el próximo Terminator. Y es que, en EE.UU. son muchos los dólares que se dejan de ingresar si se opta por el camino de la libertad creativa.
Mis dudas sobre la adaptación al cine de la novela gráfica que marcó un antes y un después en la historia del cómic no han cambiado. Sin embargo he de reconocer que tal proyecto, por ahora, tiene mi respeto. Aquí tienen el nuevo tráiler.
Y tras el salto el nuevo cartel. Continuar leyendo »
A la Fox le va a salir cara la broma. Ha llamado de nuevo a filas al guionista y director James Wong para que reúna al reparto y graben más tomas para Dragon Ball. Se intentará arreglar así lo que ya parece un irreparable desastre.
Y es que no fuimos (los lectores de extracine con sus comentarios y un servidor) los únicos que clamamos al cielo por el terrible trailer de avance. Por todo el mundo fans del querido manga del maestro Toriyama se han rasgado las vestiduras por tamaño despropósito. El nuevo trailer, que iba a acompañar el estreno de Max Payne (vaya carrerita que llevan), se ha retrasado hasta el 12 de diciembre para complementar el remake de Ultimatum a la tierra (lo dicho, la imaginación al poder).
Si tienes entre 20 y 70 años y hablas de forma fluida nepalés o tibetano (o los dos, que hay gente para todo) puedes presentarte a los casting para formar parte de lo que está por grabar. Me imagino las caras del respetable el 30 de noviembre, día de comienzo del rodaje. No me gustaría estar en la piel de ninguno de ellos, todos montados en un buque de 100 millones de dólares con un nombre en el costado: Titanic (y no es el de Cameron, ya les gustaría).
Enlace: La Fox intenta salvar la película de ‘Bola de Dragón’
Vía: europapress
No seré yo quien lleve la contraria a la encuesta que ha realizado Hollywood.com con motivo del estreno de Sex Drive. Supersalidos (Superbad), una estupenda película que da mucho más de lo que su terrible título en español puede dar a entender, encabeza la lista de las mejores comedias adolescentes de todos los tiempos.
En Supersalidos la historia es la de siempre, un grupo de chicos poco agraciados se empeña en despedir su estancia en el instituto dejando atrás también su virginidad. La diferencia estriba principalmente en su guión, mucho más serio de lo que parece a primera vista y que no se corta a la hora de alargar el metraje para contar todo lo que quiere contar.
El top diez incluye títulos como la marcianada indie Napoleon Dynamite o al culmen del estilo John Hughes que supone Todo en un día (Ferris Bueller’s Day Off). Tras el salto el top 10 en el que, no lo duden, ganan los 80 por goleada. ¿Que variaciones harían ustedes en tan insigne lista?, yo habría metido La chica de Rosa (Pretty in Pink), del maestro Hughes y protagonizada por los inevitables James Spader, Andrew McCarthy y Molly Ringwald, !que recuerdos!. Continuar leyendo »

Voy a hacer un pacto conmigo mismo: la próxima vez que vaya a ver una película (española o no) en la que llegue una escena dramática, pongamos una muerte trágica o un drama sentimental, e inmediatamente comiencen a sonar unas notas de piano lánguidas y tiernas, o unos violines dolientes y sentidos, abandonaré la sala inmediatamente, pues ya tengo bastantes motivos para sentirme un idiota a todas horas como para encima ir al cine a que me tomen por idiota.
Y es que existe una manía de ciertos directores (directores sólo porque hacen como que dirigen un producto audiovisual) que se empeñan en recalcar lo obvio con zafiedad y estupidez, olvidándose de que el espectador posiblemente es mucho más listo que ellos, y que estamos un poco hartos de que les den unos cuantos millones a algunos incompetentes para filmar chorradas como la que ayer tuve la desgracia de ir a ver al cine, abochornado por el monumento a la incapacidad absoluta para construir una película con un mínimo de profesionalidad. Continuar leyendo »
Precedida de la polémica allá donde pasa o se habla de ella, incluida esta página, nos acercamos a la tercera película de Javier Fesser, quien tras dos incursiones en el género de la comedia, y una nominación al Oscar por su corto Binta y la gran idea, prueba en este caso con el drama más puro, aquel que por ratos se debe escapar de sí mismo, darse un rodeo incluso, para no autoconsumirse.
Antes de seguir con la crítica, me veo obligado a hacer una serie de aclaraciones, dado lo delicado del tema que trata y que muchas sensibilidades son más frágiles que otras. Hago las aclaraciones para dejar evidente que no pretendo ofender a nadie. Para empezar la película me ha gustado. Mucho. Tanto que creo que es lo mejor que he visto en lo que llevamos de 2008, incluido Wall•e y Dark Knight. En segundo lugar no soy creyente. No comparto el dogma vaticano, ni muchísimo menos el del Opus Dei. En tercer lugar, y vinculado al segundo punto, el que yo crea o deje de creer no influencia mi opinión del hecho cinematográfico. Por ejemplo, La Pasión es mi película favorita dirigida por Mel Gibson, no importa la religión y tampoco la calificación de Gibson como ser humano.
Es por todo ello que mi crítica es cinéfila. Estoy en contra, una vez vista la cinta, de todas las críticas coyunturales que se le achacan, y para construir el artículo las pondré en tela de juicio. No pretendo sentar cátedra ni arremeter contra nadie, esto es personal, pero si crees que vas a tener algún problema con lo expuesto anteriormente, no sigas leyendo, porque no voy a entrar en discusiones. Es fácil.
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Y cuando el cine es un poema, una escultura de la memoria, un muestra de vida que no existe en las mismas dimensiones en el mundo real, un instrumento para el conocimiento de en qué mundo vivimos, una conmoción que extrae lo mejor de nosotros mismos y nos coloca en un espejo moral ineludible. Y un pedazo de verdad, de amor por el cine, de humanismo desaforado. La mejor, la más bella película del francés Bertrand Tavernier, nacido hace 67 años en Lyon, es un homenaje a la pedagogía y a la infancia.
Muchos, incluso personas interesadas por el cine social, se enfrentan a esta película con una distancia impuesta por los prejuicios hacia un cine tan sincero que no exhibe sutilidad, sino que es directo como un puñetazo en el estómago, y tan generoso que hace del audiovisual una razón para mantener una chispa de esperanza. Porque cada vez estoy más convencido de que el único arte que merece la pena es aquél que lleva esperanza y fe (y no me refiero a la católica…ejem) al corazón del hombre. Artistas, intelectuales, valientes de la talla de Bertrand Tavernier logran esto por la pura convicción en sus ideas. Continuar leyendo »

Y por bella me refiero a su aspecto meramente audiovisual: fotográfico, sonoro, de diseño. Su imagen es de una belleza, de un mimo asombroso. Con el fallecido Conrad L. Hall (fallecido poco después de finalizar la película) en un trabajo de fotografía que roza el exhibicionismo de la perfección técnica que logran. También en la precisa y esmeradísima puesta en escena de un Sam Mendes que abandona el mundo cínico y gris de American Beauty, y se sumerge con sensiblidad y sobriedad en un melodrama gangsteril que tenía muchas probabilidades de convertirse en una obra maestra incomparable.
El porqué esta enésima historia de venganzas familiares y de sagas mafiosas en ningún momento logra erigirse en esa gran película que podría haber sido, sino que es una historia más de venganzas y de sagas mafiosas con detalles sumamente interesantes, es lo que nos disponemos a analizar en las siguientes líneas. Road to Perdition es de esas buenas películas que a uno le da rabia tener que constatar los defectos que la impiden subir más. Continuar leyendo »

Carter Burwell y los hermanos Coen configuran una de las más sólidas, sino la más, asociaciones artísticas compositor-director que existen hoy en día en el negocio cinematográfico. La práctica totalidad de las películas de los oscarizados hermanos están acompañadas de las composiciones de Burwell, recurriendo siempre a música clásica (The Man Who Wasn’t There) o recopilaciones de canciones (The Ladykillers) para complementar la totalidad del metraje.
Es así como, quizás como consecuencia de tan prolongada y fructífera colaboración, el resto de obras del músico se ven ensombrecidas y deudoras de tal relación. Intentos puntuales de cambiar el tono, por ejemplo en El Álamo hacia el épico-histórico, resultan fallidos, pues Burwell, hay que asumirlo, es un compositor de mínimos humanos. Lo suyo son los dramas, o comedias, pero siempre de corte realista y cercano, las melodías ajustadas, no por el talento o el presupuesto, sino por el minimalismo de la precisión.
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Si los franceses tuvieron a Amélie, los británicos, no menos que nadie, debían tener tarde o temprano su contrapartida patria. Pero si los gabachos, discúlpenme el coloquialismo, vieron la vida a través del enrevesado formal de la óptica de Jeunet, culmen de la tradición de búsqueda constante de nuevas vías narrativas en su filmografía patria, los ingleses se rinden a su visión más mundana y aséptica, práctica y desmitificadora de las cosas.
Poppy es una profesora de primaria del norte de Londres, que vive con su mejor amiga Zoe, mantiene una fuerte relación con su hermana pequeña Suzy, y que, en general y en concreto, se caracteriza por un optimismo tan inusitado, tan ferviente, intenso e incondicional que, o bien te contagia, o bien te saca completamente de tus casillas. Poppy es feliz por, pese y gracias a todo.
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Cuando se habla de la filmografía de los hermanos Coen, dos de los directores esenciales del cine norteamericano de los últimos 20 años, suelen dividirse sus películas en dos categorías: las comedias locas y los dramas criminales, si bien ambos grupos tienen puntos en común con el otro. Aunque yo añadiría un tercero, el de las películas existencialistas, categoría que engloba a Barton Fink y a The Man Who Wasn’t There. Los dramas criminales tienen su cumbre en Fargo y en Miller’s Crossing (quedando muy atrás No Country for Old Men) mientras que los Coen no han firmado mejores comedias que Raising Arizona y The Big Lebowski.
El resto de comedias oscilan entre lo trivial (para su talento) y lo infravalorado. Ahí se enclavaría esta alocada farsa, más o menos en el grupo de la infravalorada Ladykillers e Intolerable Cruelty, pero no tan ambiciosa y arriesgada como The Hudsucker Proxy. Ahora bien, lo que nadie puede negar, es el desbordante ingenio de los Coen a la hora de construir una farsa que arremete contra las convenciones de género estadounidenses de forma tan contundente, precisa y desvergonzada, con un trasfondo existencialista que la hermana con ese tercer grupo antes nombrado. Continuar leyendo »
La película número 13 en la filmografía de los Coen, Joel y Ethan, si exceptuamos participaciones grupales tipo Paris Je T’Aime, nos acerca de nuevo a su particular universo de perdedores e inútiles en situaciones estúpidas, en lo que inicialmente podríamos considerar una comedia dada la sinopsis, o incluso el tráiler, pero que tras su visionado no queda tan claro.
Quemar después de leer nos introduce en un microuniverso coral que se ve revolucionado, sacudido e incluso destruido en algún caso, cuando Osbourne Cox, un agente de la C.I.A. algo borrachuzo, es degradado, tras lo cual, él, orgulloso, decidirá despedirse. Las sospechas de su esposa, los líos de un cuarentón en crisis y las ansias de cambio y aventura de dos monitores de gimnasio bastante peculiares, por no decir simplones, convertirán la pérdida de un CD con información sobre Cox en un asunto de estado. O no, vete tú a saber.
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