John Powell es uno de esos compositores todoterreno que pasa de la saga de Bourne a la última producción Disney que nos ocupa, Bolt, pasando por el drama desgarador de United 93 sin despeinarse, manteniendo siempre lo que viene a ser una marca de la casa: el ritmo. Powell es el rey del ritmo. Sea con orquesta clásica, sea con electrónica o mezclando ambas, sus composiciones te mueven desde dentro hacia fuera. Lo suyo es talento puro, abundante en producción y con una media cualitativa que ya quisieran muchos.
En Bolt, Powell da música a la aventura del perro que da nombre a la cinta, un canino actor que no diferencia realidad y ficción, y cree ser realmente el perro con superpoderes del show televisivo que protagoniza. Cuando escapa intentando salvar a su dueña, que realmente no está en peligro, el retorno al hogar será toda aventura real, en la cual le acompañarán una gata, en calidad de secuestrada, y un hamster friki fan de la serie, que hará lo que sea por estar al lado de su héroe en tan insigne odisea.
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No deja de tener su coña que aunque fue Martin quien dejó tirada, literalmente, a Laurie Jorgensen, esté más que dispuesto a darse de puñetazos con su prometido, Charlie. Y más coña aún que le ayude a quitarse su traje de novio, en teoría para no mancharlo, y luego se lance a por Charlie, tirándole contra su chaqueta nueva y rodando ambos por el suelo, llenándose todo de polvo del desierto. Pero sobre todo la cara de Laurie, vestida de novia, encantada con el panorama de dos tiarrones peleándose a mordiscos por ella.
Como ya dijimos en la entrada del pasado martes, Ford sabe que el espectador necesita un paréntesis para retomar fuerzas. Es la película, sin ningún género de dudas, más violenta y oscura del director de origen irlandés. Por supuesto tenemos también el carácter eminentemente circular de este relato (un detalle: por dos veces Martin termina derribado contra el banco de la cocina, tirándolo a su vez). Continuar leyendo »

Estamos cerca del final ya. Después del post del jueves, en el que analizábamos el intento de asesinato de Debbie por parte de Ethan (nunca me cansaré de admirar lo bien que está John Wayne), lo dejamos en el momento en que por fin Scar y Ethan se ven las caras. En la tienda del primero descubren que se encuentra Debbie, convertida ahora en Squaw (amante/esposa) del jefe comanche. A duras penas salen del trance, pues Scar se esfuerza en provocarles bien. Hay algo en ese desconocido actor (Henry Brandon, que para entonces contaba con 44 años) hierático y misterioso que le va muy bien al personaje oscuro e inteligente que es Scar.
El contacto mexicano que les ayudó a dar con ellos ahora sabe que no han querido conocer a Scar para hacer negocios, precisamente, y se niega a seguir ayudándoles, por lo que les devuelve el dinero. La atmósfera de ese desierto tiene un no sé qué de lírico y sombrío, a pesar de ser pleno día. Nunca un pleno día, soleado y de cielo azulísimo, resultó tan melancólico. Continuar leyendo »

Habíamos interrumpido este análisis, que comienza a ser extenso, sobre la obra cumbre de John Ford, con el magnífico segmento de la comanche con la que tiene que cargar Martin, y que acaba ayudándoles, quizá de manera indirecta o inconsciente, a regresar sobre la buena pista. Lo cierto es que la muerte de Look (así permite la comanche que Martin la llame, ya que no deja de repetirle “mira…”) resulta dolorosa.
El largo flash-back (¿uno de los más largos de la historia?) prosigue, y tiene lugar la famosa escena de la cacería de búfalos (tan diferente a aquella de la torpe Bailando con lobos, película sobre la que tenemos que hablar en Extracine), en la que vemos a Ethan perder ya totalmente el control de sí mismo. En principio iban a cazar un par de búfalos, pero Ethan empieza a dispararles a todos (“para que no sirvan de alimento a ningún comanche este invierno”), y cuando Martin intenta detenerle, le golpea con una violencia terrible. Terrible momento. Continuar leyendo »

De lo que llevamos analizado sobra la película de John Ford, hemos dejado múltiples reflexiones sobre cómo el cineasta extrae del modelo de tragedia clásica lo más intenso, mientras que retuerce su mismo basamento hasta volverlo algo fascinante de lo personal y heterodoxo que resulta. Los arquetipos funcionan, pero el artista ha de saber cómo convertirlos en algo más.
Una vez Martin abandona por segunda vez a Laurie para correr tras el rastro del cada vez más perturbado Ethan, la película abandona definitivamente todos los caminos y formas recorridos hasta ese momento, para sin dejar de ser ella misma transformarse en una narración abstracta, fantasmagórica. De forma sutil, pero implacable, nosotros los espectadores vamos descendiendo por una espiral de violencia y melancolía que ya no nos abandona ni al final de The Searchers. Continuar leyendo »

Nos habíamos quedado el pasado martes en la finalización de cierta película dentro de la película: la clásica, o la esperable. Con la victoria, temporal, de los comanches sobre la búsqueda del quijotesco Ethan y el sanchopancesco Martin. Habíamos transcrito también las palabras, obsesivas, de Ethan, cuando promete que no se rendirá. Hay algo compulsivo, de desesperación, en los resortes que empujan a Ethan en su viaje sin fin. Por supuesto que intenta encontrar a su sobrina (o seguramente hija), pero también hay un vacío en su interior que ha de llenar con una obsesión, con un acto homérico que de sentido a su vida.
Destruido el hogar de los Edwards, Ethan y Martin, los dos centauros, regresan a la casa de los Jorgensen. Estableciendo un probabilidad temporal es más que plausible que haya transcurrido un año desde que se marcharon, pues hemos visto un invierno y de nuevo luce un sol sin rastro de nubes. Las consideraciones temporales son muy importantes en este relato, pues uno de sus temas es el paso del tiempo y el modo en que afectan no ya a los personajes, sino a la misma materia de sus imágenes. Continuar leyendo »

El pasado jueves habíamos dejado el análisis de esta importantísima película en el momento en que los rangers, que han salido en persecución de los comanches, resultan perseguidos por ellos, pues la superioridad táctica y numérica de los nativos es aplastante, y a la hora de la verdad los jinetes comandados por Samuel Clayton no tienen más salida que huir despavoridos o morir.
De un plano con gran profundidad de campo en que los perseguidos y los perseguidores se dirigen hacia la cámara a toda velocidad, pasamos a uno aún más general de un río, que va a ser crucial para que los blancos puedan recomponerse un poco. Y de ahí pasamos a un plano más corto con varios comanches cayendo al río por los disparos recibidos, ya que sus caballos se encolerizan. Un plano que para algunos puede parecer torpe o inconsistente, teniendo en cuenta el plano anterior, pero que resulta de una decisión de trastocar completamente las nociones preestablecidas del montaje. Pero cuando los blancos llegan al otro lado del río y dejan a sus heridos a un lado para repeler al enemigo, pasamos nuevamente de un plano muy general a otro más corto para volver al general. Todas estas decisiones de montaje no hacen sino dinamitar la lógica de la narración, y al mismo tiempo convierten a la imagen cinematográfica en algo más. Continuar leyendo »

Una rectificación
Hace más de cuatro meses escribí una entrada absolutamente injusta, y que decía muy poco de mi criterio (ese que defiendo a capa y espada, que para eso es mío) y mucho de mi impulsividad. Mi defensa de la idea de que Newton Howard era el máximo artífice de Lady in the Water nació más de mi pasión por la música que elaboró para aquella película que de la realidad. No me arrepiento de lo que escribí, escrito está, pero no fui justo. Dicen que es bueno y sabio rectificar y admitirlo.
Me dejé llevar por la opinión general, algo que intento no hacer en la medida de lo posible, de que Shyamalan había ido bajando de ingenio a lo largo de su filmografía, hasta desembocar en la película citada, un ejemplo de onanismo mental. Estaba yo totalmente equivocado, como comprobé revisando una y otra vez Lady in the Water hasta comprender que esa película me tenía fascinado. Puede que haya lectores que ahora me recriminen cambiar de opinión, que piensen que esto es indicio de mi ignorancia, o que sólo intento llamar la atención (no habrá pocos lectores que me tienen atravesado y alucinarán con este mea culpa…). Están en su derecho. Continuar leyendo »

En la última entrada del análisis que estoy dedicando a una de las obras maestras más importantes de la entera historia del cine, lo habíamos dejado de forma consciente en el fundido a negro que cierra los ojos al terrible ataque comanche al rancho de los Edwards, que se saldará con la masacre de la mayor parte de la familia. Del fundido a negro pasamos a un plano general del Monument Valley con la mayoría de los rangers comandados por Samuel Clayton regresando (tal como dijeron) al rancho de los Jorgensen, que queda más cerca. De ahí, un fundido a Martin Pawley, cuyo caballo ha muerto del esfuerzo de regresar de nuevo las 40 millas a todo galope.
Ethan y Moss le alcanzan, y Martin, con la silla en la mano, le pide por favor que pare para llevarle, pero Ethan le ignora, pues tal como le advirtió, sin abrevar el caballo no lo conseguiría. Ethan por tanto, demuestra su superioridad total como jinete y como “guerrero” (no olvidemos esa funda del rifle tan “india” que porta). El siguiente plano es quizá el más recordado de la filmografía de Ford y uno de los más poderosos de la historia del audiovisual: Ethan llegando a la loma desde la que divisa la granja de los Edwards. Dispuesto en contrapicado, para otorgar mayor presencia a Ethan, la música termina de electrizar el momento. La granja de los Edwards arde con unas llamaradas cuyo humo cubre casi todo el valle. El rostro de Ethan está desencajado. Aunque sabe que es inútil, lanza con ira la funda del rifle en un gesto de indescriptible violencia. Martin llega mirando a cámara (el fondo es un decorado evidente, pero a quién le importa), y en sus ojos azules se ve reflejado el horror. Imposible más dolor y más violencia en una pantalla. Continuar leyendo »

Después del análisis de los primeros 13 minutos y quince segundos llevado a cabo este fin de semana, me ha sorprendido que más de un lector de aquellas líneas me pidiera continuar con mis reflexiones sobre la película. Y aquí estamos, vamos a llegar hasta el final, acompañando a Ethan y Martin en la búsqueda de Debbie.
Lo habíamos interrumpido en el momento en que Ethan y Martin, convertidos en rangers (exploradores) temporales, acompañan al grupo comandado por el reverendo Samuel Clayton en el rastreo de unas piezas de ganado robadas a los Jorgensen, unos ganaderos holandeses. Ethan sospecha que pueden ser comanches, y está dispuesto a comprobarlo. La última escena que habíamos analizado era la famosa en la que el reverendo, Ethan y Martha comparten un momento tenso. Esperamos, como siempre, que el lector tenga la película a mano y de al play para acompañar estas líneas con las imágenes de esta obra maestra. Continuar leyendo »

Habíamos dejado ayer a Ethan, en la primera parte de este extenso análisis (menos mal que son los primeros 13 minutos y 15 segundos de la película…), en el porche de la casa, después de soltarle a su hermano una buena cantidad de monedas de oro con tal de que dejara de preguntarle por qué no se fue de Texas antes de la guerra, cuando tuvo ocasión. Sospechamos, igual que Aaron, que la razón era Martha. Por otra parte si echamos un cálculo de los años que ha estado fuera (lo menos 7) obtenemos la edad aproximada de la menor de las hijas de Martha, Debbie, que tendrá ahora esa edad. Por supuesto que la teoría que sostenemos (más que teoría, certeza) es que Debbie es fruto de un romance secreto entre ambos.
A esa imagen nocturna de Ethan en el porche le sucede otra diurna que casi parece romper el contínuo secuencial de un hachazo violento, con la música subiendo a todo volumen: los rangers llegan al rancho de los Edwards a primera hora de la mañana. De hecho, las notas musicales anuncian el presagio de una tragedia inminente. Es el reverendo Samuel Clayton (maravilloso Ward Bond) que ahora es capitán de los rangers, el que llama a la puerta acompañado de sus hombres, anunciando que alguien ha robado ganado en la vecina casa de los Jorgensen. El que interpreta a este personaje de ascendencia holandesa es el fordiano John Qualen. Continuar leyendo »

Bueno, en realidad son los primeros trece minutos y quince segundos exactamente. No, no vamos a poner ningún clip de ninguna película de super-héroes sobre la que ofrezcamos una exclusiva en Extracine, ni cosas por el estilo tan normales en los blogs de cine. Vamos a hablar de arte.
La legendaria película dirigida en 1956 por el gran John Ford ha suscitado una voluminosa literatura en torno a su mito y a su condición de una de las obras maestras más importantes de la historia del cine. En el momento de su estreno, sin embargo, fue despachada como una película más de indios y pistoleros. En los años 70, con las nuevas olas cinematográficas estadounidenses que la citaban sin descanso, comenzó su imparable ascenso hacia lo más alto del prestigio.
Vamos a comentar su comienzo nada más, pues analizar la película entera llevaría o bien un post de longitudes insoportables o muchísimos posts, demasiados, para fragmentarlo. Continuar leyendo »

Planteada mi lista de las mejores europeas de los 90, justo es dejar también mis diez norteamericanas de esa década. Han resultado ambas igual de difíciles de confeccionar, mucho menos de lo que me va a resultar para esta presente década, en la que tengo ya mi lista hecha y me parece difícil que alguna sorpresa me la trastoque.
Como soy optimista, aunque muchos piensen lo contrario, quiero creer que las pocas respuestas a la anterior lista eran porque mucha gente estaba de acuerdo conmigo (…), y no porque no tuvieran ni idea de qué películas hablaba, o porque no les interesara el cine europeo. Nuevamente, esto es personal e intransferible, y son bienvenidas las quejas (razonables) y las listas ajenas. Si no llega ni lo uno ni lo otro, yo me sigo divirtiendo haciendo encaje de bolillos con algunas de las películas de mi vida.
Las 10 norteamericanas de los noventa Continuar leyendo »
Ya he escrito anteriormente, a modo de recordatorio de estupideces supremas, lo que pienso de algunos Oscar, que es el premio cinematográfico más insulso y absurdo que existe hoy día, pero que año tras año sigue arrastrando el interés de millones de personas, vaya usted a saber por qué. La gente debe de estar satisfecha con eso de que se rían de ellos. Porque hay casos de vergüenza ajena, de chiste.
Es el caso del año 1993, en el que Tom Hanks se alzaba con el Oscar al mejor actor por el drama Philadelphia, en torno a un abogado enfermo de sida y su lucha por vencer en un juicio por despido indebido. Era el momento de este gran intérprete, después de los años 80, en los que había trabajado en comedias de menor entidad. Ahora estaba dispuesto a demostrar lo buen actor que era. Y lo consiguió. Está ciertamente muy bien en Philadelphia, pero aquel año había un actor que jugaba en otra esfera, en otra galaxia, en la del genio artístico. Baste un ejemplo, y que cada uno saque sus conclusiones:
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No es esta una lista que inicie una serie de posts sobre las 10 mejores películas europeas de cada década. Me explico.
Si yo escribiera diez u once entradas sobre las 10 mejores películas europeas de cada década el lector tendría toda la razón en hacer una de las siguientes dos cosas, o ambas: lo primero tacharme de petulante y pretencioso, precisamente por pretender haber visto todo (o lo más representativo) de cada década, cuando no es cierto; y lo segundo acusarme de provocarle el aburrimiento haciéndome el interesante.
Yo no he visto todas las películas de la historia del cine (ni creo necesitarlo). Mi cinefilia extrema digamos que nació en los años 90, que fue además la década en la que yo fui adolescente y pasé a la mayoría de edad. En esa década vi cientos de películas europeas de muchas décadas, y la mayoría de los estrenos imprescindibles del cine de este continente. Por eso creo que puedo proponer una lista (a la espera de que cada cual proponga la suya propia, si quiere o puede) sobre las diez mejores de esa década. En pocos días propondré también las 10 mejores norteamericanas de los 90. Y si no hago las 10 mejores asiáticas o sudamericanas, por ejemplo, es porque no vi lo suficiente, ni entonces ni ahora. Continuar leyendo »