Dentro del adocenado panorama cinematográfico español, me sigue sorprendiendo la capacidad de algunos cineastas independientes para seguir asombrando con propuestas arriesgadas que rozan el suicidio. Al menos desde un desde un punto de vista comercial. Lo que no impide que surjan películas tan fascinantes y cautivadoras como Chaika, segundo largometraje dirigido por Miguel Ángel Jiménez, rodado en ruso y a mitad de camino entre el duro invierno de la estepa siberiana y las tórridas estepas de Kazajistan.
Yo diría que más que una historia de amor...
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