Quizás el público sienta más la pérdida de actores y actives o incluso directores, dado que quizás sean los profesionales del medio cinematográfico que más visibilidad tienen. Pero el cine español ha quedado huérfano hoy de una de sus figuras más importantes y trascendentales, el productor Elías Querejeta. Uno de esos pocos cineastas -porque identificarle sólo como productor no hace justicia a su gran labor- que supieron identificarse como autores, aunque escasamente hubiera cogido él mismo la cámara. Por mucho que los más de cincuenta títulos que forman su valioso legado cinematográfico estuvieran dirigidos por cineastas tan diferentes como Carlos Saura, Victor erice, Montxo Armendáriz, Fernando León de Aranoa, Manuel Gutiérrez Aragón, Emilio Martínez Lázaro o Gracia Querejeta, podemos identificar en todos ellos las señas de identidad de un productor perfectamente identificado con la teoría de autor.

Fallece Elías Querejeta

Mi forma de trabajar es implicarme desde el principio en el proyecto de la película. Del guión al montaje. No sé si es bueno o malo, pero es mi forma de hacer. Por eso yo veo el resultado final antes de los estrenos, porque he vivido todo el proceso con intensidad desde el inicio. Yo trabajo sobre ideas que van surgiendo de conversaciones, de pequeños textos, nunca con un guión que ya me venga dado. Eso me permite más implicación.

Vasco de nacimiento, madrileño de adopción, primero fue el fútbol, después llegó el cine. Antes de decidirse por la producción dirigió dos cortometrajes documentales, vinculado el primero a su tierra, A través de San sebastián, el segundo a su primera vocación, A través del fútbol. En colaboración con Antonio Eceiza y Juan Antonio Bardem gestaría la adaptación de una novela de Eduardo Borrás que se materializaría en Los inocentes. Su siguiente paso le llevaría a producir La caza, con la que se colocaría por derecho propio, dentro de los grandes renovadores del cine español en lo que se daría en llamar el Nuevo cine Español. No voy a desmerecer a ninguno de los que han sido reconocidos con un Goya de Honor, pero que la Academia del cine Español no se haya acordado nunca de un profesional tan incuestionable como este dice mucho de los valores de un grupo de profesionales que están más pendientes de la popularidad que de la calidad. Al menos sí le concedían la Medalla de oro en 1998.

Homenaje a Elías Querejeta

No sé lo que es eso, com tampoco sé muy bien lo que le gusta al público. Si sé lo que me gusta a mi.

La filmografía de Elías Querejeta destaca por la difícil combinación de aunar dos conceptos tan opuestos como la denuncia social con una manera poética de mostrar la realidad. Si bien en el período franquista su cine era muy metafórico, todas sus películas hablaban realmente de los diferentes conflictos y aspectos que preocupaban a la sociedad española, bien fuera la de posguerra o la contemporánea. Con la transición española sus películas se despojaban de aquellos tropos que le habían permitido librarse de la censura franquista, la nueva realidad de su cine consiguió evolucionar ha un realismo casi documental, pero que nunca perdería su cualidad poética. Paradójicamente, José María García-Escudero, director de la Dirección General de Cinematografía y Teatro durante los años setenta, había fomentado su filmografía debido a que mostraba una imagen más moderna y atractiva de España, a pesar de que en la mayoría de las veces fuera en contra del propio gobierno. Lo cierto es que hablamos de uno de los períodos más interesantes del cine español, que cosechaba premios en festivales internacionales como Berlín, Cannes y San Sebastián.

Unos inicios prometedores

Junto al considerado padre del cine vasco, Antxon Eceiza, hacía Querejeta sus primeros trabajos como cineasta, aquellos cortometrajes que dedicaba a su tierra y su primera vocación, después de haber incluso fundado juntos un cine-fórum en San Sebastián. Su colaboración profesional daría como fruto cuatro largometrajes dirigidos por Eceiza, que cimentarían las bases de lo que posteriormente se denominaría Nuevo Cine Español. Una colaboración que no prosperaría debido a la necesidad del director de El próximo otoño, De cuerpo presente o El último encuentro de exiliarse en Centroamérica por motivos políticos. Quizás la obra más destacada de su colaboración fuera Las secretas intenciones, un drama protagonizado por Jean-Louis Trintignant, que interpreta a un arquitecto casado con Blanca, que ha intentado suicidarse. A pesar de tener dos hijos, las vidas de ambos están invadidas por la soledad, el aburrimiento y la obsesión por la muerte.

Un matrimonio profesional excepcional

No sólo produciría par Carlos Saura una película tan imprescindible en el panorama cinematográfico español de finales de los años sesenta como La caza, Oso de Plata en Berlín a la mejor dirección --que volvería a obtener con Peppermint Frappé un año después--, sino que las trece películas que hicieron juntos constituyen el período más fructífero e interesante del cineasta aragonés. Es la colaboración que hizo de la metonimia y la metáfora su seña de identidad contra el gobierno franquista y en la que comprobaríamos como evoluciona ese cine simbólico a un realismo nada convencional. Es posible que La madriguera, La prima Angélica o Elisa, vida mía sean grandes obras, pero si tuviera que elegir me quedaría con dos películas tan emotivas como Ana y los lobos y Cría cuervos. Quizás también porque fueron las primeras películas que vi de Carlos Saura, siendo todavía adolescente, y me impresionaron gratamente.

Dirigida en 1972 y protagonizada por Geraldine Chaplin, musa y pareja sentimental del director, Ana y los lobos era una críptica película, terrible y desoladora, que se centraba en torno a una familia aristocrática que aglutinaba todas las taras y defectos del franquismo de posguerra: una madre siempre nostálgica de tiempos pasados, tres hijos obsesionados cada uno por los tres aspectos más identificados con el franquismo, lo militar, la iglesia y el erotismo, y una tercera generación con absoluta ausencia de valores, entre los que trata de integrarse Ana, una joven institutriz británica. Incluida en la sección oficial de festival de Cannes, le reportaría los premios del Círculo de Guionistas de España para Fernando Fernán Gómez y Rafaela Aparicio por sus interpretaciones, repitiendo esta en la interesante secuela de la película, Mama cumple cien años, que obtendría una nominación al Oscar a la mejor película extranjera.

Tres años después y avalada por el premio del jurado en Cannes, se estrenabaCría cuervos, enmarcada ya en un tono mucho más realista pero que no perdía su condición poética y metafórica al estar convencida su protagonista, una jovencísima Ana Torrent, que tenía el poder de conceder la vida y la muerte, así como invocar la presencia de su madre ya muerta, interpretada de nuevo por Geraldine Chaplin. Una película dura y conmovedora, pero que despierta en el espectador la misma fascinación que Ana. Imposible desligarla de la memoria emocional de algunos a la inolvidable canción compuesta por José Luis Perales, interpretaba por Jeanette en la película.

Los olvidados

Entre las filmografías del cine español que sería obligatorio revisar y reivindicar se encuentra la del director vallisoletano Francisco Regueiro. Dos son las obras que le produjo Querejeta: Si volvemos a vernos y carta de amor de un asesino. Dos inquietantes obras en las que sus personajes viven atemorizados por lo que les pueda deparar el futuro, en el caso de Si volvemos a vernos, o por un pasado incierto, en el de Carta de amor de un asesino.

Las obras maestras

Las primeras colaboraciones entre Victor Erice y Elías Querejeta se produce siendo Erice el guionista de El próximo otoño y después como guionista y director de uno de los tres episodios que conforman Los desafíos. La gloria estaba por llegar, consiguiendo la Concha de Plata en San Sebastián con una de las obras maestras del cine español: El espíritu de la colmena. Protagonizada pro Ana Torrent, en su primera aparición cinematográfica, Fernando Fernán Gomez, Teresa Gimpera y una entrañable Laly Soldevilla, la película es tanto un reflejo desolador de la España de posguerra, como un fascinante y poética manera de mostrar la pérdida de la inocencia, a la vez que se erige en un extraordinario homenaje al propio cine y su capacidad de evocar mundos y realidades inexistentes, sueños y monstruos, que se beneficiaba con la fascinante fotografía de Luis Cuadrado.

Una década después, director y productor volvían a colaborar en otra obra imprescindible como El sur. Incluida en la sección oficial de Cannes, conseguiría premio en el Festival de Cine Internacional de Chicago y el de Sao Paulo, recogiendo también varios premios en España. Primera aparición cinematográfica de Iciar Bollaín, la nostalgia y la muerte invaden una película que vuelve a contar con una fotografía excepcional, en este caso por cuenta de José Luis Alcaine.

La España profunda

Una única película surgió de la colaboración profesional entre Ricardo Franco y Elías Querejeta, por la que José Luis Gómez se alzaría con el premio en Cannes al mejor actor, en la adaptación de una de las más populares novelas de Camilo José Cela. Una obra dura y áspera que muestra que la opresión del pueblo conduce a situaciones desesperadas que nos abocan a la muerte. Una manera diferente de entender la historia española desde los inicios del siglo XX.

Iniciando la transición

El otro día hablaba de una película como El desencanto, a propósito de las películas de culto españolas. Primera colaboración profesional entre Jaime Chávarri y Querejeta que se prolongaría también a títulos como A un dios desconocido y Dedicatoria. Muerto ya el caudillo era hora de echar la vista a tras y dejar constancia de los monstruos que había creado incluso en las líneas de sus propios seguidores.

La renovación de los ochenta

Después de colaboraciones puntuales como Emilio Martínez Lázaro, a través de Las palabras de Max, que sería premiada en Berlín, y Manuel Gutiérrez Aragón, con una película tan peculiar como Feroz, Elías Querejeta iniciaba de la mano de Montxo Armendáriz la que sería su colaboración profesional más importante de los ochenta. Si bien se iniciaba con una obra tan personal como Tasio y se prolongaría después con Las cartas de Alou -Concha de Oro en San Sebastián-, e Historias del Kronen, adaptación de la popular novela de José Ángel Mañas, sería quizás 27 horas su mejor película. Con un guión escrito en colaboración por director y productor, se trata de una mirada contemporánea y realista sobre la delincuencia juvenil, el paro y las drogas en San Sebastián, con la que Montxo Armendáriz se haría con la Concha de Plata a la mejor dirección.

Apostando por las nuevas generaciones

En los años noventa surgiría una mirada con la que Elías Querejeta no sólo se identificaría, sino a través de la que volvería, de alguna manera, a aquel universo metafórico que creara junto a Carlos Saura, salvo que sin metáforas. Se trata de Fernando León de Aranoa, que en una película tan fascinante como Familia, parecía contar mucho más de lo que se mostraba en la película. Y si podemos considerar Barrio como una puesta al día de Deprisa, deprisa, la plenitud del cineasta madrileño llegaría de la mano de Los lunes al sol, que también se alzaría con la Concha de Oro a la mejor película en San Sebastián, así como lograría 5 premios Goya, el premio Ariel a la mejor película iberoamericana y una nominación a los premiso Oscar. Protagonizada pro Javier barden y Luis Tosar, no creo que necesite mayor presentación.

Estirpe de cineastas

Puede que algunos consideren que ser hija de un productor como Elías Querejeta puede abrirte las puertas al cine. Pero lo cierto es que, si su padre le producía sus primeras películas, Gracia Querejeta demostraba que el cine corría por sus venas a través de títulos como Una estación de paso, El último viaje de Robert Rylands, Cuando vuelvas a milado y Siete mesas de billar francés. Abonada, como su padre, al festival de San Sebastián, Gracia Querejeta garantiza la prolongación de una formidable estirpe del cine español.

Ua excentricidad llena de encanto

Entre algunas de las coproducciones en las que se involucró a lo largo de su trayectoria, destaca La cité des enfants perdus, una entrañable fábula, última de la colaboración entre Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet. Si a primera vista cuesta encontrar una vinculación entre el universo de estos dos artistas franceses y el cine español, lo cierto es que tanto esta como la precedente Delicatessen, servirían de inspiración a algún que otro cineasta español, com Javier Fesser, que tomaría prestado a Dominique Pinon para La gran aventura de Mortadelo y Filemón.

De vueltas con el documental

Si el documental había formado parte de los inciso de su trayectoria, volvería a centrarse en este formato en sus últimas producciones, para demostrar además que lo suyo con el franquismo no era sólo cuestión de ideología, sino también de justicia, como demuestra en los tres documentales que produjo para Javier Corcuera. Premio de la crítica en San Sebastián, quizás el más emotivo sea La espalda del mundo, en cuyo guión también colaboró Fernando León de Aranoa. Condenados en el corredor o Iniverno en Bagdad serían otros de los trabajos que harían juntos.

En esta misma etapa también colabora también con Eterio Ortega, para quien produce el documental Asesinato en febrero, donde indaga en la sinrazón del terrorismo de ETA, y Noticias de una guerra, donde explora los incidentes que llevaron a la sociedad española a la Guerra Civil. En esta vuelta a sus orígenes, el propio Querejeta firmaba un documental Cerca de tus ojos, que volvía a denunciar el incumplimiento de los Derechos Humanos por la sociedad contemporánea y que sería presentado en la Seminci de Valladolid, don de un año antes había recibido la Espiga de oro por su dilatada carrera que ocupa ya un lar de honor dentro de la historia del cine español.