Estrenada en España con el título de La parada de los monstruos, aunque popularizada siempre con su título original, Freaks constituye una de las obras cinematográficas más impactantes de todos los tiempos. Estrenada en 1932, su propio director se encargaba de recalcar que su película no era un documental, sino una película de Hollywood. Y no se crean que era una producción de Universal Pictures, más acostumbrada a retratar este tipo de personajes, sino de una película de serie B de una gran superproductora como Metro-Goldwyn-Meyer. Su argumento se nos antoja tan sencillo como improbable al girar en torno a un enano, Hans, una trapecista, Cleopatra, y su amante, el forzudo Hércules. A pesar de haber heredado una inmensa fortuna, Hans sigue trabaja en un circo junto a su prometida, Frieda. Impresionado por la belleza de Cleopatra, es incapaz de prever que las atenciones de la trapecista no son más que una argucia para seducirle y quedarse con su dinero.

Curiosidades sobre Freaks: cartel

Tres amigos que trabajan juntos

Si la trayectoria como cineasta de Tod Browning comienza en el apogeo del cine mudo, no cabe duda de que supo adaptarse a las exigencias y necesidades del cine sonoro. Quizás haya títulos más destacables en su filmografía como La casa del horror (London After Midnight, 1927), Garras humanas (The Unknown, 1927), The Thirteen Chair (1929) Dracula (1931) o la entrañable Muñecos infernales (The Devil-Doll, 1936) pero, si tan sólo podemos considerar realmente un clásico la que protagonizara Bela Lugosi como el conde Drácula, ninguna de ellas ha alcanzado el nivel de culto de La parada de los monstruos.

Tan insólita como delirante, Freaks es la adaptación de un relato de Tod Robbins, Espuelas (Spurs), publicado originalmente en 1923 por la revista Munsey’s Magazine, que res años después sería incluido en la antología Who Wants a Green Bottle? and Other Uneasy Tales. La idea de hacer la película fue sugerida a Tod Borwning por su amigo Harry Earles, que él mismo padecía de enanismo aunque, según otras fuentes, habría sido el director artístico Cedric Gibbons, amigo de la infancia del escritor, quien le habría hecho llegar la historia. Lo más probable es que las dos versiones sean ciertas, al fin y al cabo Earles acabaría protagonizando la película, de la misma manera que Gibbons sería su director artístico.

Un género incierto

Dado que la mayoría de los títulos que dirigió Browning pueden enmarcarse dentro del género de terror, así se suele aludir tradicionalmente a esta película que, si nos ceñimos a su conflicto principal, bien podríamos decir que se trata de un trágico drama romántico, con la peculiaridad de que el clímax de la secuencia final resulta horrible y terrorífico por la intensidad de la situación y su consecuencia. No era esta la primera vez que Browning fijaba su atención en personajes de esta índole, sino que el propio Harry Earles ya había participado en el rodaje de El trío fantástico (The Unholy Three, 1925), remake sonoro de la película homónima que el propio Browning había dirigido en 1916, y que ya estaba basada en un relato previo del propio Tod Robbins. Dos años después incluiría un trío amoroso entre personas de idénticas características en The Unknown. Y bien podríamos aludir al excéntrico personaje que aparece en Dracula, Renfield, como un otro auténtico freak.

Entre la discriminación y la empatía

Cursiosidades sobre Freaks

A pesar del éxito que había obtenido con Dracula, Browning tendría que hacer frente a muchos problemas e inconvenientes para poder completar esta película. El reparto inicial formado por Victor McLaglen, Myrna Loy y Jean Harlow, declinaría finalmente aparecer en una película con tamaña colección de “fenómenos de feria”. El ilustre escritor F. Scott Fitzgerald, que por ya había publicado The great Gatsby y estaba en quella época en nómina como guionista de MGM, se negaría a comer delante de tan encantadoras e inofensivas (siempre que no hayas visto la película) criaturas. A esta protesta se unirían otros ejecutivos de la compañía hasta conseguir que, salvo la pareja de enanos y las hermanas siamesas, todos los demás deformes, tullidos y minusválidos del rodaje de Freaks comieran lejos de su vista y fuera del comedor. Por otro lado, para Olga Baclanova, que asumió en el papel de la cruel trapecista, ya supuso un enorme esfuerzo conocer a sus compañeros de reparto, así como completar el rodaje de la película, pero por el efecto contrario: la empatía que le despertaban.

Un apoyo inesperado (aunque limitado)

El productor Irving Thalberg -odiado por un servidor por haber sido el principal responsable del ostracismo de Hollywood hacia un cineasta de la talla y magnitud de Erich Von Stroheim-, sí se mantuvo al lado de director, defendiendo su calidad como cineasta ante las críticas por hacer una película com esta. Hasta que las primeras proyecciones causaron auténticos estragos a causa de la reacción de un público abrumado por tan impactante dosis de realidad y asqueado con algunas secuencias, lo que llevó a efectuar él mismo un nuevo montaje de la película. Irónicamente, la versión sin cortes se convertiría en un fugaz y fulgurante éxito, sólo visto por los pocos que pudieron acercarse al cine de San Diego en el que se proyectaba. Entre las secuencias eliminadas figura la castración de Hércules, que tuvo una respuesta demasiado intensa y negativa. También se añadió una secuencia a modo de epílogo, con la intención de proporcionar un final más feliz. Afortunadamente para un servidor, permanecieron otros momentos más insólitos, como esa secuencia en la que ese ser sin brazos ni piernas es capaz de encenderse un cigarrillo o cuando se arrastra por debajo de un carromato en medio de una tormenta nocturna con un cuchillo entre los dientes.

Curiosidades sobre Freaks Olga Baclanova y Harry Earles

La verdad desnuda

Salvo por una sola secuencia de la película, no hay efectos de maquillaje en La parada de los monstruos. Todo lo que en ella se ve es real y auténtico. Algo que no se pudo digerir en la época, todavía asolada por los estragos de la Gran Depresión. Como consecuencia, Freaks acabó siendo prohibida en los Estados Unidos de América, así como en el Reino Unido, que sólo la estrenaba en las salas de cine en 1963. Un pase especial realizado en el festival de Venecia facilitaría el (re)descubrimiento de una película peculiar, insólita y original como muy pocas. Y eso a pesar de que, en realidad, se trata de un relato sencillo que sirve como escaparate de unos personajes que, si bien están apartados de la sociedad por su aspecto físico, albergan las mismas emociones y sentimientos que los demás.

Curiosidades sobre Freaks Olga Baclanova y Tod Browning

Un término con vida propia

Si el término que da título a la película funciona como énfasis para referirse a todos los personajes que tienen alguna enfermedad congénita, son minusválidos o padecen alguna peculiaridad física o psíquica, el terminó acabó evolucionando en inglés para designar a cualquier persona rara, extraña o marginal. Absorbido posteriormente por la lengua española, en un principio para designar a personas o comportamientos que se salían de lo normal, con el paso del tiempo (y la ayuda de comunicadores que no saben hablar ni inglés ni español, como Isabel Gemio) fue derivando hasta ser castellanizado como friqui para aludir a personas con un determinado interés obsesivo y desmesurado por un tema o afición, hasta el punto de convertirlo en una forma de vida. Con el tiempo, llegaría a mezclarse el significado original inglés con la interpretación española para transformase en un adjetivo para designar a cualquier persona que se sale de la norma, pero no como adjetivo positivo, sino negativo.

Una premonición morbosa

La parada de los monstruos

En lo que respecta a los recursos narrativos de la película, podríamos discutir el uso que se hace de la premonición. Una forma de flashforward en la que se produce un amplio salto en el tiempo hacia adelante, para retroceder al principio de la narración y terminar al final en ese mismo punto. De esta manera se mantiene un interés morboso por saber cuáles son las acciones que llevarán a la trapecista a merecer tan cruel castigo. Ahora mismo no sabemos si sería elección de Thalberg o de Browning evitar mostrar la agresión a través de una elipsis, pero creo se puede justificar tanto por la cruel violencia del acto, como por lo inapropiado de mostrar a unos seres que poco a poco han ido despertado la empatía del espectador, además de la falta de justificación de algunas de las secuelas físicas que muestra la trapecista en esa imagen final.

En el epílogo añadido, Frieda (Daisy Earles), se apresura a señalar la distancia moral que comparten ella y su anteriormente prometido, que no participaron del escarnio e intentaron impedirlo, señalando que incluso entre freaks hay diferencias morales. Podríamos considerar que para estar prometidos, Hnas y Frieda tienen muy poca credibilidad como pareja romántica, algo que se explica cuando descubrimos que eran hermanos en la vida real.

Legado en la música

En 1986 Alaska y Dinarama publicaban el que, según las cifras de venta, sería su álbum de mayor éxito comercial: No es pecado. En él se incluía el tema A quien le importa, que si bien acabaría reivindicado como himno gay, parte de su fuente de inspiración podría encontrarse en Freaks, tal y como atestigua una imagen de la película asociada a la letra de la canción que aparecía en la carpeta interior del álbum editado en vinilo. Pero no sólo Alaska y Dinarama han reivindicado la película con su canción, sino que lo han hecho también otras bandas españolas como Los carniceros del Norte y Antonio Villa-Toro que aludían a la película en sus temas El circo de los monstruos y The Monster's Show Big Parade, así como el inefable Enrique Bunbury lo hacía en su gira de 2005, Freak Show. En el panorama internacional podemos encontrar homenajes en el tema Pinhead de Ramones o en Separated Out, un tema de Marillion que llegaba a incluir fragmentos de audio de la banda sonora de la película.

Homenajes en el cine

David Lynch sería uno de los primeros que homenajearían visiblemente la película de Browning en The elephpant man (1980). The dreamers (2003, Bernardo Bertolucci), Palindromes (2004, Todd Solondz) o la propia Blancanieves (2012) de Pablo Berger, son algunas de las piezas cinematográficas que rinden tributo a La parada de los monstruos. También lo haría la serie de animación The Simpsons, en los episodios What Maggie’s thinking y There’s No disfrace as homo, así como en The X-Files, en el episodio Humburg, que dirigido por Kim Manners, constituía a su vez un homenaje a David Lynch al utilizar varios actores habituales de sus películas, como Michael J. Anderson, el enano que bailaba en la habitación roja de Twin Peaks. La más reciente de las alusiones se producía en otra serie de televisión, Bones, en la que uno de sus episodios se desarrollaba en un circo con idéntica colección de personajes que retomaban el axioma de Freaks, en el que sólo pueden confiar en alguien que sea como ellos.