Completamos la lista de títulos que, por uno u otro motivo, han pasado a formar parte de la peculiar lista de cine de culto español de la que ya comentamos los primeros 12.

Cine de culto español

Viva la clase media

Aunque el cine dirigido por José Luis Garci se haya dirigido, película a película, al ejemplo más efectivo de cine plomizo, convirtiéndose su director en uno de los cineastas españoles más odiados, es justo recordar que en sus inicios fue un director considerablemente interesante, testigo perfecto de la sociedad española durante la transición democrática. Crítico de cine antes de convertirse en cineasta y después de trabajar en un banco durante una década, sus primeros logros se produjeron a través de colaboraciones con Antonio Mercero y José María González Sinde. Para el primero escribiría el guión de una pequeña obra, mítica del cine español: La cabina, que obtendría un premio Emmy.

Tras un período colaborando con José Luis Dibildos en lo que se daría en llamar el cine de la "tercera vía", por los que discurrirían también sus primeras obras como director, Asignatura pendiente (1977), Solos en la madrugada (1978) y Las verdes praderas (1979). Antes de involucrase en lo que sería una nueva etapa en su cinematografía, con El crack (1981), firmaba el guión de la que sería ópera prima de José María González Sinde -padre de la inefable Ángeles González Sinde-, que le había producido sus tres primeras películas. De esta manera se intercambiaban los roles para contar una historia real sobre un círculo de personas afiliadas al partido comunista que habían estado involucradas en actividades clandestinas durante los años 60. Una película que combinaba el típico costumbrismo español con la denuncia social y la política que hicieron de ella una curiosa película de culto en la que además, el propio Garci, interpreta uno de los personajes. Sin desperdicio, ¿verdad?

Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón

Mientras José Luis Garci representaba la que con el tiempo se convertiría en la expresión más rancia del cine español de la democracia, un joven Pedro Almodóvar comenzaba a escandalizar con su primera película, que causaría tanto escándalo como fervor. Abanderada bajo al etiqueta de "la movida madrileña", comenzaban a surgir nuevos artistas de todo tipo que coincidían en una película que si por una lado era deudora estética del cine trash de John Waters, no habría sido realmente posible sin la gran influencia de un título mucho más reciente como Arrebato, de quien tomaba prestados espíritu y étnicos y cuyo reparto se iría integrando progresivamente a diferentes películas del cineasta manchego.

El pico

Denostado por muchos, dentro del panorama cinematográfico español de los años ochenta, hubo una voz que amparándose en un realismo antiestético, ofrecía una mirada crítica de España en la que, además, se reflejaba tanto la España franquista que todavía daba sus coletazos (los sigue dando hoy en día), como las nuevas generaciones que, en muchos casos, querían vivir tan deprisa que acababan precipitándose por el abismo. Era lo que les sucedía a los protagonistas de esta peculiar película de Eloy de la Iglesia estrenada en 1983, que reflejaba con la misma veracidad que dureza, la progresiva inmersión de dos jóvenes en la espiral de la heroína. Una cara completamente opuesta y completamente desnitrificada que la que Iván Zulueta había mostrado en su hipnótica obra. Las críticas no hicieron mella en este otro cineasta, que también era vasco, y que incluso llegó a rodar una secuela, y otros títulos de índole similar. Hoy en día su filmografía está bastante mejor considerada que en su tiempo, siendo quizás, El pico, la que mejor representa su mirada indiscreta y exenta de prejuicios.

Tras el cristal

Antes de ser merecidamente reconocido por Pa negre, Agustí Villaronga era considerado un auténtico cineasta maldito dentro del panorama cinematográfico español. Sus películas siempre han generado una gran expectación, pero sólo en círculos minoritarios. Aunque el niño de la luna pueda tener muchos ingredientes para convertirse en una película de culto, lo cierto que es mucho más venerada la que fuera su ópera prima, Tras el cristal. Una película turbadora e inquietante que contaría en su reparto con personalidades siempre veneradas como las de Marisa Paredes o Günter Meisner. Su argumento es demasiado retorcido como para comentarlo y, es posible que el conjunto de la película no sea del todo perfecto, pero la increíble capacidad de Agutí Villaronga para crear momentos de auténtica angustia y fascinación justifican una película insólita en una filmografía única.

Amanece que no es poco

Después de rodar la que quizás siga siendo su mejor pel´cilla, El bosque animado, José Luis Cuerda se salía por la tangente con una película excéntrica y asombrosamente extravagante. El cineasta manchego estrenaba en 1988 una película que se convertiría por derecho propio en todo un fenómeno dentro del cine español, que generaría una legión de seguidores con un humor absurdo, que no surrealista, en el que tenían sitio todos y cada uno de los más peculiares actores y actrices del momento. Una parodia de tintes metafóricos que no sería merecedora de ninguno de los tres premios Goya a los que optaba, pero que, sin duda, el público ha sabido premiar.

Yo soy esa

Desconozco los motivos por los que, con la llegada de los años noventa, algunos cineastas españoles se empeñaron en recuperar el cine folklórico. Quizás habían confundido el uso (renovado o nostálgico) que de los iconos tradicionales hacía Pedro Almodóvar en sus películas, o no habían entendido que el éxito de Las cosas del querer, la fabulosa película de Jaime Chávarri sobre el malogrado Miguel Molina, era en realidad muy crítica con el largo período franquista. Fuera como fuere, aparte de pasar a la historia como la primera película como actriz de en la tonadillera Isabel Pantoja, primera (y única) viuda de España con el tiempo convertida también en lianta de lesbianas, madre de Dj y lagarta de pacotilla con aspiraciones de alcaldesa que devino delincuente.

No. No es Yo soy esa una película de culto, o no de la manera que se entiende habitualmente. Pero lo cierto es que, para algunos, constituye una obra tan demencial que casi se puede considerar de ciencia-ficción, con momentos francamente delirantes como cuando una personaje dice "qué guapa es", refiriéndose a una señora que podría perfectamente ser descendiente directa de la mona Chita, ese beso con José Coronado, que queda para los anales de la expectación maruja (en su momento tuve el placer de ver la película en una sesión de tarde con el cine repleto de marrajas con el pelo cardado que se escandalizaron en ese momento particular), o la patética decadencia del personaje masculino, que, en la vida real, casi podemos decir que ha sido la de la propia Pantoja. En un intento de lanzar un guiño al publico almodovariano, Luis Sanz incluía a Loles León en el reparto, que convivía con Magüi Mira, una de las grandes actrices del teatro español. Sin duda, un despropósito que hoy en día sólo se puede afrontar como una auténtica excentricidad.

La madre muerta

Un mes exacto estuvo en cartel, en 1993, la que era segunda película de Juanma Bajo Ulloa. Elogiada por la crítica internacional, algunos críticos españoles pagaron los desaires de un auténtico enfant terrible del cine español que había triunfado en San Sebastián con Alas de mariposa, con la que había conseguido también los Goyas correspondientes a mejor guión y dirección novel, y que encandilaría después al público con una película como Airbag, divertida como pocas, pero completamente intrascendente. Al contrario, La madre muerta era una película tan oscura como tierna, con unos personajes que se dejaban llevar en todo momento por sus emociones, enganchando al espectador con una trama rebuscada y un tanto delirante, si nos paramos a pensarlo, pero que el cineasta vasco sabía manejar a la perfección. Tardó en publicarse en medios domésticos, como otras piezas de su filmografía, e incluso a él mis le costaría siempre iniciar nuevos proyectos. Su último largometraje, Frágil, data de hace casi una década y, por el momento, no parece que vaya a involucrarse en nuevos proyectos, pero siempre es un auténtico placer volver a ver la que para mi es una de las grandes películas del cine español.

La lengua asesina | Killer barbies

El fecundo Jess franco vivió un curioso renacer en los años noventa gracias al apoyo de incondicionales como Santiago Segura. Al rebufo de éxitos como Acción mutante (1993), ópera prima de Álex de la Iglesia y primera película producida por El Deseo, vería como su fórmula era rescatada en dos títulos que si bien gozaron de cierta repercusión en su día, hoy en día son carne de fans incondicionales. Estrenadas ambas en 1996, la primera estaba dirigida por Alberto Sciamma, que teniendo como mayor reclamo los temas de Fangoira que se escuchaban en su banda sonora y las presencias míticas de Robert englund y un jovencísimo Jonathan Rhys Meyers, también se aprovechaba del éxito de una película como The adventures of Priscilla, queen of the desert, para crear un bodrio de terror en clave drag-queen. En una onda mucho más canalla, Jess Franco elaboraba la trama de su película en torno a Silvia Superstar, líder de la banda Killer barbies, que daba hombre a una película que tenía presencias míticas como la del propio Santiago Segura o Aldo Sambrell, típico actor ligado a los spaghetti westerns de Sergio Leone. Ninguna de las dos se puede tomar en serie, pero cualquiera de ellas puede resultar bastante divertida. A su manera.

Tren de sombras

Podemos decir que, salvo En construcción, que recibió el reconocimiento del público, la crítica y hasta de la Academia de Cine, todas las obras de José Luis Guerín son películas de culto. Desde la maravillosa Innisfree, que recupera los espacios en los que se rodara una d ellas películas más interesantes de John Ford, The quiet man, hasta la incomprendida En la ciudad de Silvia. Cierto que se trata de un cine difícil por el público, pero que entre unos pocos despierta un poder de seducción fuera de cualquier tipo de explicación. Al menos eso es lo que debió pensar la pava que presentó Tren de sombras en el ICA (Institute of Contemporary Arts) de Londres, lugar en el que tuve la fortuna de verla porprimera vez. Tras una introducción estándar, la presentadora puso un breve comentario de su cosecha en el que afirmaba que no entendía porque iban a proyectar la película. Lo que desde luego incentivo con creces mi interés. Y yo entiendo que la joven no entendiera una película sin personajes ni trama aparente, pero que constituye un homenaje a la esencia del cine. No me refiero a contar historias, sino a capturar imágenes y, en ellas, tratar de encerrar también la esencia de las personas, de los espacios, del tiempo retratado. Premiada en Sitges, la película, com su cineasta, queda como una de las muestras más peculiares de película y cineasta de culto.

Nómadas

Encuentro realmente lamentable que los medios se dediquen siempre a promocionar a cineastas consagrados que ya no necesitan apoyo de ningún tipo. Me refiero a directores como Alejandro Amenábar, Álex de la Iglesia, Pedro Almodóvar o incluso Rodrigo Cortés, que ante cualquier llamada del cine estadounidense ya les podemos ver en los noticiarios comentando sus logros. No discuto que todos ellos tienen bien merecida su oportunidad al otro lado del charco, pero qué me cuentas de esos otros cineastas que siendo españoles están relegados al anonimato por no haber destacado antes en neutro país. Me refiero a casos como los de Jaume Collet-Serra, que ha labrado toda su trayectoria en Hollywood, Luiso Berdejo, que debutaba en la dirección con una película tan interesante com The new daughter, o Gonzalo López-Gallego, que sustituía con éxito al director de Apollo 18, película de la que ni se ha escuchado hablar en España. Antes de llegar a este punto, si bien triunfaba, relativamente, con una película como El rey de la montaña, podemos considerar Nómadas, su ópera prima, como una película de culto.

Los cronocrímenes

Otro ejemplo de cineasta casi mejor valorado fuera de nuestras fronteras que aquí mismo es Nacho Vigalondo, cineasta cántabro que estuviera nominado por un premio Goya al mejor cortometraje por 7:35 de la mañana. A pesar de que después estuviera nominado al prmeio Goya a la mejor dirección novel por su primer largometraje, Los cronocrímenes, la Academia española le dio la espalda, como también lo hizo gran parte de la crítica, que no entendió una película que resultó deliciosa para el público. Cineasta también de culto, no sólo por sus obras, sino también por su actitud y su libertad para expresarse a través de las redes sociales, Hollywood encontró en su película motivos suficientes para hacer una versión estadounidense, que no impide que se siga considerando su película como una película de culto… a nivel internacional. Sus vínculos con La madre muerta, me parecen obvios.

Diamond Flash

Tan incomprendida por unos como alabada por otros -entre los que me encuentro- la ópera prima de Carlos Vermut. Protagonizada por un reparto semiprofesional, estamos ante una obra tremendamente original que utiliza una narrativa auténtica y personal que mezcla diferentes géneros para erigirse como una obra total y absolutamente inclasificable. Parte de su grandeza reside en algunas de sus imperfecciones, que justifican tanto su carácter experimental, como su capacidad de impacto emocional. Sin duda, la muestra de cine de culto más destacable del panorama cinematográfico contemporáneo.