A la hora de tratar de agrupar las películas de culto españolas me encuentro con un seria disyuntiva: es difícil separar lo que consideraríamos una película maldita de una verdadera película de culto. Por eso quisiera comenzar estableciendo los motivos por los que destaco unos títulos por encima de otros. Más que por los seguidores que pueda tener una película concreta, como Tesis o El día de la bestia, por ejemplo, he prestado mayor atención a aquellos títulos que en su día no fueron acogidos con mucho entusiasmo, pero que el tiempo se ha encargado de poner en su sitio, tanto por su calidad artístico como por muchas otras razones a tener en cuenta. Asimismo, una vez me he puesto a revisar la cinematografía española más peculiar, me he encontrado con muchos más títulos de culto de los que pensaba que si bien seguro que permanecen desconocidos para la gran mayoría, generan un gran culto entre colectivos minoritarios, por lo que he decidido dividir este recorrido por las películas de culto españolas en dos entradas de una docena de títulos cada una.

Películas de culto españolas

Diferente

Más que diferente, rara y absolutamente peculiar podemos denominar esta hilarante película que Luis María Delgado dirigía en 1961. A simple vista un drama ¿romántico? musical, realizado como si fuera un telefilme, a juzgar por los decorados utilizados, sus títulos de crédito y que Luis María Delgado figure como director y realizador. Protagonizada por el bailarín argentino Alfredo Alaria, los artífices de la película aprovecharon el tono surrealista de la película para engañar a la censura con una película que ya en su título evidencia sus intenciones porque diferente constituye uno de los primeros ejemplos de cine homosexual en España. Uno de los primeros, pero no el primero, como en muchos sitios se afirma. Una película afectada, amanerada y desbordante de pluma y encanto camp que no aporta demasiado cinematográficamente hablando, pero cuyo descaro resulta embiragadoramente encantadora. ¿Y quien se resiste a la primera aparición cinematográfica de Quique San Francisco siendo todavía adolescente?

El extraño viaje

Muchos son los ingredientes que hacen de esta peculiar película un título de culto. Fernando Fernán Gómez dirigía en 1964 una película que integraba dos de las señas de identidad del cine español: el costumbrismo y el esperpento. Tomando como punto de partida un hecho real conocido popularmente como 'el crimen de Mazarrón', Luis García Berlanga establecía un primer argumento que sería convertido en guión por Pedro Beltrán. En ella puedes disfrutar de una inmensa Rafaela Aparicio en una de sus interpretaciones más hilarantes, de un encantadoramente patético Jess Franco -tal y como requería su personaje-, o de un travestido Carlos Larrañaga en un reparto que se completa con Tota Alba, Lina canaletas, María Luisa Ponte y Teresa Gimpera. Producida con un presupuesto muy ajustado, la película sería censurada en su momento, permaneciendo olvidada durante seis años hasta que fue rescatada obteniendo en 1970 el premio del Círculo de Escritores Cinematográficos a la mejor película.

Vampir-Cuadecuc

Cuando una película aúna en su seno la excentricidad con la cualidad de ser inclasificable tiene todas las papeletas para convertirse en película de culto. Es el caso de este documental dirigido en 1970 por Pere Portabella, en el que da cuenta del rodaje de El conde Drácula, un película dirigida por una auténtica leyenda del cine español como Jess Franco y que ¿podría constituir el primer making of de la historia?

La noche de Walpurgis

A veces el origen del culto radica en el origen mismo de la incoación porque Jacinto Molina, mucho más conocido por el seudónimo de Paul Naschy, confesaría haberse inclinado por el medio cinematográfico, abandonando la halterofilia, después de ver una película de serie B como Frankenstein meets de wolf man (1943, Roy William Neill). Desconozco si habría casua/efecto inmediato, pero lo cierto es que a pesar de la baja calidad artística de la mayoría de las películas en las que intervino, llegaría a cosechar una innumerable legión de seguidores. Sobre todo en los países de Europa del este. Quizás un factor que facilitaría la conexión del público con sus películas sería la integración de altos niveles de erotismo femenino con la psicodélica más descarada. Una de las películas más populares sería esta joya que León Klimovsky dirigía en 1971, cuarta de una serie sobre Waldemar Daninsky, encantador generador de testosterona de día y romántico y patético hombre lobo de noche.

Vampyros lesbos

Cineasta de culto en sí mismo, el inefable Jess Franco sería capaz de realizar cine en cualquier tesitura, tanto social como política o económica. Una de sus obras más imperecederas, por excéntrica y psicodélica, sería esta cinta rodada en alemán y protagonizada por Soledad Miranda que estrenaba también en 1971 (año glorioso para el cine de culto en España). El hecho de que en España fuera estrenada con series recortes, provocó que resultara más incomprensible de lo que a priori ya era, por lo que su distribución sería escasa en España. No así en Japón, Reino Unido o los Estados Unidos, donde la encumbrarían al nivel de culto, llegando a encontrarse Quentin Tarantino entre sus confesos seguidores.

Canciones para después de una guerra

Si me preguntan a mi, les diría que casi todas las películas de Basilio Martín Patino constituyen la obra de un autor de culto. La mayoría de ellas tuvieron problemas en sus estreno, desde la que nos ocupa y Queridísimos verdugos (1977) o Caudillo (1977), que se encontraron de bruces con la censura del gobierno franquista, hasta Libre te quiero (2012), que no debe haber sentado nada bien al de Mariano Rajoy. Cineasta inconformista y guerrillero que nunca se casa con nadie, el director salmantino realizó su película de manera clandestina en 1971, aunque no sería estrenada hasta 1976, después de la muerte de Francisco Franco. Se trata de una peculiar obra atonal en la que partiendo de imágenes de archivo, todas ellas aprobadas por la censura, se superponen las canciones populares de la época, confiriendo al resultado un doble significado nada cercano a lo que el gobierno pretendía con aquellas imágenes. Una obra que el tiempo se ha encargado de poner en su lugar, aunque siga siendo relativamente desconocida para el gran publico.

Ceremonia sangrienta

¿Cómo no iba a ser de culto una película en la que Lucia Bosé se sumerge en una bañera repleta de sangre de procedente de jóvenes vírgenes? Sobre todo cuando su antagonista es uno de los integrantes del a mal llamada jet set española de los años ochenta, Espartaco Santoni, torero antes que (mal) actor y padre de celebrities carne de realities televisivos. Tampoco sería el único caso de película de culto dirigida por Jorge Grau, que un año después estrenaría otra imperecedera obra del cine de terror ibérico, No profanar el sueño delos muertos (1974), aquí con acento británico.

El desencanto

En los albores de la democracia española Jaime Chávarri fue el último cineasta en tener que enfrentarse a la censura cinematográfica franquista. No tanto por hacer una entrevista a la familia de Leopoldo Panero, poeta y falangista, miembro de la Generación del 36, que había fallecido en los años sesenta, cuyo legado seguía vivo a través de sus hijos, tan famosos como lo había sido él. Como siempre sucedía, la censura arremetía contra las experiencias sexuales que Leopoldo María Panero relataba había mantenido en la cárcel, sin prestar atención al testimonio de una familia que terminaba por evidenciar la decadencia del régimen y la hipocresía que imperaba en una sociedad que terminaba de sucumbir ante la llegada de la democracia. Una obra fascinante que consigue capturar la atención de todo aquel que se detiene a comprobar que la esquizofrenia formaba parte de la sociedad española, casi como algo natural. Después de prestarse a participar él mismo como actor en una película mítica del cine español como ¡Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), estrenaría una peculiar película musical en los tiempos de posguerra como Las cosas del querer (1989), que también generaría un intensa e interesante ligón de fervientes seguidores.

¿Quién puede matar a un niño? (1976)

Es posible que narciso Ibáñez Serrador sólo haya dirigido un par de películas en su trayectoria, pero su legado permanece inalterable hoy en día. tras una larga trayectoria en la pequeña pantalla, desarrollando una serie también de culto como Historias para no dormir (1965), se estrenaría en la gran pantalla con una película rodada en inglés y con reparto internacional, La residencia (1969), que conseguiría el estatus de cineasta de culto, no ya sólo en España, sino también a nivel internacional. Adaptación de una novela de Juan José Plans, El juego de los niños, y con música del inefable Waldo de los Ríos, la película estaba rodada en inglés y español, en la isla de Almanzora, la película sigue constituyendo uno de las mejores y más efectivas muestras de cine de terror ibérico que continúa adquiriendo adeptos y seguidores. Una pena que en España sea imposible verla en su versión original.

Me siento extraña

Pocas madres creerían que la que fuera musa de la rancheras, Rocía Durcal, aparecía en una película erótica junto a la esposa del domador de leones, Bárbara Rey. Contado así sí podrían creerlo, pero si añadimos el ingrediente lésbico y la desconcertante secuencia erótica entre ambas mujeres, seguro que te tachan por loco. Pero así sucedió en esta películas dirigida en 1977 por Enrique Martí Maqueda en la que se mezcla lesbianismo con malos tratos en una de las obras más impactantes del cine español. Rocío Durcal se arrepentiría de haber participado en la película, constituyendo su última incursión cinematográfica para dedicarse de lleno a la música (¡Bien!), sin embargo, a Bárbara rey se le llena la boca cada vez que habla de ella en televisión. Quien nos hubiera dicho que a si hija Sofía le iba a costar tanto salir del armario cuando su madre ya sabía perfectamente de qué iba el tema. A pesar de que, por su contenido, fue bastante mal recibida en la época, algo que el tiempo subsanaría.

Bilbao

Podemos decir que Bigas Luna era un cineasta caprichoso, pero desde luego, nunca conformista. En 1978, después de realizar una primera película algo más tradicional como Tatuaje, el cineasta catalán se embarcaba en un proyecto con Isabel Pisano, actriz, periodista, escritora y musa inclasificables que además de haber sido la pareja de Yasir Arafat, participaría también en Gran Hermano VIP. Ya no sé si estoy hablando de una película de culto o de una mujer de culto, pero su sola presencia justifica una película tan intensa y arriesgada como esta, que llegaría incluso a ser clasificada S en sus tiempos, como si de una película pornográfica se tratara. Cierto es que contiene secuencias incómodas y atrevidas, sexualmente hablando, pero que quedan muy lejos de lo que llamaríamos pornografía.

Arrebato

Si de películas de culto en el cine estamos hablando no podíamos dejar fuera la que, hasta la fecha, constituye el mejor y mayor ejemplo. Iván Zulueta estrenaba en 1979 la que sería obra cumbre e indiscutible de la movida española. Película de culto y maldita en la que el cine es visto como una adicción que te consume como si fuera una droga, o como un vampiro que te consume hasta dejarte sin sangre. Más allá de las posibles lecturas de la película, lo cierto es que su director y actores principales, Will More y Eusebio Poncela, elegirían el camino contrario al de los personajes, despeñándose por una espiral de heroína de la que solo Eusebio Poncela saldría realmente.