¿Alguna vez has reflexionado sobre las razones que llevan a lo que ha sucedido este último año en el que el Oscar al mejor director era para Ange Lee, cuando luego no era Life of Pi considerada como la mejor película? La explicación es bien sencilla: sólo los directores votan al mejor director, mientras que son todos los miembros de la academia los que votan a la mejor película. Efectivamente, los guionistas votan a los guionistas, los compositores a las bandas sonoras y las canciones originales, los directores de fotografía a sus propios colegas y actores y actrices a sí mismos. Finalmente todos ellos votan a la mejor película, debiendo demostrar que han visto todas las películas de otras categoría, como el documental o la película en lengua extranjera, si pretenden ejercer igualmente su voto en estas categorías. Una normativa que ya no será la misma para el año que viene.

Ang Lee

La Academia de cine de Hollywood (lo digo así porque una de las reglas para que una película pueda optar a premio no es la de estar estrenada en los Estados Unidos, sino en el estado de California) permitirá a todos sus miembros votar en las 24 categorías, incluyendo películas en lengua extranjera, cortometrajes y documentales. Ni más ni menos. Para facilitar el proceso han decidido que van a enviar a todos y cada uno de los miembros de la Academia copias en DVD de todas las películas nominadas (fijo que José Luis Garci ya se está frotando las manos), con lo que ni siquiera tendrán que acreditar haber visto todas las películas (¿vastará un sencillo acuse de recibo?).

Seguro que muchos piensan que se trata de un proceso mucho más democrático y equitativo, pero si hacemos cuenta a otras mediciones populares (o populistas), como las audiencias de televisión o el mero éxito de una película cualquiera en función de su recaudación en taquilla, nos daremos cuenta de que lo que la mayoría prefiere, ni mucho menos suele ser sinónimo de calidad. Y si ya en los últimos años la calidad media de las películas nominadas ha bajado considerablemente, entrando en algunas categorías películas que difícilmente habrían competido en las décadas de los sesenta, setenta o incluso ochenta, quedando la esperanza de algunos a que, al menos, se premiara sólo a aquellos títulos que realmente merecían la pena. Basta como muestra el triunfo de Argo este año, que siendo una película meramente entretenida, ni de lejos es merecedora de toda la gloria que atesora.

Normativa de los Oscar

Presumo que con este nuevo método de votación sucederá lo que ya pasa en la Academia de Cine española, en la que la endogamia y el coleguismo hacen que la cosa parezca siempre amañada de antemano, y que ni las categorías de mejor película europea o iberoamericana se caracterizan precisamente por su calidad, sino por ese oportunismo predispuesto por el marketing. La que nos espera en la próxima entrega de los Oscar, cuyos productores de este año repiten el que viene, y que ya tiene fecha fijada para el 2 de marzo de 2014. Mal que nos pese, allí estaremos.