Tradicionalmente, cuando se hablaba del mapa de las cinematografías, se establece una distinción radical entre el cine norteamericano, encuadrado en el ámbito más narrativo, y el cine europeo, de arte y ensayo. Desde esta perspectiva, el cine europeo parecía encontrar un núcleo semántico que lo sostuviese y lo identificase como único, tanto por exclusión del resto de cines, como por el hecho de compartir una serie de rasgos en común, que sería la búsqueda artística y el deseo de dinamitar la convención narrativa. Pero en la práctica, cada país producía un cine con enormes diferencias, y es difícil encontrar un hilo que conjugase todas las expresiones cinematográficas del continente, además de que entre el cine europeo y el estadounidense ha habido una intensa relación de enriquecimiento mutuo. Por ello, queda la pregunta en el aire: ¿existe un cine europeo? Para la Comisión Europea, al parecer sí; y si no lo hay, al menos desean crearlo. Y en este enfoque se han dirigido las medidas para el cine de la Comisión Europea.

europa, Lars von Trier

Porque, queramos o no, en Europa hay un enorme proteccionismo estatal en materia audiovisual que impiden la existencia de un cine plenamente eurpeo. Así que ese supuesto cine existe más en compartimentos estancos, que florecen y ofrecen obras imprescindibles para la historia del cine, que de forma transfronteriza. Para ello, bastan los datos: en Francia y en Alemania hay normas que obligan a contratar mayoritariamente a profesionales radicados en el mismo país en las obras subvencionadas con dinero público, con un porcentaje que ronda el 80%. Así, pese a la eclosión de las co-producciones, sigue habiendo enormes dificultades de tránsito entre cinematografías para trabajar y enriquecer con visiones diferentes una obra.

Con las medidas para el cine de la Comisión Europea, se pretende limitar este sistema de preferencias nacionales, y aunque no han modificado el baremo del 80%, sí han establecido en el documento que han elaborado que el dinero público no debería ir destinado a asegurar estas políticas proteccionistas. El objetivo sería, ahora, precisar los porcentajes entre subvención a un film y obligación de destinarla a un territorio concreto. Son medidas muy interesantes e incluso necesarias, que pueden multiplicar la solicitud de co-producciones en el territorio europeo, aunque parecen venir a intentar resurgir un espíritu europeísta en estado letárgico.

Europa 51

Asimismo, también se han fijado límites en la concesión de ayudas públicas a un proyecto, que se han establecido en un 50% dentro de cada Estado, si bien este techo puede superarse si se trata de una co-producción europea: ¿una medida hacia la diversidad o hacia la homogeneización? De todos modos, resulta sospechoso este límite, pues según han afirmado, se desea promover la participación de un sector privado en la financiación del cine, tal y como han afirmado: "estimular iniciativas comerciales no subvencionadas". Es innegable esta necesidad de participación de lo público y lo privado, pero salta una duda ¿qué pasa si ese sector privado está en crisis, como ocurre en cualquier país europeo actualmente?

Una medida que sí es de aplaudir es la ampliación en la consideración el proceso creador: las ayudas no va dirigidas, únicamente, al proceso de producción, sino también a la distribución y exhibición, que necesitan hoy en día tantas ayudas como el resto de fases de la creación. Así se podrían evitar cierres como el de los cines Renoir, recientemente anunciado. Y el objetivo ha sido anunciado en las siguientes palabras por la Comision Europea:

Las nuevas reglas pretenden favorecer el éxito del sector audiovisual europeo y permitirle producir películas que gusten al público europeo. El objetivo es alentar la creación y diversidad cultural en toda la Unión Europea y apoyar un cine realmente europeo, al facilitar la puesta en marcha de producciones transfronterizas.