Se cumple el segundo aniversario del movimiento conocido popularmente como 15-M, bajo el que se aglutinan originalmente diferentes plataformas como Juventud Sin Futuro, No les votes o Democracia Real Ya, autores del Manifiesto del Movimiento partidista y antisindical 15M, conocidos también como el movimiento de los indignados, en alusión al ensayo ¡Indignaos!, pequeña obra del escritor y diplomático francés Stéphane Hessel, que fallecía hace poco más de dos meses a los 95 años de edad. No es este lugar para analizar ni la validez del movimiento ni su influencia en la sociedad, pero lo que sí puedo proponer es un repaso por el cine contemporáneo con mayor nivel de indignación, repasando aquellas películas que, por un motivo o por otro, reivindican de alguna manera las mismas premisas que el 15-M.

Indignados en el cine

El origen de la Gran recesión

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Independientemente de que los indignados tengan muchas reivindicaciones, lo cierto es que, de alguna manera, podemos decir que todo comenzó con la crisis económica al a que algunos aluden como la Gran recesión, supongo que para diferenciarla de la Gran depresión del 27. Qué curioso que esta nueva crisis comenzara de nuevo en los Estados Unidos, en 2008, y que adquiriera proporciones mundiales. Dos películas como Inside Job y Margin Call abordaban directamente el origen de la crisis, la primera en clave documental y perfectamente explicativa, la segunda en forma de ficción en clave demostrativa. Pero quizás me sorprenda más un documental previo, Let's make money, que recogía de una manera objetiva opiniones encontradas sobre la licitud de la especulación y los peligros del neoliberalismo.

Las consecuencias de la crisis

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Seguro que todos conocemos a alguien que afirma que si le hubieran preguntado nos hubiera dicho la que se nos venía encima. Muchos podrán decirlo, pero un cineasta como Costa-Gavras también puede demostrado porque tres años antes de que estallara la crisis hablaba de los peligros de la competitividad laboral en Le couperet. Una extraordinaria película que se complementa a la perfección con Le capital. En medio nos encontramos con títulos como Up in the air o The Company men, que mostraban las terribles consecuencias de la recesión con el incremento del paro.

Reflejando la indignación

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El cine de entretenimiento no tiene porqué estar reñido con la actualidad. de hecho, resulta mucho más creíble y reconfortante cuando refleja lo que está pasando en el mundo. Y eso es lo que, en mayor o menor medida mostraban títulos como Rango, en la que la especulación inmobiliaria era lo que generaba el comportamiento de los habitantes de un pueblo que bien podría haber estado en la provincia de Murcia, o Safe house, que además de mostrar el movimiento indignado de Sudáfrica, denunciaba la manera en la que los gobiernos enmascaran la verdad en su propio beneficio, que no en el del pueblo, algo que también sucedía en Elefante blanco. Seguro que a muchos le sorprendían mis reflexiones sobre The dark knight rises, en la que me postulaba más en favor de Bane, que se alzaba como un perfecto de alter ego indignado en un mundo en que la policía estaba manipulada por la política. Quizás el discurso quedaba finalmente embarrado por la necesidad (o la opción) de Christopher Nolan por plegarse a las necesidades del sistema, por eso me parece mucho más contundente la película francesa Une vie mellieure, en la que se muestra de una manera perfectamente humana y real las consecuencias de la crisis en los que no la provocaron, pero la sufren irremediablemente.

Rebeliones metafóricas

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Siempre me ha fascinado el cine que dirigiendo su argumento por un derrotero muy concreto, en realidad habla de otra cosa que la que muestra. Quizás el ejemplo de Cosmopolis sea más una parábola que una metáfora, pero al fina y al cabo también parte de una premisa tan sencilla como un corte de pelo. Tremendamente anticipada resulta la indignación del pueblo danés, que ya en los tiempos de la Ilustración puso las cosas en su sitio, tal y cho se muestra en A royal affair. Aunque la película que más me sorprendió y me cautivó en este sentido fue, sin duda, Killing them softley, en la que detrás del comportamiento de unos gángsteres se podía intuir la de banqueros y políticos, además de las claras alusiones al engaño en el que vive la sociedad cuando ejerce su derecho al voto.

Indignados desde el corazón

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Cuando casi podemos afirmar que España fue el primer país indignado de Europa, el cine español, que tan reivindicativo está siempre contra los políticos, tardó en reaccionar y reflejar lo que era un clamor popular. El movimiento inglés, denominado Occupy, tuvo su reflejo en We're not broke, mientras que Tony Gatlif recogía directamente las reflexiones de Stéphane Hessel en Indignados, que se estrena esta semana en España. Verguenza me da que Pedro Almodóvar, que siempre es el primero dispuesto a coger el micrófono en alguna causa que considera lo merece, no sólo tardara en reaccionar, sino que saliera por peteneras con una alegoría en clave cómica como Los amantes pasajeros, cuya gracia no llegaron a ver ni los británicos. Menos mal que llegó Isabel Coixet y dijo lo que haba que decir en Ayer no termina nuca, una película tan sencilla y contundente, como sensible y emotiva. A falta de conocer lo que Isaki Lacuesta nos contará con Murieron por encima de sus posibilidades, un gran veterano como Basilio Martín Patino se demarcaba antes que ellos con un documental tan sincero y valiente como 15-M Libre te quiero. Quizás el documento menos politizado, para bien o para mal, quizás la mirada más objetiva del 15-M.