Ganadora de dos premios Genie de la Academia canadiense, Midnight's children es la adaptación de la novela homónima que ha dirigido Deepa Mehta. Publicada en 1981, se trata de un relato postcolonial con toques de realismo mágico que resultó ganadora de varios premios y constituye uno de los éxitos literarios más importantes de su autor que constituye un viaje de proporciones épicas pero de tono intimista que nos lleva desde el insólito romance de los abuelos de Saleem hasta el nacimiento del hijo de este. Una historia esperanzadora, divertida y mágica que evoca imágenes y personajes tan complejos e inolvidables como la propia India. Una película que se estrena en España este mismo fin de semana con el título de Hijos de la medianoche.

Cartel de Hijos de la medianoche la película

A las doce en punto de la noche del 15 de agosto de 1947, en el preciso instante en que la India se independizaba de Gran Bretala, nacen en una clínica de Bombay dos bebés que son intercambiados por una comadrona. Sleem Sinai, hijo ilegítimo de un mujer pobre, y Shiva, retoño de un matrimonio rico, truecan así sus destinos. Pero sus vidas se entrelazan de forma misteriosa y quedan vinculadas indisolublemente a la tumultuosa historia de la India, jalonada por victorias y desastres.

Los primeros pasos

Nominada al Oscar a la mejor película en lengua extranjera por Water, Deepa Mehta es una cineasta de origen hindi que vive actualmente en Canadá. Leyó por primera vez la novela de Salman Rushdie en el invierno de 1982, cuando era todavía una principiante en temas cinematográficos dado que tan sólo había estrenado un cortometraje. La cineasta y el escritor hablaron a menudo de colaborar y en una cena que tuvo lugar el 9 de junio de 2008, Mehta le preguntó a Rushdie directamente por los derechos de la novela, que seguían estando en su poder y le vendió la opción a compra por un simbólico dólar.

Era increíble cómo reflejaba mi propia infancia y adolescencia y, a los ojos de una directora de cine novel de principios de los ochenta, el libro parecía leerse como una película: rebosaba lenguaje cinematográfico y estaba muy enraizado en el cine popular indio. El audaz humor negro de la novela y su mirada tierna ante las debilidades humanas pasaron a formar parte de mí. (...) Esta historia de maduración no trata sólo sobre un muchacho, sino también sobre su país, con el que comparte fecha de nacimiento, una fecha clave en la historia india. El viaje de Saleem, como protagonista vulnerable y desorientado, está siempre entrelazado con los esfuerzos de la recién independizada India por encontrar su propia voz en el mundo. El arte es político por naturaleza, y creo que Midnight's children narra algo importante y universal acerca de la supervivencia, la libertad y la esperanza. (Deepa Mehta)

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Tras una trayectoria intensa y relevante internacionalmente, Deepa Mehta se sentía ahora preparada, técnica y emocionalmente, para abordar una epopeya sobre su tierra de origen. Una empresa en la que ha resultado fundamental el apoyo económico y anímico de su productor David Hamilton, que también es su marido.

El factor determinante fue el puro placer y la pura diversión de trabajar con Salman, así como nuestra profunda sintonía respecto a la esencia de la historia. Tanto Salman como yo hemos vivido en la diáspora india —yo en Canadá, y él en Gran Bretaña y Estados Unidos—, y ambos tenemos raíces similares en la India, complejas y entrelazadas. Esos recuerdos y perspectivas comunes, junto con su generosidad creativa y su agudeza, fueron mi motor y el de la película. Salman dijo en una ocasión, refiriéndose a los artistas nacidos en la India que emigraron: «Nuestra identidad es a un tiempo plural y parcial. A veces sentimos que tenemos un pie firmemente apoyado en cada cultura; otras, que nadamos entre dos aguas. Pero por muy ambiguo e inestable que pueda resultar ese territorio, no es yermo para un escritor». (Deepa Mehta)

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Una carta de amor a la India

Si Salman Rushdie ha manifestado que el libro es su carta de amor a su país, también resulta así para Deepa Mehta con respecto a la película. Tratándose de una novela de 533 páginas, para la cineasta era vital que el propio escritor accediera a involucrarse en la adaptación cinematográfica, resultando su colaboración muy afortunada que ya ha sido celebrada con el premio Genie al mejor guión adaptado.

Salman y yo nos habíamos presentado con sendas listas escritas a mano de los momentos dramáticos que considerábamos imprescindibles. Y ahí operó un cierto karma o magia: nuestras listas coincidían prácticamente en todos los sentidos. Las inexorables decisiones quirúrgicas sobre qué eliminar correspondían exclusivamente a Salman: puñados enteros de historias y personajes fueron suprimidos. Y, luego, la búsqueda del complejo equilibro de qué adaptar, cambiar o añadir fue una tarea compartida. Yo sugerí escenas, momentos, emociones. Hubo mucho intercambio de borradores. Los dolorosos recortes se prolongaron hasta el rodaje y la sala de montaje. (Deepa Mehta)

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La preparación con los actores

Deepa Mehta no es cineasta que trabaje con storyboards ni planos preconcebidos. Es el actor quien dirige el movimiento de la cámara y a partir de su trabajo con los integrantes del reparto desarrolla su aproximación visual. Entre muchas caras desconocidas, seguro que hay más de uno que se alegra de reencontrarse en le cine con Charles Dance

Un mes antes del rodaje realizamos un taller intensivo en Bombay en el que participamos los actores y yo misma, conducido por mi amiga Neelam Choudhry, una directora teatral de Chandigarh. No fue un ensayo del guión; el trabajo se basó en el Natya Shastra, un tratado de artes dramáticas escrito en la India del siglo iv dC. que incluye la tabla de rasas, es decir, los nueve estados mentales y emociones esenciales: el amor, el disgusto, el valor, el miedo, la alegría, el erotismo, el asombro, la compasión y la paz. Ese trabajo intensivo nos cohesionó como grupo y nos enraizó en las fases emocionales de la película. (Deepa Mehta)

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El escritor también compartió todo el proceso de casting con la directora, aportando sus propias ideas.

Realizamos gran parte del casting juntos en Bombay, e incluso cuando no estábamos en el mismo lugar en el mismo momento intercambiábamos impresiones sobre los actores, miramos vídeos de sus trabajos, nos entusiasmábamos con algunos y descartábamos a otros. Cuando Deepa pensó en el entonces relativamente desconocido Satya Bhabha para el papel principal, le dijo que fuera a verme y sólo después de que ambos hubiésemos visto en él la dulzura y la vulnerabilidad que estábamos buscando, le ofreció el papel formalmente. Nos reunimos con varios titanes de Bollywood, a los que tuve que «narrar» la película en sus casas, e incluso en sus grandes limusinas; pero al final decidimos evitar dar papeles a esas megaestrellas de Bombay que no estaban acostumbradas a trabajar como parte de un reparto coral. En lugar de eso, elegimos a actores magníficos, muy aclamados doquiera que se ven películas indias, que dejaron sus egos en casa y nos entregaron todo su ser. (Salman Rushdie)

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Una ambientación compleja llena de anécdotas

Uno de los aspectos más importantes de la película era el artístico al tratarse de un relato en el que transcurren 3 guerras, por 64 localizaciones y 127 personajes con diálogo, además de animales, bebés, serpientes y hasta cucarachas. La directora encontró, como siempre, en su hermano y colaborador habitual Dilip Metha a un aliado que se encargó de la ambientación de la película.

Realizó un gran esfuerzo para conseguir autenticidad en todos los aspectos del filme: material visual, periodos históricos, clases sociales, contexto religioso, etc. Ningún detalle, ya fuera grande (guerras, helicópteros, desfiles) o pequeño (hormigas, lagartos), escapó a su supervisión. No hay nadie más que tenga mi total confianza, que conozca el paisaje histórico y la India «real» y que pueda crear todo esto de forma impecable y con tal pasión por la precisión y la belleza. (Deepa Mehta)

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Uno de los grandes inconvenientes del rodaje fueron los numerosos animales que se utilizaron que dieron lugar a una larga lista de anécdotas entre las que destacan la escapada de dos cobras venenosas, de las que pudieron recuperar una de ellas, y la pérdida de un elefante en el rodaje del Desfile de la Victoria.

Tuvimos que conseguir y «adiestrar» cabras, gatos, cobras, pitones, gansos, gatos, lagartos, búfalos de agua, elefantes, monos, gallinas, conejos e insectos. Las cucarachas mantuvieron su independencia durante todo el proceso de adiestramiento y al final, ante su claro desprecio de nuestra autoridad, tuvimos que suprimirlas de la película. Los lagartos, sin embargo, fueron un accidente. Un error de cálculo. En una escena llena de cadáveres «reales» (extras tumbados quietos en las ciénagas) queríamos atraer a cuervos carroñeros, para crear un clima y mostrar los horrores que deja atrás una guerra. Rellenamos algunos muñecos con cabezas de pescado con la esperanza de que acudieran los cuervos. Pero lo que no sabíamos es que también vendrían varanos, unos lagartos carnívoros y venenosos que pueden medir hasta un metro y medio de largo. (…) Dos de los ancianos del pueblo hicieron guardia con palos y vigilaron a los lagartos. Los cientos de extras que habían estado tumbados durante horas en la ciénaga no se inmutaron ante esa intrusión y añadimos ese día a nuestro registro impecable de una producción sin accidentes. (David Hamilton)

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Perfilando el montaje

Hablando de un relato que juega con saltos en el tiempo, sueños y brujería, confiriéndole un cariz propio del realismo mágico, la directora tenía claro que de cara al montaje había tres aspectos tener perfectamente claros: tenían que crear personajes de carne y hueso, abarcar con funcionalidad los períodos temporales que desarrollan la historia general de una manera clara, y mezclar con todo esto el contenido político del relato.

Y así es como la película fue tomando forma: toma tras toma, proyección tras proyección. De la historia personal e íntima a la saga familiar, y de ahí a la epopeya. Protegimos la esencia personal, íntima y emocional de todos los personajes dentro de este amplio lienzo repleto de desastres, guerras y acontecimientos demoledores. No siempre fue tarea fácil, como tampoco lo fue determinar cuánto contenido histórico y político incluir. La película está dirigida a públicos de todo el mundo, que conocerán en mayor o menor grado la India, y no quisimos explicar demasiado pero tampoco quedarnos cortos. (Deepa Mehta)

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Influencias y aspiraciones

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Ni el cine de David Lean, que tan apropiado para las dimensiones épicas e intimistas del relato se perfila, ni el cine indio, ni, desde luego, el cine hecho en Bollywood, sirvieron de influencia para la cineasta. El cine italiano fue su referente durante gran parte del proceso de reproducción, desde Il gattopardo (1963), el gran relato de la decadencia de la aristocracia de Luchino Visconti, que fue la obra que tuvo en mente durante el proceso de escritura de guión, hasta Il conformista (1970, Bernardo bertolucci), que por su narración más dura y directa le pareció más indicada para el rodaje. A pesar de tener previsto todo tipo de maquinaria de cara al comienzo del rodaje, finalmente acabó deshechando vías y grúas para abordar una planificación basada en la cámara en mano, lo que resultó liberador para ella al determinar la planificación con los actores en la misma localización. Por su parte, Salman Rushdie se muestra entusiasmado ante el resultado del trabajo junto a Deepa y su productor. "Celoso" de las colaboraciones entre cineastas y escritores como Stephen Frears y Hanif Kureishi en My beautiful laundrette o de Wayne Wang con Paul Auster en Smoke y Blue in the face, hacía tiempo que albergaba el deseo de coincidir con un cineasta con el que pudiera darse ese tipo de relación estrecha y fructífera. Algo que final y felizmente se ha producido en su colaboración con Deepa Mehta y David Hamilton.

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Desde nuestra primera reunión para elaborar el guión, descubrimos asombrados que pensábamos prácticamente igual sobre cómo abordar la adaptación. Cuando sugerí abandonar la «narración marco» de la novela, la historia que Saleem, el protagonista, cuenta retrospectivamente a Padma, la «poderosa mujer de los encurtidos», en la fábrica de encurtidos Braganza, en Bombay —por tratarse de un recurso demasiado literario que, en una película, interferiría constantemente en la identificación emocional del público con los personajes—, Deepa dijo: «Lo iba a sugerir, pero pensé que no te gustaría». Y cuando le mostré mi primera lista de escenas que debíamos incluir para que fuera una verdadera adaptación de la novela, me enseñó su lista y eran prácticamente idénticas. (…) Ha sido una experiencia extraordinaria ver mi novela cobrar vida gracias al talento de tantas personas trabajando en armonía. El diseño de producción de Dilip Mehta, con su ojo atento a los detalles de cada periodo, recreó el universo de Hijos de la medianoche, en gran parte extraído de mis recuerdos de infancia, de forma tan vívida y precisa que por momentos se me entrecortó la respiración —¡Fíjate, ahí está la vieja Rolleiflex de mi padre! ¡Y, mira, los fieros gansos de mi abuela!—. La magnífica cámara de Giles Nuttgens captó un mundo a un tiempo épico e íntimo, al que Colin Monie dio ritmo y forma durante el montaje; la banda sonora de Nitin Sawhney elevó escena tras escena a nuevas cotas, añadiendo capas de emoción; y, por encima de todo, la dirección afablemente feroz de Deepa Mehta orquestó todo esto y creó una película que no sólo es fiel al espíritu de la novela original, sino que, además, posee su propia legitimidad y se erige como una obra de arte por derecho propio. (Salman Rushdie)

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Riesgo y polémica en rodaje complicado

Si no habían caído muy bien en la India algunas de las películas de Deepa Mehta, tampoco es que Salman Rushdie goce de mucha popularidad en las comunidades musulmanas. Por eso, no debió pillarles de improviso que, después de cuatro semanas de rodaje, recibieran una carta solicitando su interrupción.

Se me dijo que el embajador de Sri Lanka en Irán había recibido un comunicado del gobierno iraní en que se expresaba el malestar ante el rodaje de una película basada en uno de los libros de Salman Rushdie. Me pasé las 92 horas siguientes tratando de anular esta decisión, al tiempo que preparaba un plan de contingencia para trasladar toda la producción a Sudáfrica. Pedimos ayuda al Alto Comisionado de Canadá y trasladamos todo nuestro equipo y la película parcialmente montada a las dependencias del Alto Comisionado, pues no sabía lo agresivos que podrían llegar a ser nuestros adversarios. Pero en este mundo cínico a veces es fácil olvidar que todavía quedan personas cuya decencia y habilidad diplomática son comparables a las descritas en las novelas de finales del siglo xix. Bruce Levy, nuestro Alto Comisionado en Sri Lanka, resultó ser una de esas personas, y sin sus incansables esfuerzos para defendernos esta película no habría visto la luz. (David Hamilton)

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Finalmente todo se solucionó gracias al presidente de Sri lanka, Mahinda Rajapaksa, que intervino en favor de la película y reanudaron en rodaje terminando sin más interrupciones. Aún así no dudaron en prevenir cualquier tipo de situación problemática alojando a sus actores bajo seudónimo, cambiando el nombre de la película por Winds of change, para que no se identificara con la novela de Rushdie y desalentando cualquier publicación sobre el rodaje a través de redes sociales. Terminado el rodaje, actores y técnicos salieron del país sanos y salvos, así como todo el material cinematográfico fue enviado intacto a Canadá.

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Que el final fuera feliz no evita que tuvieran que afrontar otro tipo de inconvenientes, como los económicos que surgieron a raíz de la interrupción dado que en el momento de anunciarse la medida se encontraba en el rodaje el representante de la sociedad avalista de Canadá. A pesar de haber conseguido cerrar más de 49 ventas internacionales de la película antes del rodaje, no podían continuar sin ese aval que les permitiera acceder a un préstamo provisional a cuenta de esas ventas. Tuvieron que vender bienes y suplicar ayuda, a pesar de contar con el apoyo de la mayoría de sus patrocinadores canadienses, sin cuya comprensión y flexibilidad las cosas habrían sido mucho peores.

Una lamentable consecuencia indirecta de la interrupción del rodaje fue que Salman no pudo visitar la producción, cosa que habíamos deseado y planificado. En pleno rodaje celebramos el 30 aniversario de la publicación de la novela con un pastel y una visita de Salman por Skype al lugar del rodaje. Dejamos a un lado el trabajo, servimos el gran pastel de cumpleaños y Deepa y yo llevamos el portátil por todo el lugar del rodaje para que Salman pudiera «visitar» a todos los actores y técnicos. (David Hamilton)

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