Queda una semana para que comience la sexagésima edición del festival de cine internacional de Cannes. Entre las películas que compiten este año se encuentra Venus in Fur, la última película de Roman Polanski, que supone su cuarta colaboración con Emmanuelle Seigner. O mucho me equivoco, o todo indica que su musa y esposa podría ser una de las candidatas al premio a la mejor actriz este año. Y no lo digo sólo porque Nina Arianda, la protagonista de la obra de teatro en que se basa el guión, cosechara múltiples premios y reconocimientos, sino porque aunque muchos dudaran de su capacidad en los inicios de su carrera, la actriz francesa ha sabido desarrollar una trayectoria breve, pero muy contundente que pienso es hora de repasar, haciendo hincapié en las colaboraciones con su querido esposo.

Roman Polanski y Emmanuelle Seigner con Mathieu Amalric en el rodaje de Venus in Fur

Nacida en la ciudad de la luz, París, hija de un fotógrafo y una periodista, y nieta del presidente de la comedia francesa, que también intervino como actor en algunas películas, Emmanuelle Seigner recibió una fuerte educación católica, lo que no impidió que a los catorce años se convirtiera en modelo. Conocería a Roman Polanski en una fiesta, sintiéndose inmediatamente atraída por él. Advertida de su turbulento pasado, con referencia tanto al trágico asesinato de Sharon Tate, como por su condición de prófugo de la justicia estadounidense a causa de la violación a una menor, la modelo se lanzó a seducir al director, casándose en seguida con él, participando después en tres películas suyas y dándole dos hijos, Morgane y Elvis, antes de volver a trabajar juntos en Venus in fur.

Dealer descarada

La primera incursión cinematográfica de Emmanuelle Seigner no sería precisamente junto a Roman Polanski, pero tampoco sería para un cineasta cualquiera. El mismísimo Jean-Luc Godard quedaría prendado de su misteriosa y sensual belleza, dándole un personaje en Détective, un relato sobre un asesinato sin resolver que había tenido lugar en la habitación de un hotel de París, que compitiera ya en la sección oficial de Cannes. Pero después de haber participado otras dos películas, sería realmente junto a Roman Polanski cuando saltaría a la fama por su interpretación de la sensual y fascinante Michelle en Frantic, una de esas chicas que hacen (casi) cualquier cosa por dinero y sin hacer preguntas, pero que tiene muy buen corazón. Muchos criticaron en su momento su interpretación, indudablemente arrastrados por los prejuicios porque, desde mi punto de vista, la todavía inexperta actriz se mostraba tan espontánea y descarada como requería su personaje. Un chica-mala-buena capaz de engatusarte, aunque sólo lo haría por una buena razón.

Gata despechada

Todas las bocas quedarían cerradas cuando después de protagonizar en Il male oscuto, una película dirigida por Mario Monicelli, la pareja ya consolidada y justo antes de tener su primer hijo, volvía a trabajar junta en Bitter Moon, el fascinante relato del auge y decadencia de una relación amorosa que acaba convertida en condena, que pretende encontrar una vía de escape a través de una pareja burguesa y en crisis. La modelo y actriz demostraba que estaba a la altura de Peter Coyote y unos todavía no muy conocidos Hugh Grant y Kristin Scott Thomas. La relación entre el escritor y la aspirante a bailarina se volvería sadomasoquista, pero no por entrar en juegos eróticos, sino por vínculos mucho más dolorosos.

Travieso demonio

Después de participar en proyectos tan originales como Nirvana, una joya a redescubrir que Gabriele Salvatores dirigía en 1997, o Place Vêndome, junto a la siempre fascinante Catherine Deneuve, la pareja volvía a coincidir en un proyecto con fuertes lazos castizos, tanto porque se desarrollaba en España, cmo porque estaba basada en una novela de Arturo Pérez Reverte, en cuyo guión colaboraría Enrique Urbizu. Protagonizada por Johnny Depp, The ninth gate contaba con las presencias no menos estimulantes de Lena Olin, Frank langella, James Russo y la propia Emmanuelle Seigner en un misterioso y travieso personaje que guardaba sorpresa final. A pesar de que Polanski había conseguido renovar gran parte de un popularidad (porque el prestigio nunca lo había perdido) después de Death an d the Maiden, este retorno a los orígenes del mal que, de alguna manera, le vinculaba con Rosemary's Baby, no sería precisamente muy bien recibido. Quizás habría que darle una segunda oportunidad a ver cómo le sienta el tiempo.

Otras vinculaciones

Desde entonces la actriz ha conseguido establecerse como una presencia imprescindible, quizás más en personajes de reparto que protagonistas, pero que le ha llevado a trabajar con cineasta como Raoul Ruiz en Le temps retrouvé, Yvan Attal en Ils se marièrent et eurent beaucoup d'enfants u Olivier Dahan en La môme (La vie en rose). Pero extendiendo lazos con Venus in fur, anteriormente ya coincidiera con Mathieu Amalric en Le scaphandre et le papillon, una película que Julian Schnabel dirigía en Francia en 2007, por la que conseguiría el premio al mejor director en Cannes, además de otro reconocimientos.

En los últimos años se ha dejado ver en títulos intrascendentes pero medianamente entretenidos como Le codee a changé, excentricidades como el Giallo de darion Argento, o en obras mucho más comprometidas temática y formalmente como Essential Killing, la película dirigida por Jerzy Skolimowski que conseguía el premio especial del jurado en Venecia y el de mejor película en Mar del Plata. En el mismo año también participaba en Chica una película dirigida por Yasmina Reza, autora de la obra que inspiraba a Roman Polanski para hacer Carnage.

Precisamente el año pasado, participaba en Dans la maison, basada igualmente en una obra de teatro, del español Juan Mayorga, que se alzaría con la Concha de oro a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en la que volvía a coincidir con Kristin Scott Thomas, aunque no compartían plano. ¿Realmente hay alguien que a estas alturas piense que Emmanuelle Seigner no se ha ganado a pulso su lugar en el mundo de la interpretación? No será un servidor, no, que está deseando presenciar ese duelo de dominación/sumisión entre un director teatral y su actriz protagonista en Venus in Fur.