A primera vista no me hubiera acercado ante un producto de esta onda, tan claramente propagandístico del American way of life. Sin embargo, la calidad de algunos de los integrantes del reparto, que incluye a Morgan Freeman, Aaron Eckhart, Melissa Leo, Gerard Butler y Ashley Judd, me hizo reconsiderar mi postura, concediendo a Olympus Has Fallen el beneficio de la duda. Además se trata de la última película dirigida por Antoine Fuqua, responsable de títulos interesantes como Training Day o Brooklyn's Finest. Lamentablemente, ninguno de ellos debía estar en su mejor momento cuando aceptaban participar en un proyecto de unos guionistas primerizos, Creighton Rothenberger y Katrin Benedict, que no habían tenido ningún reparo en trasladar la trama de Die hard, conocida en España com La jungla de cristal, a la Casa Blanca.

Cartel para la crítica de Olympus Has fallen

Sí. Al principio parece otra cosa. Un intento de dotar de humanidad, e incluso vulnerabilidad, a un hipotético presidente de los Estados Unidos, capaz de crear lazos de amistad mientras desempeña su importantísima función, logrando además mantener el amor de su entrañable hijo y la atención de su queridísima esposa. Pero si consigues establecer una gran empatía por estos personajes en las tres primeras secuencias, ni mucho menos se debe a la eficacia narrativa del relato, sino a que apela al más puro y pornográfico sentimentalismo de manual, destruyendo cualquier atisbo de credibilidad en otra secuencia posterior en la que pareciera tuvieran como objetivo, no realmente la Casa Blanca, sino reabrir las heridas del 11-S en los estadounidenses a través de un ejercicio pirotécnico que quizás muchos podrían decir que nunca podría suceder, si no fuera porque ne realidad, ya ha pasado.

Ashley Judd y Aaron Eckhart en Olympus Has Fallen

A pesar de un planteamiento tan relativamente desastroso, un servidor todavía albergaba algún atisbo de recuperación tras este planteamiento, partiendo de que todo pudiera servir para desarrollar algún conflicto interesante posterior. Pero para mayor decepción, Olympus Has Fallen acaba convirtiéndose, literalmente, en una versión alternativa (y descafeinada) de Die Hard en la que en lugar de haber secuestrado a la mujer de un policía, ha sido al queridísimo amigo de un agente del servicio secreto. Tan sólo la clarividencia de los guionistas para ubicar a los norcoreanos como los nuevos enemigos de los Estados Unidos se impone como señal de autenticidad en lo que si no es un plagio descarado, parece una mala jugarreta de su subconsciente. Del de ellos y del de todos los que leyeron el guión y no se dieron cuenta de que se involucraban en un proyecto en que iban a volver a hacer lo mismo que Bruce Willis y John MacTiernan anteriormente y en otro contexto.

Gerard Butler en Olympus Has Fallen

Si no me sorprende la capacidad de Melissa Leo y algunos miembros del reparto (pocos) para conseguir personajes bastante creíbles, no me explico cómo es posible que Trevor Morris haya podido crear una banda sonora tan insoportable y poco atractiva, siempre marcado por la pauta de la acción y resultando tan previsible como el propio relato. Y poco más tengo que decir, salvo e la decepción es doble porque produciéndose de nuevo la coincidencia de otra película próximamente en cartelera con temática similar, White House Down, pensaba realmente que era esta la que podría estar mejor, aunque no sé si realmente quiero ahora ver la que dirige Roland Emmerich. Mejor que la echen abajo, la Casa Blanca, el capitolioi y todo lo que les pongan por delante.

2 estrellas