Arnaud Desplechin da su salto a América, y filma su primera película en inglés. Pero no es su salto a Hollywood, pues sigue financiado por productores de confianza. Es su salto al retrato de la sociedad estadounidense desde su mirada francesa y sin imposición de grandes estudios, y todo ello se debe a su admiración a un libro escrito por George Devereux, de título homónimo al film. Esta obra relata la historia de psicoanálisis entre un indio, Jimmy Picard, encarnado magníficamente por Benicio del Toro; y un psicoanalista francés interpretado por Mathieu Amalric. Jimmy P sufre, tras regresar de la 2ª Guerra Mundial, vértigos, vómitos y pérdidas de conciencia, y toda la película es la búsqueda de la causa de tales síntomas, que reside en su cerebro.

Crítica de Jimmy P

Jimmy P. ofrece varias virtudes que parecen corregir algunos defectos que disponían películas centradas en el psicoanálisis como A dangerous Method (Un método peligroso), de David Cronenberg. Y es que el personaje interpretado por Keira Knightley estallaba en una excentricidad de su conducta que restaba verosimilitud a la representación de la locura. Además, el discurso era plenamente intelectual, y la transmisión de ideas entre Freud y Jung servía como motor más destacado de la narración. Esta película destierra lo intelectual para centrarse en la intensa relación emocional que establecen psicoanalista y psicoanalizado, y retrata con gran realismo a Jimmy P., que no explota en ataques de neurosis o psicosis, y es simplemente un personaje a la deriva.

Por otro lado, recuerda en gran medida a The Master, de Paul Thomas Anderson, pues ambas están ambientadas tras la 2ª Guerra Mundial y abordan ciertas secuelas psicológicas que la participación en la contienda genera. En el caso de Jimmy P., la guerra no es el origen del complejo traumático, pero lo alimenta, pues sirve como evasión de la realidad en la que se encuentra inadaptado. Además, la escena de psicoanálisis entre Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffmann presenta un paralelismo con toda la narración de Desplechin. Pero mientras Paul Thomas Anderson se presenta maestro al ofrecer una construcción formal que genera una sensación de claustrofobia e inquietud, la de Desplechin olvida la construcción de atmósferas, y se centra tanto en la conversación interpersonal que deja el contexto muy poco analizado. De hecho, la película comienza con unos interesantes planos de estilo western que luego no encuentran continuación, y que explicitan una posibilidad no desarrollada de la película.

Crítica de Jimmy P.

Uno de los rasgos más destacados es la construcción del personaje como un misterio. El indio psicoanalizado es esquivo a la mirada, al conocimiento del espectador, pues contiene un punto ciego, que es su pasado, que no se desvela. Todo el relato es un presente fundado en la conversación, y su finalidad es extraer el pasado y, por lo tanto, convertir el enigma del personaje en una solución. Por ello, parece que asistimos a un puzzle que el psicoanalista debe resolver a través de los signos visuales y auditivos que toma de él.
Pero el problema que encuentro es que la cámara de Desplechin no se atreve a ir más lejos: se trata de filmar el contacto interpersonal de una forma emocional, pero debería adentrarse en los complejos del personaje y materializarlos figurativamente. Y es que el pasado se ofrece mediante la yuxtaposición de imagen del pasado y voz del presente, lo que implica en todo momento una fijación en el presente y una racionalización del mismo.

A la vez, los sueños que describe se asemejan al sueño que aparece en Spellbound (Recuerda), de Alfred Hitchcock, diseñado por Dalí, y que fue censurado por el productor: el sueño iba a tener una duración de 20 minutos e iba a ser puramente visual, una pérdida en los espacios oníricos, pero quedó recortado a 3 minutos y se le insertó una voz en off para hacerlo más claro. Desplechin parece movido por el mismo temor del productor de Spellbound, recreando sueños muy potentes visualmente, pero a través de una voz en off que los desublima y los hace racionales, y a la vez mediante un montaje que interrumpe su continuidad y, por lo tanto, quiebra el tiempo fluido del sueño, un tiempo que se deshace. Falta surrealismo y sobra realismo en la propuesta de Desplechin.

Crítica de Jimmy P.

Además muestra unas formas fílmicas muy poco atrevidas y que terminan por fatigar al espectador: el director pretende en todo momento ser elegante y transmitir una empatía entre los dos personajes, pero lo que finalmente logra es crear un muro entre película y espectador, al construir una sucesión de diálogos que pueden fatigar por la escasa experimentación visual. Aun así, salvo un bellísimo momento: la carta que la mujer a la que ama el psicoanalista le envía, una carta escrita pero que la propia actriz recita directamente a la cámara, sentada frontalmente junto a una pared. Este momento hace interesante un conjunto que genera tedio, y faltarían más eclosiones de construcción formal para lograr que esta película pueda transmitir, al espectador, la escisión interna del personaje.

2 estrellas