Cuando buscamos un libro en la red y encontramos una versión digitalizada en Google books, suele ser siempre un motivo de alegría, pues eso implica ahorrarse un desplazamiento a la biblioteca: Google parece servirnos todo directamente en casa. Pero esa alegría se difumina cuando al comenzar a leer, llegamos a una página no disponible para su vista previa en internet, que suele coincidir, precisamente, con la información que más necesitas del volumen. Comprendes que se trata de un motivo de respeto del copyright, que Google trata de evitar una difusión de la cultura gratuita que implique un olvido de los derechos de autor y una disminución de las ventas reales de dichos libros. Pero, en realidad, ese mecanismo esconde una ideología perversa que el documental Google And the Brain World, dirigido por Ben Lewis y presentado en la sección oficial de documentales internacionales en el pasado festival de Sundance y en Documenta Madrid 2013, pretende desvelar.

critica de google and the world brainPorque el problema de Google Books está, precisamente, en ese control de los cauces de transmisión de la información centralizado en una empresa. La crítica de Google and the World Brain va dirigida contra el monopolio cultural que Google está construyendo mediante la digitalización de millones de libro, que implica la construcción de una nueva biblioteca de babel, pero con un propietario privado organizando sus estantes y los préstamos. Lo que en un principio parece un instrumento para facilitar la difusión de la cultura, se aproxima a las antípodas de esta idea: Google Books podría convertir en negocio todo su material digitalizado, transformando lo que parece una biblioteca pública universal en la librería virtual más lucrativa.

De este modo, mediante una serie de entrevistas, el documental desvela los hilos que parecen mover esta propuesta supuestamente "sin ánimo de lucro", y que puede llevar a una centralización de la cultura. Y es que Google ha accedido a las bibliotecas de universidades, instituciones y otros espacios sin pagar derechos de autor, escudándose en la idea de transmisión del patrimonio que parece moverle y de una cultura intersubjetiva y anónima. Pero, ¿por qué fragmentan y eluden la visión total al lector de libro cuando ellos mismos no pagan los derechos de autor? El documental denuncia que todo va encaminado hacia la construcción de un negocio monopolístico basado en la cultura, y para ello, ofrece datos novedosos, como un acuerdo firmado con el gobierno de EEUU que atribuye a Google los derechos de los libros descatalogados, pese a que aún tengan copyright.

El documental funciona a la perfección cuando aporta el dato concreto, la cifra o desvela claves desconocidas; quizá sorprendan los únicos 6 segundos de video existentes sobre el proceso de digitalización, donde vemos a estadounidenses trabajando en el escaneado como si fuese una fábrica de textil con empleados explotados. E incluso trata de desarrollar una vertiente de humor, aportando datos curiosos que muestran algunas torpezas del sistema: hay múltiples hojas escaneadas con manos de los empleados en la imagen; Leave of Grass (Hojas de hierba), de Walt Withman, fue incluido en el apartado de jardinería en lugar de el de literatura; o la digitalización de fragmentos horizontales también se aplicó en Japón, donde se lee de forma vertical y, por lo tanto, pierden su utilidad.

critica de Google and the World Brain

Ahora bien, como gran parte de los documentales de denuncia, adquiere un tono conspiranoico que banaliza toda la crítica de Google and the world brain hacia este monopolio cultural. Y, sin duda, lo peor es la música, que bien podría provenir del aterrizaje de un ovni en un film de ciencia ficción de serie B, de un thriller noventero, de un Ángelo Badalamenti venido a menos, o de un supuesto "programa de investigación periodística" de la cadena televisiva más sensacionalista. Todo con el objetivo de crear una sensación de desasosiego que nunca llega, porque la saturación de ambientes musicales lúgubres casi obliga a tomarse la película de forma paródica.

Pero el documental adolece de un defecto en la materialización de sus pretensiones, pues la crítica de Google and the World Brain a algo concreto, al monopolio cultural de Google Books, se pierde en la abstracción al transformarse en una denuncia de la tecnología y de su conversión en el reducto de lo sagrado en la sociedad postmoderna, pues es casi una vía de acceso a la divinidad, o lo que es lo mismo, al sentido; y esta acumulación de temas impide una profundización en su análisis, que además se suceden sin dejar tiempo para la reflexión.

Crítica de Google and the World Brain

Además, todo parece sustentado por una idea que se reitera constantemente, la de Google como creador de un monopolio cultural. De este modo, cuando un espectador espera, ante el título y la sinopsis, una especie de epifanía en su visionado, se sumerge en realidad en un ejercicio de reiteración de argumentos simples que no llegan a convencer por su liviandad. Además, hay fallos de argumentación, pues de la presentación de un caso concreto de un afectado por Google Books, se pretende llegar a lo abstracto, pero en el camino se pierde la conexión. E incluso toma como defensores de su crítica a Google a políticos como Nicolas Sarkozy o Angela Merkel, personajes que, en mi caso, nunca tomaría como argumentos de autoridad para un documental.

El documental equipara Google Books con el famoso cerebro del mundo desarrollado por H.G. Wells en su literatura de ciencia ficción, un enciclopédico cerebro global que contenga toda la información del universo y que desborde al ser humano que ha creado tales conocimientos; de hecho, de este concepto proviene su título, y su contenido parece analizar las causas de una posible distopía a la que podría llevarnos Google Books. Y, sin duda, acierta en su crítica, pues es preciso desconfiar de la aparente amabilidad de Google, de sus empleados alegres y su mobiliario multicolor. Pero las armas elegidas para iniciar esta lucha contra Google deben ser otras, y ejemplo de ello son los autores que nombra el propio documental: H.G. Wells o Kafka, que con sus ficciones han logrado reflejar esta pérdida de la subjetividad frente a los sistemas, y que se han convertido en monumentos críticos contra ciertas tendencias que asfixian al sujeto en la modernidad y la postmodernidad.

3 estrellas