El director iraní Asghar Farhadi vuelve a repetir la fórmula del éxito que permitió convertir a Nader y Simin. Una separación, en una de las mejores películas del 2011, tras obtener el Oso de Oro en Berlín y los Premios a Mejor interpretación masculina y femenina ofrecidos a todo su reparto en completitud. Y es que allí fundía dos tramas: el drama interno de los personajes y una trama de investigación. Allí, toda la narración se desencadenaba a partir de un hecho que quedaba velado al espectador: el aborto que sufre la joven contratada por un matrimonio para cuidar al padre de él, y que al ser expulsada de la casa tras robar dinero, recibe un leve golpe que podría ser la causa (o no) de su aborto.

crítica de El pasadoA partir de este motivo, que Farhadi toma con una cámara oblicua, mostrando tangencialmente los acontecimientos pero sin mostrar su verdad, sólo una sugerencia, estalla toda la narrativa: y es que la búsqueda de la verdad, de una verdad imposible en la reconstrucción de los hechos, provoca el conflicto entre todos los personajes, que encuentran espacio para su voz en la película. Y así, en esta trama de investigación, se produce un retrato perspectivista de la visión de todos los personajes, que permite crear una mirada cubista a la realidad: el relato no juzga a nadie, ni defiende una verdad, sino que confirma que una realidad es la suma de visiones. La realidad es intersubjetiva, y sólo mediante la yuxtaposición de voces se puede reconstruir. Así, a partir del aborto, llegamos al drama de la separación de los padres que, a la vez, es el drama de la separación de Irán, en dos mitades irreconciliables, la tradición y la modernidad.

En el caso de Le passé (El pasado), encontramos el mismo recurso: un drama estructurado de acuerdo con una trama de investigación. Pero si en Nader y Simin accedemos a la visión de los hechos de una forma tangencial, con una mirada imperfecta de la realidad, pero con posibilidad de visionarla, en Le passé (El pasado) estamos cegados a toda realidad. Y es que, aquí, la verdad que se busca no se ofrece en presente al espectador, sino que está en el pasado, en la historia de los personajes; y la película niega todo flashback, de modo que estamos siempre ante una imagen escindida, una imagen en presente que reproduce un trauma del pasado que no ha podido solucionarse. Así, toda imagen es una búsqueda de ese pasado que no encontró su punto final.

Crítica de El pasado

En este caso, el elemento oculto del pasado es la motivación del intento de suicidio de la mujer de Samir (Tahar Rahim, el protagonista de Un prophète) el nuevo prometido de Marie, interpretada por Bérénice Bejo. Y esta causalidad, que ha sido sepultada por el devenir de los acontecimientos, encuentra un investigador que funciona, a la vez, a la manera de arqueólogo del pasado: el exmarido de Marie, Ahmad (Ali Mosaffa). De hecho, es su llegada a la casa de su exmujer para firmar los papeles del divorcio lo que desencadena toda la narración de Le passé: gracias a su irrupción, el pasado comienza a revisitarse. Y todo ello en un progreso desde el silencio hacia el conocimiento pleno: aquí encuentra todo su sentido la primera secuencia, donde la mujer recibe al exmarido en el aeropuerto, y un cristal los separa y, a la vez, insonoriza sus palabras: estamos en el terreno de la incomunicación, y los personajes deambulan por estos espacios silenciosos.

Pero el exmarido introduce el diálogo en el hogar, y a través de conversaciones con los hijos, comienza a descubrir poco a poco el secreto del pasado. Porque como en Festen (Celebración), de Thomas Vinterberg, hay un secreto familiar que ha sido sepultado para seguir con la convivencia diaria. Y este secreto funciona, a la vez, como nexo entre todos, pues hay una unión para silenciarlo; y a la vez como grieta profunda, que impide la comunicación en último término. Este secreto estallará con la presencia del exmarido, investigador locuaz del pasado.

Crítica de El pasado

A través de entrevistas con los miembros de la familia, tratará de trasladarse al conocimiento de ese pasado olvidado. Pero si algo admite también Farhadi es la imposibilidad de reconstrucción de la historia de forma veraz: de este modo, Le passé tiene también algo de Zodiac, de un misterio que no es posible resolver, pues el conocimiento humano es imperfecto y se desconocen todas las motivaciones que llevan al desencadenamiento de un acontecimiento. Es una trama de investigación sin solución fiable y, por lo tanto, siempre hay un elemento de ambigüedad, de mentira, en las palabras y en la imagen.

Le passé funciona a la manera de un sutil díptico, y es el exmarido el que impone el tránsito entre la primera mitad del film a la segunda. Y es que, en la primera, él inicia la investigación del pasado, y cuando da las claves necesarias a los personajes protagonistas, éstos toman el poder y son capaces de reconstruir, por su propia curiosidad, un pasado fragmentado en visiones. Por ello, el exmarido sirve como impulsor del deseo del conocimiento de los demás, y cuando logra su cometido, desaparece de la pantalla.

Crítica de El pasado

De estas dos mitades, es la primera la que me resulta mucho más interesante, pues asistimos a un drama contenido, plagado de ambigüedades y donde todavía no se define la atmósfera irrespirable de la familia; en la segunda mitad asistimos a una progresiva clarificación de la trama y, por lo tanto, la imagen se hace cada vez más transparente. Así, de la imagen duplicada entre pasado y presente, pasamos a una imagen en presente con un pasado cada vez más fino y sosegado. Le passé cuenta, en definitiva, con una narrativa milimétrica, pero me interesa mucho más cuando llueve, cuando en una noche de tormenta estalla un drama familiar que no se puede definir, mientras que me distancio de él cuando sale la luz, se despeja el cielo, y poco a poco accedemos a la claridad del pasado.

Y si bien nunca llegamos a una verdad, es cierto que, conforme marcha la trama, se pierden capas de densidad de la imagen; además, a diferencia de Nader y Simin, la imagen pierde su velo político y se concentra en lo psicológico. En mi opinión, es más imperfecta y más cerrada en sí misma que Nader y Simin, donde la imagen reflejaba psicología, política e investigación, pero aun así, es otra obra redonda y con un excepcional guión que merece la pena visionar.

4 estrellas