Dentro del adocenado panorama cinematográfico español, me sigue sorprendiendo la capacidad de algunos cineastas independientes para seguir asombrando con propuestas arriesgadas que rozan el suicidio. Al menos desde un desde un punto de vista comercial. Lo que no impide que surjan películas tan fascinantes y cautivadoras como Chaika, segundo largometraje dirigido por Miguel Ángel Jiménez, rodado en ruso y a mitad de camino entre el duro invierno de la estepa siberiana y las tórridas estepas de Kazajistan.

Crítica de Chaika - cartel

Yo diría que más que una historia de amor entre una prostituta y un marinero, Chaika es la búsqueda de la identidad de una mujer -que podrían ser muchas-, en constante lucha contra el opresor sexo masculino, o incluso contra los prejuicios del suyo propio, y del papel que se supone tiene que ocupar en la sociedad. Un relato cargado de ironía desde que comienza aludiendo a Valentina Vladimirovan Tereshkova, la que fuera primera mujer de la historia en viajar al espacio, cuyo nombre en clave durante su misión era precisamente Chaika. Tal y como era recibida a su vuelta, da la impresión de que ya no había lugar para la discriminación de género en la Unión Soviética en aquellos tiempos. una situación que, desde luego, no era más que una acción de propaganda y que no supuso ningún paso adelante en la lucha por la igualdad de la mujer. La ironía se convierte en triste paradoja cuando a mitad del relato descubrimos el motivo real por el que el relato comienza con la historia de la astronauta y la lejana relación que le une con la protagonista.

Escrito por el propio Miguel Ángel Jiménez en colaboración de Luis Moya, hablamos de un relato que poco a poco consigue arrastrarnos hacia territorios terroríficamente duros y sórdidos, pero no por ello exentos de una abrumadora belleza y una extraordinaria poesía visual. Resulta indiscutible la fuerza de la deslumbrante y sobrecogedora fotografía de Gorka Gómez Andreu, productor asimismo de una película en la que tan importantes son los paisajes salvajes -en consonancia con el carácter de los seres humanos que los habitan-, como los detalles mínimos -en alusión a la sensibilidad que se esconde debajo de la fortaleza aparente de algunos personajes. Qué duda cabe que gran parte de la fuerza del relato recae en el extraordinario trabajo de la debutante Salome Demuria, que consigue transmitir tanto la fuerza de la protagonista, como sus dudas y contradicciones.

Crítica de Chaika - Salome Demuria

Lástima que el inicio del relato nos prepare para un tipo de expectativas que no se verán cumplidas posteriormente, y que la conclusión nos deje un ligero sabor amargo ante la falta de una resolución más contundente. Dada la intensidad de muchos momentos y el extraordinario clímax emocional que consigue la película, quizás el último tercio decaiga, perdiendo el rumbo de la misma manera en que lo han hecho los propios protagonistas del relato. A pesar de sus imperfecciones, Chaika siemrpe opodrá ser disfrutada plenamente por un público siempre minoritario, pero que sabrá aprovechar las bondades de una obra valiente, arriesgada y poderosamente cuativadora.

3 estrellas