Las operas primas tienen una gran virtud y un peligro igualmente grande: la virtud de convertir a su director (y, con suerte, también a su reparto) en grandes promesas del cine y abrirles las puertas hacia el éxito, pero, a un mismo tiempo, el peligro de pasar desapercibidas o, en el peor de los casos, de causar indiferencia, manchando así la carrera de quienes grabaron su nombre en ella. Pues bien, pongámonos en el peor de los casos, porque la huella de Ali es invisible. O al menos insustancial, muy a pesar de su presencia en festivales y de haber sido alabada por una crítica y un jurado que, tendrán que perdonarme, han caído en la trampa de las pequeñas historias que por querer (o tener que) ser sencillas, caen en la simpleza.

Ali (2011), de Paco R. Baños

Ali no es Amélie, aunque a Paco R. Baños se le haya antojado querer otorgar a este, su primer film, el encanto de la película francesa mezclándola, sin embargo, con una realidad bastante más cruda que la de Amélie Poulain. Este film no es el primero en emplear la estructura narrativa de Amélie en un intento por rememorar su éxito (y tampoco será el último). El único problema de este homenaje es que en el caso de Ali se queda en la estructura, en las intenciones (mejores o peores), en el hecho de que, por ser Ali la opera prima de su director, adquiere automáticamente el adjetivo prometedora. Y es entonces, en este momento, cuando llegan las decepciones.

Al soportar (desde luego, no disfrutar) de escasos 90 minutos de metraje, hago un intento por ahondar más allá de la superficie en busca de aquello que sus defensores ven y que su director quiso expresar. Pero por mucho que me empeño, no consigo entrar en ese mundo maravilloso de Ali del que me hablan, ni tampoco ver en este film algo novedoso. No veo en Ali sino un quiero y no puedo constante que no achaco al cine español sino, en particular, a este cineasta y a su terrible gusto para elegir a sus protagonistas (no entiendo que la crítica quiera convertir a Nadia de Santiago en la nueva actriz revelación del cine español, ni como Verónica Forqué, a la que adoré en mi infancia, puede llegar a resultar en este film tan sumamente cansina).

Paco R. Baños nos habla de sus personajes a través de los detalles. Trata de definir su personalidad empleando pequeños rasgos, planos que nos acercan a su universo cotidiano pero que, sin embargo, no logran adentrarnos en su esencia, sus motivaciones, sus miedos, sus desafíos. Como espectadores, nos quedamos en la sala de espera sin poder pasar nunca a la consulta en la que los personajes son diseccionados para a través de ello ser comprendidos. Los personajes resultan, así, sumamente planos y la conexión con ellos se torna imposible. Y como espectadora, una película en la que falla la construcción de los personajes, sumada a la escasa calidad de sus diálogos, las buenas intenciones pierden valor y con ello la película en su conjunto.

Ali (2011), de Paco R. Baños

Al final de esta película, un nuevo cliché para esté cliché llamado Ali: Ali pierde el miedo a conducir y se enamora. O se enamora y pierde el miedo a conducir, no se bien en qué orden ocurre (ni tan siquiera importa). De todos modos debí quedarme dormida en la parte en que se produce un verdadero cambio en la protagonista, o eso, o es que sencillamente ese momento de transición no existe y el director nos lleva directamente al resultado sin habernos mostrado los detalles de una muy mejorable jugada. Discúlpeme también, Sr. Baños, por no ver la poesía en ese paseo por el pasillo de los congelados del supermercado, por no creerme lo que me cuenta, por pensar que un CD no es suficiente para que su protagonista pierda de repente el miedo al amor ni una película como esta motivo suficiente para ir al cine.

El mensaje de este film es tan difuso que no logro decidir si realmente lo detesto o si lo único que me despierta es la mayor (y peor) de las indiferencias. Sea como sea, Ali es una película mediocre, con un guión indefinido, diálogos nefastos y un reparto que no contribuye a resaltar aquellos momentos de lucidez debidos únicamente a la fotografía de algunos de sus planos.

Ali (2011), de Paco R. Baños

Todo lo que la música y algunas de sus imágenes hacen por convertir a este film en una película atractiva, sus diálogos propios de una serie de bajo presupuesto se lo quitan. Esas partes en que los diálogos pretenden ser cómicos, me resultan patéticos. O eso, o ya no logro encontrar (si es que alguna vez lo hice) el encanto a los diálogos insulsos. Ali es uno más de esa miríada de films con potencial que no logran pasar de sus aspiraciones estéticas ni llegar sobresalir por culpa de una serie de desdichadas catástrofes que terminan en catastróficas desdichas más para el espectador que había depositado un mínimo interés en este film que para un director novel que no ha recibido todas las (malas) críticas merecidas.

1 estrellas