El 3D es una tecnología y, como tal, es en sí misma amoral: sin un ser humano que lo dirija, carece de un valor en sí. Por ello, es difícil emitir un juicio sobre tal modo de representación, pues quizá disguste su utilización actual, fundada en el espectáculo en gran medida. Pero, como toda tecnología, como en su momento ocurrió con el nacimiento del sonido, o el cinemascope, o el color, tiene abiertas todas las posiblidades. Y a abrir caminos con el 3D se han lanzado tres interesantes cineastas del cine europeo, Jean-Luc Godard, Peter Greenaway y el portugués Edgar Pera. Y es que los han dirigido una película colectiva en 3D, titulada 3x3D, motivada por la celebración de 2000 años de historia de la ciudad de Grimaes, en Portugal, capital europea de la cultura recientemente. que han presentado en el festival de Cannes, 3x3D, donde desean demostrar que el 3D puede servir para indagaciones artísticas y una apertura del lenguaje cinematográfico. Pero sin idealizarlo: también mostrando un cariz crítico. Este film consta de 3 capítulos independientes, y creo que la única forma posible de realizar una crítica de 3x3D es aislándolos, pues los discursos son totalmente individuales e independientes.

Peter Greenaway

Crítica de 3x3d

Peter Greenaway es un obseso de los formatos de la imagen, y siempre se ha caracterizado por integrar, dentro de su narrativa, imágenes procedentes de otros soportes, ya sea la pintura o la televisión. Y, como obseso de las imágenes, estaba claro que se iba a interesar por las posibilidades del 3D. En su capítulo ha decidido realizar un canto a la ciudad portuguesa de Guimarães y a su historia, y para ello ha tomado un soporte que ya ha demostrado su eficacia en el cine: el plano secuencia que, en su tránsito por distintos espacios, refleja a su vez el cambio del tiempo. Así, el movimiento de la cámara por el espacio es, en realidad, un movimiento por el tiempo.

Y es que la cámara de Peter Greenaway se adentra por los monasterios, iglesias, claustros y plazas de la bella ciudad portuguesa, todo ello a través de un plano secuencia que, aunque en realidad dispone de cortes, funciona como una unidad. Y en cada espacio se representa una época, con personajes con distinta vestimenta y ofreciendo la metamorfosis histórica de la ciudad: es, sin duda, una reinvención de El arca rusa, de Alexandr Sokurov, donde la historia rusa se ofrece al espectador en un único plano secuencia filmado por las estancias del Museo del Hermitage.

Crítica de 3x3D

Pero Greenaway no sólo recurre al 3D: también se lanza a nuevas aventuras de la imagen. Y es que dentro del plano, introduce efectos creados a ordenador y frases que describen acontecimientos históricos de la ciudad, en unos eslóganes que quedan sostenidos en el aire. Estas descripciones parecen emular a los carteles informativos de las ciudades turísticas, y crean la sensación de que asistimos a un viaje interactivo por la urbe: el cortometraje parece emular un vídeo turístico de una ciudad, donde se ofrece al espectador la posibilidad de hacer clic para ampliar información, Y es que Greenaway se lanza así a un juego de formatos, que parece dictar la muerte de las 2 dimensiones, pues el plano recoge una pelea de personajes que se reproduce en instantáneas en 2D que se destruyen conforme la cámara avanza.

Jean-Luc Godard

La pieza clave del film colectivo es, sin duda, la de Jean-Luc Godard, titulada "les trois desastres" (los tres desastres), que en sus siglas, 3D, supone una referencia irónica a esta nueva tecnología. En su cortometraje, el director francés emula sus histoire(s) du cinéma, pues introduce numerosas imágenes procedentes de la historia del cine reconvertidas en 3 dimensiones, e inicia así una reflexión acerca de ciertas contradicciones de la representación cinematográfica. Y es que es cuanto menos inquietante que el cine representa la mirada humana y, sin embargo, cuente con único objetivo, en lugar de disponer de un doble objetivo como espejo de los dos ojos. Por ello, el 3D vendría a subsanar esta carencia...

Crítica de 3x3D

Pero, a la vez, dicta una desconfianza hacia esta tecnología, y todo ello a través de un único e ingenioso plano: en él sitúa una cámara fotográfica mirando al público y que se presenta como doble aún con las gafas en 3D. Si te quitas las gafas, esta cámara aparece como cuádrule: de este modo, ha filmado dos objetos con dos cámaras cada uno, utilizando cuatro cámaras, en un juego de muñecas rusas que produce en el visionado los mismos efectos de desdoblamiento de la imagen que tenemos cuando nos quitamos las gafas tridimensionales en una película en 3D. De este modo, Godard sigue cuestionando los medios de la representación cinematográfica.

Y lo hace, además, introduciendo el ejemplo opuesto: aparecen, en mitad de su narración, planos sobre John Ford y Nicholas Ray, cineastas que siempre utilizaban un parche pues carecían de visión en uno de sus ojos. De este modo, estos cineastas tuertos son creadores de algunas de las obras más memorables de la historia del cine, así que, al fin y al cabo, lo destacado es la indagación en las formas con un sentido como objetivo.

Edgar Pera

Y, lo que podría ser un interesante tríptico sobre las posibilidades del 3D, termina convirtiéndose en una pesadilla con el nefasto cortometraje de Edgar Pera. En su pieza, "Cinesapiens", pretende realizar un repaso de las distintas tecnologías que han cambiado la historia del cine y las implicaciones que han tenido para el espectador. Su tesis parte de la siguiente idea: durante la etapa del cine mudo, el espectador era un espectador activo, pues colmaba el silencio con la palabra y la conversación. Sin embargo, tras la irrupción del sonido, el espectador enmudeció, y pasó de ser un sujeto activo a un voyeur. Pero, con el 3D, Edgar Pera piensa que se puede recuperar y estimular la actividad mental del espectador, obligando a una construcción de las tres dimensiones también mediante la colaboración con el público, pues éste puede indagar en los espacios a través de la mirada y focalizar su atención en lo que le interese.

Crítica de 3x3D

Sin embargo, todo se hunde cuando se reflexiona un poco: no es el cine en dos dimensiones lo que obliga a la pasividad, pues la mirada del espectador también puede deambular por la composición de un encuadre sin tercera dimensión. Y, además, todos los juegos de distanciamiento brechtiano que han impulsado directores como Godard en el cine han obligado a tomar un rol activo en el visionado. Y el cine sonoro no ha ahogado el sonido del espectador, quien puede emitir risas, llorar y conversar todavía: todo es una reducción de la realidad para poder hacer cumplir su tesis.

Pero aún peor resulta descubrir la estética de su propuesta: con el 3D desea abolir la narrativa realista y del estilo decimonónico, y pretende construir un cine de la metáfora. Pero, si niegas un estilo cinematográfico, es preciso proponer una alternativa, y lo que Edgar Pera muestra es un aborto de película, colmado de gritos e imágenes antiestéticas. Al final, parece que asistimos a una clase de cine de un director-profesor que se toma por Dios, y que trata al espectador desde su superioridad, como si fuese un sujeto pasivo e ignorante.