A pesar de la ola de frío cuasi-polar que cubre gran parte de Europa a las puertas del mes de junio, el verano empieza a olerse a este lado del Atlántico. Y aunque el espíritu viajero nos acompañe a nosotros, los amantes de los viajes, durante cada uno de los meses del año, el verano es especialmente propicio para disfrutar de esta droga generadora de experiencias inolvidables y una sensación de placer incomparable. A la espera de la entrada definitiva de la temporada estival, qué mejor plan para amenizar la espera que disfrutar con una selección de películas para viajar sin salir de casa. Abróchense los cinturones y reclinen (a ser posible) el respaldo de sus asientos. Y, sobre todo, no olviden mirar por la ventanilla durante todo el viaje.

The best exotic Marigold Hotel (2011), de John Madden

7. INDIA: The Best Exotic Marigold Hotel (2011), de John Madden

Este viaje comienza en Bangalore, destino jugoso para cualquier cineasta por su fuerza visual: India es una explosión de colores que inundan la pantalla, pero también de olores y sabores que, aunque no percibimos directamente, imaginamos. The Best Exotic Marigold Hotel es una feel good movie. Eso sí, una feel good movie con un reparto excepcional. Actores de la talla de Maggie Smith, Tom Wilkinson, Judi Dench y Bill Nighy protagonizan este exótico viaje a la India en el que se embarcan un grupo de ingleses jubilados.

Pero esperen, no se adelanten: la India que sorprende (para bien o para mal) a los protagonistas de este film no es la que esperaban. Porque India, como descubrirán los personajes de este film, no es sólo el destino turístico ofrecido por las agencias de viajes y los folletos publicitarios: es mucho más que un lugar exótico con edificios magníficos y platos especiados. Esta encantadora película muestra que la riqueza del destino está en su cultura y en sus gentes, y el placer para el viajero en descubrir y experimentar estos que son, en fin, sus más bellos y valiosos monumentos.

6. NEPAL: Katmandú, un espejo en el cielo (2011), de Icíar Bollaín

Este film es más una postal con moralina inscrita en la parte posterior que un film de calidad (más allá de la visual). Pero si de lo que se trata (y este es el caso), es de viajar sin moverse del sillón, esta película aprueba con notable alto el examen de expectativas. Siguiendo la aventura de Laia (Verónica Echegui) en Katmandú, a donde llega para trabajar como maestra, el espectador se traslada a un paraíso aislado, escondido en el valle que da nombre a la ciudad, un lugar dotado por igual de maravillas creadas por el hombre y maravillas obra de la naturaleza. En el trascurso de esta historia, basada en hechos reales, y al igual que su protagonista, el espectador/viajero caerá profunda e irremediablemente enamorado de sus paisajes gracias (sólo en parte, el lugar no necesita aditivos) a la fuerza y calidad de la fotografía.

5. JAPÓN: Lost in translation (2003), de Sofía Coppola

Lost in translation es una experiencia deliciosa. Además de ser probablemente la última película en la verdaderamente disfruté de la actuación de Scarlett Johansson, Lost in translation es uno de esos films a los que podría dedicar un listado interminable de adjetivos alabando cada uno de sus detalles. La visión ofrecida de Japón es la de dos viajeros (Scarlett Johansson y un inmejorable Bill Murray) perdidos que no han llegado a Tokio por placer pero que, al encontrarse de manera inesperada en este viaje, aprenden juntos a disfrutar de sus calles abarrotadas, sus luces cegadoras y los menús incomprensibles de los restaurantes. Tokio logra llenar su vacío y revivir todo aquello que en su interior llevaba demasiado tiempo en un profundo coma.

4. EUROPA: según Woody Allen

Barcelona, París y Roma son las protagonistas de los tres últimos films de Woody Allen en su periplo por la Europa más turística (aunque no por ello menos bella). Viajar de la mano de Allen es una experiencia diferente al resto de propuestas. Se asemeja en forma y contenido a un crucero, en el que el viaje se convierte en una sucesión de postales de los imperdibles de cada una de las ciudades visitadas, una experiencia superficial que permite al viajero tener la sensación de haber visto mucho, cuando en realidad no ha visto más que el que ha decidido quedarse en casa viendo un documental o leyendo la Lonely Planet. Esta trilogía de viajes (formada por Vicky Cristina Barcelona, Midnight in Paris y To Rome with love) es trivial y estereotípica, pero ofrece al cinéfilo viajero (o viceversa) la oportunidad de recorrer en unas horas tres ciudades europeas llenas de encanto. Y por mucho que deteste la mera idea del crucero, hacer un crucero imaginario por Europa con Woody Allen no suena del todo mal.

3. ITALIA: Genova (2008), de Michael Winterbottom

No es difícil enamorarse de Italia a primera vista. Es algo así como una reacción mecánica del cuerpo (o eso, o me he vuelto extremadamente promiscua al amar tantos lugares a un mismo tiempo). Italia en este film, como en tantos otros realizados por directores extranjeros en este país, sirve de refugio para unos personajes perdidos en busca de un nuevo comienzo. Y a mi, sinceramente, se me ocurren pocos lugares mejores que Italia para empezar de nuevo (aunque quizá debería decir que se me ocurren pocos lugares mejores que Italia. Punto). Sea como sea, la ciudad de Génova que el director británico nos ofrece no es la de las guías turísticas. Perderse por las calles de Génova se convierte en un placer compartido por la joven protagonista y por un espectador que se traslada a este laberinto para el que siempre hay una salida.

El viaje a Génova se convierte en un viaje de aceptación de la pérdida y de comienzo de una nueva vida.
Tras un comienzo dramático con el fallecimiento de la madre, la película nos traslada un nuevo pedazo de vida de esta familia que huye de su tragedia sin poder evitar que la tragedia les persiga hasta que, poco a poco, y entre las calles de esta hermosa ciudad, consigan dejarla atrás y dejarse empapar por todo lo nuevo y positivo que les espera.

2. CHINA: The painted veil (2006), de John Curran

Naomi Watts y Edward Norton interpretan a la pareja protagonista de esta historia, basada en la novela de W. Somerset Maugham en esta su tercera adaptación al cine. Podría terminar aquí: estos dos actores son motivo suficiente para ver (y disfrutar) de esta película. Pero por suerte, no son los únicos. Este drama romántico nos traslada a otra época, los años 20, y a un lugar muy lejano (y no sólo hablo de distancia física). Los paísajes son tan increíbles que les harán olvidar la epidemia de cólera que protagoniza este film en ese lugar recóndito (y bellísimo) del planeta.

1. FINLANDIA: Los amantes del círculo polar (1998), de Julio Medem

Mi historia de amor con Julio Medem sigue un curso similar al de una montaña rusa: comienza en lo alto, y con un creciente cosquilleo en el estómago y termina con una caída en picado. Este affair comenzó con este film, que marca el punto álgido de mi amor por Medem, continúa con una retrospectiva por sus anteriores films, una excitante espera de sus próximos títulos, y termina de la forma más dramática en que una historia de amor puede terminar: con un final insoportable (el de Caótica Ana) y una película que roza el porno rodada con la mirada de un artista que ha perdido la perspectiva y que olvida por completo que una película es también una historia (Habitación en Roma). Pero como en toda historia de amor, con el paso de los años, una tiende a recordar únicamente aquellos momentos felices que hubo en una relación y a olvidar los que merecen ser olvidados.

Los amantes del círculo polar es, sin duda, mi momento más feliz frente a la pantalla junto a Julio Medem. Esta es la historia de amor entre Otto y Ana (siempre me gustó tanto que sus nombres fuesen capicúa), dos niños cuyos destinos quedan unidos un día cualquiera a la salida del colegio abriendo así un círculo que sólo se cerrará en ese viaje a Finlandia, al círculo polar ártico, donde se produce el reencuentro de los amantes tras años de una búsqueda tan poética como infructuosa. Pero volvamos al viaje, al emprendido por Ana en busca de Otto, y viceversa, y al que nos invitan estos enigmáticos y magnéticos protagonistas para adentrarnos en una Finlandia salvaje y aislada y presenciar el maravilloso fenómeno del sol de medianoche. No se preocupen por la temperatura: el frío no se siente en buena compañía.