En el último clip de The Great Gatsby que se acaba de publicar Tobey Maguire se pregunta ¿quien es este Gatsby? Seguro que a la gran mayoría del público no le cuesta asimilar que detrás de tan carismático personaje se encuentra Leonardo DiCaprio, pero lo que seguro les costará un poquito más de trabajo es considerar a Carey Mulligan como una compañera de reparto a su altura. Lo cierto es que desde mi punto de vista, la comparación debería ir dirigida en sentido inverso, puesto que en su breve trayectoria, que ni siquiera abarca todavía una década, ha conseguido imponerse como una fabulosa actriz que funciona igual de bien tanto cuando es protagonista como cuando interpreta a un personaje secundario.

Carey Mulligan en The Great Gatsby

Seguro que pocos se imaginaron cuando la vieron en Pride & prejudice, que después de un intenso período televisivo, se colaba ocasionalmente en alguna película mainstream, como Public Enemies o Wall Street: Money Never Sleeps, en las que pasaría un tanto desapercibida, consiguiendo convertirse en una auténtica musa del cine independiente a través de sus colaboraciones con cineastas, sobre todo, europeos. Estoy convencido de que, incluso aunque no relaciones su cara con su nombre, si repaso algunas de sus interpretaciones más memorables, conseguirás ubicarte enseguida.

A las puertas del Oscar

Después de participar en ulna película comma And when did you las see yogur father? y protagonizar The greatest, junto a Aaron Taylor-Johnson, Pierce Brosnan y Susan Sarandon, esta joven actriz británica conseguía colarse por sorpresa y sin avisar entre las actrices nominadas a un Oscar por su interpretación de Jenny Mellor en An education. Dirigida por Lone Scherfig que adaptaba la historia autobiográfica de la periodista Lynn Barber, Carey Mulligan interpretaba a una enamoradiza adolescente que se debatía entre seguir el consejo de su padre y estudiar una carrera universitaria, o entregarse por completo al amor que le brindaba quien finalmente resultaba ser un embaucador que ya estaba casado. Una interpretación brillante y emotiva que nos brindaba la oportunidad de fijarnos en una actriz con la capacidad de parecer ingenua e inteligente a la vez, fascinante y cautivadora físicamente, y definitivamente arrolladora emocionalmente.

No queremos que se vaya nunca

Un año después de participar en Brother, versión en inglés dirigida por Jim Sheridan de una película sueca de Susanne Bier, volvía a coincidir con Keira Knightley en el reparto de Never let me go, salvo que en este caso los roles se invertían y la que fuera protagonista de Pride and prejudice era aquí secundaria, consiguiendo Carey Mulligan uno de sus personajes más logrados hasta la fecha con su interpretación de Kathy. A partir de una novela de Kazuo Ishiguro, adaptada para la gran pantalla por Alex Garland, Mark Romanek conseguía guiarnos por un mundo distópico en el que el destino estaba marcado desde el momento del nacimiento para algunos. Una de las películas más sorprendentes de ese año, al menos para un servidor.

La consagración como musa independiente

Hace dos años Carey Mulligan coincidía por partida doble en cartelera con dos películas (casi de culto) en las que interpretaba personajes secundarios. Por un lado era Sissy, la hermana neurótica de Brandon en Shame, el drama sexual dirigido por Steve McQueen que le valía a Michael Fassbender el premio al mejor actor en Venecia. Sí, él estaba muy bien, pero lo que a un servidor más le gustó de la película siguió siendo Carey Mulligan. No sé si tanto por las contradicciones de su personaje como por su capacidad para conseguir que el espectador creara empatía con un personaje tan poco agradecido.

El caso es que sólo unos meses antes, ya había acaparado la atención de todos por su participación en Drive, la película con al que Nicolas Winding Refn se hacía con el premio al mejor director en Cannes. Aquí Carey Mulligan era Irene, la tierna y preciosa vecina del personaje interpretado por Ryan Gosling, que vivía con su hijo mientras esperaba que su marido saliera de la cárcel. El azar y los problemas interpuestos por las malas acciones de su vecino y su propio marido, provocaban que Irene siguiera su camino por su cuenta.

¿La consagración definitiva?

Por un lado me encantaría que se pusiera en posición de poder escoger entre todos los proyectos que le propongan, aunque algo me dice que ya lo está haciendo. Por otro lado, no quisiera que se perdiera entre los trucos y falsedades del cine comercial made in Hollywood, aunque sospecho que no se dejaría atrapar en esas lides. Por eso no me importa lo que pase después del estreno de The Great Gatsby, que supone el retorno de Baz Luhrmann a ese universo musical lleno de plumas y excesos, porque, para un servidor, Carey Mulligan seguirá siendo la musa del cine independiente, además de uno de los valores en alza actuales a tener muy en cuenta.