Ha pasado sólo un año desde el estreno de The lucky one y Nicholas Sparks (The Notebook, Dear John) ya vuelve a la carga con este drama (o, mejor dicho, dramón) romántico para que no nos olvidemos de él y su ya habitual cita con la gran pantalla. Estados Unidos celebraba el día de San Valentín con el estreno de Safe Haven, la nueva película de la factoría Sparks. A nosotros, por suerte, nos llega algo más tarde para evitar el empacho de azúcar y hormonas que la mezcla San Valentín-Sparks provocan. Dirigida por Lasse Hallström, Safe Haven es la segunda novela de Sparks que el realizador sueco lleva al cine tras la insufrible Dear John (2010). Si han sufrido el metraje insoportable de esta última, sólo un ataque de fe podría llevarles al cine a ver Safe haven. O eso, o un amor nostálgico por quien un día dirigiese films como Chocolat, The cider house rules, What´s eating Gilbert Grape? o My life as a dog.

Cartel de Safe Haven (2013), de Lasse Hallström

El film arranca con cierta intensidad: la joven Katie (interpretada por la actriz-cantante-bailarina Julianne Hough) protagoniza una huida acelerada y confusa en mitad de la noche. Pero esta intensidad propia del thriller dura 3 escasos minutos tras los que, de golpe, uno se sitúa: estamos ante la 7ª adaptación al cine de una novela de Mr. Sparks. Sólo la banda sonora da ganas de llorar (aún no se si esto es bueno o malo). Huyendo de un pasado oscuro que se nos desvela a través de breves flashback, Katie llega a Southport, un minúsculo pueblo en la costa de Carolina del Norte: el lugar perfecto para refugiarse. Cuando ella y el tendero del pueblo (el atractivo Alex, padre viudo de dos hijos, interpretado por Josh Duhamel) cruzan las primeras palabras puede intuirse sin dificultad el final de esta historia. Aunque, no pierdan esa fe que les llevó a darle una oportunidad a Safe haven: contra todo pronóstico, llegarán las sorpresas.

Si hay algo que me sorprende de esta película es como, según la experiencia de la protagonista, conseguir trabajo y mantener el pelo limpio sin haberse duchado parecen ser retos igual de sencillos de alcanzar en América. Pero dejando al margen los ridículos engaños de Hollywood (siempre me ha fascinado el hecho de que en las películas se despierten con el maquillaje intacto después de toda una noche bajo las sábanas), la pareja formada por Julianne Hough y Josh Duhamel termina resultando atractiva y encantadora (no sé bien si estaré diciendo todo como efecto secundario de la droga Sparks). Completa el elenco la brillante y bellísima Cobie Smulders quien, sin embargo, me resulta demasiado, demasiado cool para esta película y no termina de encajar en su papel de vecina y mejor amiga de Katie con la que, por cierto, no tiene absolutamente nada en común.

Safe haven (2012), de Lasse Hallström

Safe haven es, por encima de todo, una película sobre las segundas oportunidades. Segundas oportunidades para los protagonistas, que tratan de rehacer sus vidas tras los golpes que les ha dado la vida, pero también segundas oportunidades para un Sparks que llevaba una década sin escribir una historia decente. Yo no sé si aún quedará alguien que lea sus novelas, pero lo que está claro es que aún tiene un público fiel que le sigue en cada una de las películas que se realizan basadas en sus historias dignas de culebrón de Antena 3 de sábado por la tarde. Pero, oigan, no lo tomen como una crítica: los culebrones de fin de semana también tienen su público.

Si algo sabe hacer este hombre al que tanta manía tengo (véase Mr. Sparks) es construir historias efectivas para las masas. Eso, y plagiarse a sí mismo. O se le han acabado las ideas (lo cual no me sorprendería, esta clase de historias tienen sus límites) o explíquenme si no cuál es el motivo de su descarado autoplagio. Por más que busquen, no lograrán encontrar en sus historias nada que no hayan visto ya antes (y en repetidas ocasiones). La escena de la canoa en Safe haven es un calco de una escena de The Notebook, en la que también empieza a llover de repente y los amantes se besan bajo la lluvia (quién no recuerda el famoso beso entre Ryan Gosling y Rachel McAdams). También conocida es la presencia de las cartas en las historias de Sparks, cartas que juegan un papel fundamental en las vidas de los protagonistas y que cargan con un importante peso argumental.

Escena de la canoa en The Notebook y Safe haven

Por suerte para nuestro querido Lasse, las adaptaciones previas de novelas de Sparks han tenido resultados verdaderamente lamentables desde el punto de vista cinematográfico (a excepción de The Notebook que, he de reconocer, odié la primera vez que la vi y logré digerir sólo en un segundo visionado).

Lo mejor de películas como Safe haven y todas las de la factoría Sparks es que tienen la capacidad de gustarle tanto a mi madre como me gustaron a mí o como podrían gustarle a la hermana adolescente de cualquiera de mis amigas. La diferencia entre mi madre y yo y cualquier adolescente es que nosotras olvidaremos este film tan pronto como abandonemos la sala y la hermana de mi amiga terminará por tatuarse el nombre del protagonista allá donde la espalda llega a su fin.

A medio camino entre el culebrón y el thriller, la historia tiene algo del cine negro nórdico. Un thriller aderezado con altas dosis de romanticismo, eso sí (Mr. Sparks, piense usted en los peligros de la diabetes). La historia es de manual básico de escritura de bestsellers, pero ya les digo, también hay lugar para alguna que otra sorpresa satisfactoria. Para ser una película de sábado por la tarde, al menos uno se levanta del sofá con la sensación de que oye, después de todo, no ha sido tan mal sábado.

Safe haven (2013), de Lasse Hallström

Yo ya les avisé: soy una romántica empedernida. Así que, llegados a este punto, he de reconocer que esta vez me he dejado conquistar por Mr. Sparks y he disfrutado (y derramado alguna que otra lágrima facilona) con esta película. Aunque mejor no prueben a preguntarme dos veces, o me veré obligada a negarlo. Y algunos me devolverán la crítica plasmada en este artículo a la narrativa de Sparks por aceptar haber pasado una buena tarde de sábado en el sofá viendo este film. Pero es que satisfacción y calidad son dos conceptos que no van necesariamente unidos. Porque no es lo mismo (e irremediablemente Alejandro Sanz y su odiosa canción se cuelan en mi cabeza) proporcionar entretenimiento que ser recordado. Palabra de cinéfila.

2 estrellas