A veces, cuanto más esperas de una determinada propuesta, como TRON: Legacy, lo más fácil es acabar decepcionado. No tanto por el esfuerzo del equipo que está detrás de la producción, que seguro fue excepcional, como por la presión de enfrentarse ante la secuela de una películas ante la que cada espectador tenía sus propias expectativas: mientras uno querían volver a vivir la misma experiencia, otros querían saber cómo continuaba la historia, fracasando relativamente en ambos sentidos. El arrollador estreno de Oblivion, la segunda película de Joseph Kosinski, que en su primer fin de semana y teniendo todavía pendiente su estreno en los Estados Unidos para el 14 de abril, ha recaudado la nada desdeñable cifra de 61,1 millones de dólares, poco más de la mitad de su presupuesto, que fueron 120 millones de dólares. Lo que, desde mi punto de vista, no quiere decir otra cosa que se puede sacar mucho mayor partido de Jospeh Kosinski cuando trabaja con material propio que cuando parte de material ajeno.

Cartel para la crítica de Oblivion

Sí, es cierto que el tráiler de Oblivion daba la impresión de que íbamos a encontrarnos con otra película realizada a base de remix, cortando y pegando de las películas de ciencia ficción que habían cosechado buenos resultados o que le habían gustado a su director. Y en cierta manera así es, salvo que han tenido la prudencia de engañarnos, de no contarnos en realidad la auténtica trama de la película. Han conseguido despistarnos para facilitar la entrada en una trama que partiendo de una premisa familiar, se desarrolla hacia otros territorios. Y sí, las referencias están, pero se me antoja que la inspiración no debemos buscarla tanto en el cine sino en los autores de ciencia ficción que inspiraron muchas de ellas. Me estoy refiriendo a escritores com Philip K. Dick, Ray Bradbury, Isaac Asimov y Arthur C. Clarke.

Y el caso es que no menciono todo esto como algo negativo de Oblivion, sino todo lo contrario. Es como si Joseph Kosinski y su equipo hubieran querido ir un paso por delante y aprovechar las convenciones que todos esos autores han creado para un tipo de literatura fantástica que pretende hacer reflexionar, más que entretener, y hayan diseñado su película en base a unos clichés y estereotipos reconocibles a simple vista por el espectador, para profundizar en otra dirección. No quiere esto decir que todo en Oblivion sea válido y certero. El guión de Michael Arndt y Karl Gajdusek no consigue superar ciertos defectos y contradicciones. Por un lado puede molestar la reiteración de ciertas explicaciones, sobre todo cuando al final dejan ciertos cabos sueltos para que se a el espectador quien termine de atarlos. Y en ese sentido, quizás defraude relativamente un final en el que pretenden ser originales a la vez que ceñirse a un happy ending en consonancia con el cine comercial tradicional. Pero al menos los personajes de la película están bastante bien dibujados, así como los giros y la evolución de los acontecimientos.

Tom Cruise y Olga Kurylenko en la crítica de Oblivion

El diseño de producción consigue un perfecto equilibrio entre belleza y funcionalidad, y no debemos extrañarnos de que nos recuerde al de TRON: Legacy, porque ambos están realizados por Darren Gilford. Y el chileno Claudio Miranda vuelve a proporcionar una extraordinaria fotografía en la que, en la misma línea que el diseño de producción, el esplendor visual está al servicio del relato, en lugar de ser a la inversa. Es posible que escuchemos ecos de los acordes que Angelo Badalamenti compusiera para alguna de las bandas sornas de David Lynch en la partitura compuesta por M.8.3, pero lo cierto es que dentro de la película la banda sonora funciona a la perfección. Intuyo que las canciones insertadas de manera diegética en Oblivion no están seleccionadas por Anthony Gonzalez y Jospeh Trapanese, y eso sí que me parece un error, porque se percibe la disparidad de criterios, por mucho que estén en sintonía con lo que probablemente el propio Tom Cruise hubiera escogido.

Andrea Riseborough en la crítica de Oblivion

Eso sí, todos los miembros del reparto consiguen reflejar las profundidad y contradicciones de sus personajes. Es posible que el más plano, mira tu por donde, sea el que interpreta Morgan Freeman, pero quizás porque su personaje tiene una aparición más reducida que el triángulo protagonista. Me sorprende gratamente la capacidad de Olga Kurylenko que hasta la fecha tan sólo me parecía una actriz del montón, sin duda porque el tipo de producciones en las que se había involucrado no le exigían más. Mención especial -esto si que no puedo evitarlo- para Melissa Meo, que consigue arrancar un abanico de sensaciones en el espectador con la mera aparición en una pantalla de ordenador. Y no me olvido de Andrea Riseborough y Tom Cruise, desde luego, que se entregan en todos los sentidos, consiguiendo una precisión en los sentimientos que transmiten en sus miradas que, por lo menos en Tom Cruise, no lo habí avisto con tanto acierto hasta la fecha.

Melissa Leo en la crítica de Oblivion

Pero quien verdaderamente saca adelante la película es la poderosa capacidad de Jospeh Kosinski para transmitir visualmente tanto las emociones de todos esos personajes, como la complejidad de un relato mucho más ambicioso de lo que en primera instancia pudiera parecer. Entretenida y dinámica, sin ser exactamente una película de acción, Oblivion consigue que nos dejemos arrastrar por un relato emocionante que te permite sacar tus propias conclusiones de lo que has visto, a la vez que la identificación con la realidad contemporánea en la que el origen de la información, ya no siempre determina su veracidad.

3 estrellas