Los Ilusos, la segunda obra de Jonás Trueba, es una película imperfecta, y no funciona respecto a las convenciones narrativas tradicionales. Pero es que la propia obra se erige en un manifiesto de la imperfección, de la no conclusión: es un cine en gerundio, que se va haciendo en el rodaje y el montaje, sin previsión (pues carecía de guión), como una forma en tránsito que avanza y cambia; y también se hace en el visionado, pues el espectador debe reunir los fragmentos de vida en un todo cambiante. Por ello, es una película fallida, pero esta idea funciona más a la manera de un elogio, pues la crítica de Los Ilusos va a la hegemonía de la narrativa convencional, achacando en ella un distanciamiento de la vida.

los ilusos

Los Ilusos es una obra configurada por sus propias condiciones materiales. Jonás Trueba utilizó una super 16 mm de su tío David Trueba, celuloide caducado de amigos, en un blanco y negro que facilite el rodaje y sin un calendario de rodaje, ejecutado en 22 jornadas entre noviembre de 2011 y junio de 2012. Y es imposible destacar la sinopsis, porque la sinopsis de Los Ilusos es, en realidad, un fragmento de vida de sus personajes. Unos personajes que son personas más que personajes: Jonás retrata a sus amigos en sus conversaciones, parte de su personalidad para construir los personajes, tratando de alterar lo mínimo la realidad; de ahí la sensación de naturalismo de sus actuaciones. Personajes que son ilusos, pero en el sentido de ilusionistas, de vivir del cine (la ilusión óptica), sin definirse por su ocupación laboral fija.

Lo que Jonás desea es retratar el entretiempo, lo no significativo, aquello que se deshecha en una narración por falta de vigor narrativo. Su cine está plagado de tiempos muertos o conversaciones no necesarias para el avance de la trama, de literatura en Todas las canciones hablan de mí, y más de cine en Los Ilusos. Pero es que su trama es, en realidad, la propia vida, sin estructuras, en su misma deriva. Por ello, es interesante la elección de las secuencias: sus protagonistas son jóvenes actores y un director (interpretado por un desconocido Francesco Carril) que desea hacer una película sobre el suicidio, y filma no el rodaje de sus películas o los ensayos, sino las conversaciones que emergen en la planificación de los proyectos. Porque el cine es la fabulación de la idea, la construcción de un personaje, y no simplemente la producción o el rodaje: el cine está en el mismo diálogo sobre el cine.

los ilusos

Los Ilusos es una ficción a la que se le ven las costuras, y por ello, se convierte en cierto modo en un documental, pues el film también es el documento de un rodaje. Y es que Jonás Trueba nos muestra cómo se ha construido esa ficción, explicita las marcas del rodaje, las huellas del montaje: nada es transparente. Una escena ficcional es interrumpida por la cámara o por las claquetas, o por algunas vivencias del propio Trueba en el proceso de rodaje, algo que crea una paradoja con la historia narrada, pues los personajes hablan de cine y no llegan a rodarlo.

Y la vertiente metacinematográfica llega a convertirse en un diario fílmico, pues recoge algunas experiencias paralelas que vivía el director en la creación cinematográfica. Así, el film se aproxima al cine-diario de Jonas Mekas en este sentido: una voz, la del director, que filma acontecimientos cotidianos, casi por azar, y que introduce su voluntad en su selección. Del mismo modo que Jonas Mekas filma la belleza mientras la narra con su voz tras la cámara, Jonás Trueba (por azar tocayo del lituano-estadounidense) decide redirigir su cámara hacia los tejados de Madrid para observar la belleza que irradia el paisaje. Así, su voz interpreta la imagen filmada por azar, como Jonas Mekas en su cine.

los ilusos

Pero lo interesante es la profunda imbricación entre ficción y documento de rodaje, que deviene en metaficción, al crear un nivel más de comprensión del mundo ficcional. Pero lo metafílmico adquiere aquí otra entidad, diferente a su sentido en el cine de la modernidad: Jonás no busca distanciar al espectador, ni crear un efecto brechtiano para impedir la sumersión en la historia. Su sentido es el contrario: desea anclar el rodaje dentro de la realidad, crear en el espectador la sensación de que toda ficción es, al fin y al cabo, una transformación de la realidad y, como tal, emana de ella. Su deseo es crear una naturalidad en el tránsito entre la ficción y lo metaficcional, entrar y salir sin barreras, concibiendo el rodaje como una realidad. Además, aparece Javier Rebollo como personaje, haciendo un homenaje así al cine contemporáneo español.

Y en su discurso contra el cine convencional, establece una ironía acerca de la muerte del cine, título de uno de los capítulos en que se divide el film: el protagonista compra cintas de VHS que son pisoteadas, después, por dos niñas conocidas por Jonás Treuba. Las cintas pasan de la ficción, donde son signos de arte, a la realidad, donde mueren en un juego infantil. Pero es una muerte irónica, pues Los ilusos certifican una muerte de un cine narrativo para tratar de crear algo amorfo, sin definición precisa. Eso sí, quizá haya un problema respecto a los pasajes elegidos, pues hay escenas que carecen de interés y pueden aburrir, pero por lo demás, es una obra en plena metamorfosis.

los ilusos

3 estrellas