El cine canadiense contemporáneo (que cuenta con figuras tan brillantes como Xavier Dolan-Tadros, Denys Arcand o Atom Egoyan) bien merece ser tratado en este espacio dedicado a ese cine que posee cualidades extraordinarias que convierten a sus films en algo más que una de las múltiples películas que se estrenan cada semana en nuestras pantallas y que olvidamos en el momento en que las luces se encienden y abandonamos la sala. El cine canadiense también existe, y es de una calidad, tanto en su factura como en las historias que narra, incomparable. En esta ocasión, el film dirigido por Denis Villeneuve se convierte en protagonista de nuestro Cine Imprescindible: Incendies (2010), película nominada al Oscar a la Mejor película de habla no inglesa y ganadora del premio a la Mejor película canadiense en el Festival de cine de Toronto.

Cartel de Incendies (2010), de Denis Villeneuve

Si pronuncio la palabra thriller, me hablarán de intrigas políticas, de dramas policiacos, de gángsters y agentes de la CIA, pero es probable que no mencionen, ni tan siquiera imaginen, que un film como Incendies, un drama familiar a caballo entre el Líbano y Canadá, sea un thriller: y un thriller de los buenos. El buen cine de suspense es el que logra mantener el interés y la atención del espectador hasta el último momento, y si alguien al ver esta película intuía el dramático final de la historia, me encuentro en el deber de felicitarle por sus asombrosos poderes de adivinación, porque su desenlace es verdaderamente sorprendente. Basada en la obra de teatro homónima del escritor canadiense de origen libanés Wajdi Mouawad, Incendies es una película dividida en actos que logra liberarse de toda teatralidad y adquirir entidad propia como film al margen del origen de su historia. Sus capítulos demarcados sitúan al espectador frente a un diálogo entre el pasado y el presente, saltos temporales que se producen sin que en ocasiones podamos apreciarlo, pero que logran unir dos generaciones a través de este relato alternado.

Definida por su director como una historia moderna con elementos de tragedia griega, Incendies se sitúan en un escenario físico y temporal impreciso (que reconocemos como el Líbano de la década de los 70 y el Québec actual), a través del cual Denis Villeneuve trata de otorgar un carácter universal a esta película que, a pesar de tener como base el conflicto religioso, trata más sobre la familia que sobre la propia guerra. Se trata de un relato intimista que incomoda, hace daño y despierta sentimientos encontrados similares a los de la madre protagonista, abocada a descubrir su trágica verdad.

Incendies (2010), de Denis Villeneuve

El film da comienzo con dos personajes: los mellizos Jeanne y Simón Marwan, que son citados en el despacho de Lebel (interpretado por Rémy Girard), el notario encargado de leerles el testamento de su recién fallecida madre, Nawal Marwan, verdadera protagonista de esta historia. En su testamento, Nawal entrega a sus hijos dos cartas: una de ellas para un padre al que creían muerto y la otra para un hermano cuya existencia ignoraban. A partir de este momento, Incendies se convierte en una búsqueda: la de un padre y un hermano para ellos desconocidos que termina convirtiéndose en un encuentro inesperado con la historia de una madre cuya vida estuvo llena de secretos. La búsqueda conduce a los gemelos, primero a Jeanne, más tarde a un Simón que teme descubrir la verdad, al Líbano y a un recorrido así, a través de diversos personajes, del pasado de su madre. Con el conflicto civil en Líbano entre musulmanes y cristianos de fondo, la historia de Nawal se convierte al tiempo en un gancho para sus hijos y para el espectador, que se deja atrapar por las suaves garras de la historia hasta llegar a la meta y resolver el misterio.

Incendies (2010), de Denis VilleneuveEl resultado es una película conducida con maestría de principio a fin, con el incuestionable talento del director canadiense para captar hasta el más mínimo detalle y transmitir a través de ellos, y con una imagen absolutamente impecable. Pero Incendies es también una historia fascinante protagonizada por una maravillosa Lubna Azabal (en el papel de Nawal Marwan) cuyo personaje nos hace volver a creer en la capacidad del amor para el perdón y el olvido.

Su genialidad reside en la narración magistral de una historia compleja a través de una serie de pistas entregadas de manera inteligente de modo que el director regula a su antojo la intriga y convierte al espectador en un adicto a sus imágenes hipnóticas a la espera de la entrega del siguiente indicio. Hagan algo mientras disfrutan de este maravilloso film: recopilen todas estas pistas, como si de piezas de un puzzle se tratasen, hasta el final de la película y se sorprenderán al comprobar que todas ellas encajan a la perfección formando en su conjunto una obra sublime.

Incendies atrapa desde su comienzo, con un opening digno de mención y alabanza que transmite una sensibilidad de la que todo el film está dotado (a pesar de su dureza). El tema You and whose army? de Radiohead acompaña a unas imágenes que quedan tatuadas a fuego y vuelven a aparecer en la mente del espectador una vez el misterio ha sido resuelto. Si ya su comienzo es prometedor, Incendies ofrece uno de los mejores finales de la historia del cine reciente. No importa las veces que la vea, ni tampoco que ya conozca cuál será el desenlace de la historia, el final de este film redondo es tan brillante como escalofriante. Sin desmerecer a la excepcional Haeven (In a better world), dirigida por Susanne Bier y ganadora del Oscar a la Mejor película de habla no inglesa en su 83ª edición, Incendies merecía hacerse con este premio casi tanto como merece hacerse un hueco en cada una de vuestras pantallas.