Casi nueve décadas lleva el icónico personaje de Disney, Mickey Mouse, rondando por nuestras pantallas en su diseño en 2D. Nueve décadas que constituyen, también, la historia de uno de los estudios de animación más potentes del panorama internacional, fundado en 1922, y que han logrado construir obras clave de la animación mediante la técnica del dibujo a mano en 2D. Y ahora, cuando en las carteleras se agolpan los títulos en 3D y realizados por animación a ordenador, la animación tradicional languidece, ha entrado en un proceso de declive en EEUU, y por ello, Disney ha decidido una drástica medida: la desaparición progresiva de la rama de animación tradicional de Disney, pilar fundamental de la historia del estudio.

the princess and the frog

Y es que Disney está ejecutando una reajuste de su plantilla para adecuarse a los nuevos tiempos y modelos económicos, y eso ha llevado al despido de más de 150 empleados de diversos departamentos. Y el de animación tradicional de Disney ha sido uno de los más afectados, pues 9 animadores del dibujo a mano han perdido sus empleos recientemente, mientras que el resto están siendo convocados a reuniones que podrían determinar su próximo despido. Y es que la animación tradicional de Disney no logra remontar ni siquiera a través de sus grandes éxitos del pasado, pues las ventas en DVD han caído en picado, y esa fuente de ingresos del estudio ha desaparecido; por ello, han debido concentrarse en aquellas ramas que, al parecer, van a crear beneficios en el futuro. Además, el estudio intentó estrenar obras míticas en 3D en los cines, pero el público no respondió a la llamada.

Cuando John Lasseter entró en el estudio en 2006, prometió una película de animación tradicional de Disney cada dos años, pero pronto sus palabras perdieron su autoridad por las pruebas de la realidad. Y es que, desde entonces, sólo se han estrenado dos películas de animación de Disney, The princess and the frog (Tiana y el sapo), un intento de deconstrucción del cuento de hadas tradicional a la manera de Shrek, que sin embargo, no tuvo el éxito esperado. Y en 2010 produjeron la última obra de animación tradicional de Disney, y fundamentalmente por motivos estéticos, pues era una continuación de una serie de televisión dibujada a mano, Winnie the Pooh; un film que fue directamente enviado al mercado del DVD, sin pasar por salas y, por lo tanto, no tuvo mucha visibilidad. Y, en los próximos 4 años, no hay ningún plan de realizar un film de animación tradicional de Disney.

Pero, ¿acaso caducó el cine mudo con la llegada del cine sonoro? Autores como el canadiense Guy Maddin, o el finlandés Aki Kaurismäki con Juha (en mayor medida que The Artist o Blancanieves) han demostrado que el cine mudo está tan vivo como en sus orígenes, y que simplemente es otra forma de representación, que impone obstáculos pero, a la vez, permite acceder a otras visiones diferentes a las del cine sonoro. ¿Acaso murió el formato 4:3 de pantalla con la llegada del cinemascope? Películas como Post Tenebras Lux, de Carlos Reygadas, o Laurence Anyways, de Xavier Dolan-Tadros, ambas presentadas este mismo año, han encontrado un magnífico soporte para sus indagaciones artísticas en el 4:3.

Y lo mismo puede decirse de la animación tradicional, que pese a la mayor inversión en tiempo para su ejecución, es igual de necesaria para la expresión cinematográfica que el 3D, pues ofrece texturas diferentes, que a ciertas historias se adecuan mejor. Y también encontramos ejemplos de obras cumbre de la animación realizadas mediante la técnica de animación tradicional, como la irónica visión de la revolución iraní en Persépolis, o el turbador análisis de las secuelas psicológicas de un conflicto armado en Vals con Bashir, de Ari Folman. Además, Disney se ha alzado con el Oscar a mejor cortometraje de animación con The paperman, una pieza que, sin duda, pretende recuperar el sabor de la animación tradicional. Pero en Hollywood, parece que todo invento tecnológico supera al anterior, cuando en las artes, las formas de expresión se acumulan, pero no necesariamente se han de sustituir siempre. Quizá la animación tradicional de Disney quede, ahora, como pieza del futuro museo del cine de Hollywood.