Tal día como hoy, hace treinta y tres años, fallecía el mago del suspense, Alfred Hitchcock. Uno de esos atípicos modelos de cineasta que a pesar de hacer cine en Hollywood fuera encumbrado por los militantes de la Nouvelle Vague a la categoría de autor. De hecho, su influencia se ha dejado notar en cineastas tan variados y diferentes como Brian De Palma, Martin Scorsese, Claude Chabrol, Roman Polanski, David Lynch o François Truffaut. Precisamente el cineasta francés publicaría uno de los libros de cabecera de cualquier cinéfilo, El cine según Hitchcock, una conversación entre ambos cineastas a través del que repasaban toda su filmografía, desde los tiempos del cine mudo en Gran Bretaña hasta la última de las películas que había rodado en aquel entonces, Marnie. Precisamente el año pasado surgían dos títulos que revitalizaban el interés por su obra y figura para las nuevas generaciones a través de Hitchcock, un biopic centrado en la relación que mantenía con su esposa y colaboradora, Alma Reville, durante el período concreto del rodaje de una de sus obras maestras, Psycho, y The Girl, una Tv-Moive centrada en una relación muy diferente, la que mantuvo con una de sus última musas, Tippi Heddren, durante el rodaje de The Birds. Nosotros no hemos querido desaprovechar la oportunidad de rendirle tributo y les proponemos un ejercicios a la altura del sentido del humor del cineasta británico, repasando los estereotipos, clichés y características del cine de Hitchcock a lo largo de su filmografía.

Características del cine de Hitchcock

1. Rubias ingenuas y morenas peligrosas

Puede parecer simple, pero en el cine de Alfred Htichcock podemos distinguir a las chicas malas de las buenas por su color de pelo. La fascinación que Hitchcock sentía hacia las rubias, hacía de ellas el personaje principal de una película, que independientemente de que fueran buenas, malas o escondieran algo turbio detrás, siempre eran las protagonistas. De esta manera las morenas quedaban relegadas a una posición secundaria, bien ejerciendo de malas o sospechosas, bien como amenaza para que las rubias alcanzaran sus objetivos. Esto llevó a establecer un estereotipo en sus protagonistas que favoreció a actrices como Joan Fontaine, Ingrid Bergman, Grace Kelly, Vera Miles, Janet Leigh o Tippi Heddren, que quizás fueron sus rubias favoritas.

Es cierto que podemos apreciar una evolución en este estereotipo, no sé si tanto a medida que ampliaba su filmografía o por las cualidades de las diferentes actrices. Madeleine Carroll sería su primera musa, en la etapa británica protagonizando títulos como The 39 steps y Secret agent en la que encarnaría un perfil de mujer quizás vícitma de las apariencias en un principio, pero que sabía tomar partido por una causa cuando descubría la verdad. Algo que contrasta con los personajes que hacía Joan Fontaine en Rebecca y Suspicion, una rubia tímida y provinciana, culta, pero temerosa de todo, mientras que Ingrid Bergman era una mujer mucho más contemporánea, preparada intelectualmente y completamente decidida en Spellbound y Notorious, aunque siempre acabara presa de sus sentimientos. Grace Kelly introdujo una sofisticación que integraba estos dos modelos en Dial M for Murder, Rear window y To catch a thief, mostrándose como una mujer polifacética que tanto podía ser la mejor anfitriona en casa, como una valiente y decidida heroína en los momentos más peligrosos.

Aunque Vera Miles supusiera su gran decepción personal, al abandonar el cine en favor de una vida familiar, quizás él propio cineasta había captado esa futura condición familiar de la actriz, dándole los personajes femeninos más tradicionales de su filmografía en títulos como The wrong man y Psycho, así como Tippi Heddren encarnaría el colmo de la sofisticación en The Birds y Marnie, en la que ofrecía dos retratos de mujeres total y absolutamente independientes que sabían lo que querían y no dudaban en ir a por ello. Después están Madeleine Carroll, Carole Lombard, Marlene Dietrich, Anne Baxter, Doris Day, Kim Novak, Eva Marie Saint, Janet Leigh, Julie Andrews o Karen Allen, que quizás aportaron retratos más ambiguos y eficaces, al participar cada una de ellas en una sola película de Hitchcock y no estar ligadas sus interpretaciones a ninguna otra de sus películas.

No porque las morenas no fueran sus musas, tuvieron un papel menos importante, pero mientras unas eran deliberadamente feas -como Judith Anderson en Rebecca-, otras no se mostraban como heroínas deseables -como Tallulah Bankhead en Lifeboat-, eran mujeres viudas negras -como Alida Valli en The Paradine Case*-, bobas crédulas -Jane Wyman** en *Stage Fright*-, novias abnegadas -Ruth Roman en *Stranger on a Train*-, o simplemente morían -Suzanne Pleshette en *The Birds*. Casi más significativa resultaba la metamorfosis de Kim Novak en *Vertigo*, que como rubia resulta fascinantemente atractiva, mientras que como morena parecía una pepona destinada a convertirse en una ama de casa vulgar.

2. Objetos y significados

Los objetos tenían un interés particular para Alfred Hitchcock, no por su forma o estética, ni siquiera por el sentido denotativo que se les puede atribuir, sino porque a menudo servían como metonimia que proporcionaba al espectador información sobre personajes y el relato. En una película como Notorious una llave era clave para acceder a un lugar secreto, lo que proporcionaba a tan menudo objeto de un poder realzado por unos descomunales planos detalle. Precisamente la ausencia o presencia de ese objeto en un plano, provocaba una poderosa ansiedad en el espectador, al evidenciar una manipulación deliberada por el villano de la película. Quizás las botellas de vino en las que estaba almacenado el uranio, no fueran tan importantes como esa taza de café que le ofrecían a la heroína, que servía para dar a entender lo que estaban haciendo con ella.

Pero uno de sus objetos predilectos eran, sin duda, las gafas, que tanto servían para evidenciar la ceguera voluntaria de la protagonista de Suspicion cuando se las quitaba voluntariamente, como para revelar la verdad a la hermana de la protagonista de Strangers on a train cuando se las volvía a poner. En la misma película hacía un uso diferente del mismo objeto, distorsionando la cara de un personaje tan caprichoso y antipático como la esposa de Guy Haines, que todavía parecía más ridícula detrás de una gafas con cristal grueso, que además servían para proporcionar un momento de gran fuerza visual en una de las secuencias más turbadoras.

También la secuencia de presentación de la adaptación de la novela de Patricia Highsmith servía para identificar las diferentes personalidades de los protagonistas a través de sus zapatos, así como varios elementos de Vertigo, como un moño o un collar, resultan clave para la resolución de al historia, al igual que la peluca cumple las mimas funciones semánticas en Psycho, que las gafas en otras. ¿Y qué me dicen de las rallas de la caja que transporta el niño de Sabotage, cada una de las letras R bordadas de Rebecca, los objetos a los que se aferra la protagonista de Lifeboat, las crisis que sufría el protagonista de Spellbound ante ciertas señales, o ese pedazo de cuerda que tanto significado adquiría en Rope?

HOmbres corrientes

Al contrario que los modelos femeninos, los masculinos eran mucho más planos y sencillos, siempre destinados a transmitir confianza en el espectador, como si del vecino de al lado se tratara. De cualquier manera, es cierto que encontramos un contrapunto en el modelo que representaba ese falso culpable que a menudo protagonizaba sus películas. El primer modelo estaba a menudo representado por los dos actores que más a menudo repetían en sus películas, James Stewart y Cary Grant. El primero supone la perfecta encarnación del estadounidense medio, un hombre sencillo, pero culto capaz de resolver cualquier tipo de situación, como ocurre en Rope, Rear window, The man who knew to much o Vertigo. El segundo es un tipo más sofisticado y simpático, con mucho mayor encanto personal y al que todo siempre le sale bien, como sucede en suspicious, Notorious, To catch a thief o North by Nortwest.

El modelo del falso culpable fue un recurrente en su filmografía, representado a la perfección en filmes como The 39 Steps por Robert Donat, en Young and innocent por Derrick De Marney, en Saboteur por Robert Cummings, en Spellbound por Gregory Peck, en I confess por Motgomery Clift, en The Wrong Man por Henry Fonda o en Frenzy por Jon Finch. En un sentido más turbio, cabe destacar sus colaboraciones con Joseph Cotten, Farley Granger y Charles Laughton. El primero siguiendo esa apariencia normal para revelarse después como un asesino despiadado en Shadow of a doubt, para repetiría en Under Capricorn con un personaje distinto. La apariencia sensible del segundo también le proporcionaría ofrecer dos caras distintas en filmes como Strangers of a train y Rope, así como la apariencia bruta de Charles Laughton le permitía ejercer de desagradable villano en **Jamaica Inn*, para convertirse en un implacable fiscal en The Paradine Case, precisamente en esta coincidía con Gregory Peck, en la que era también sus segunda colaboración con Alfred Hitchcock.

3. Ese elemento clave sin importancia

Un elemento que utilizaba a menudo Hitchcock era una estrategia de distracción que le permitía justificar sus argumentos. es lo que él mismo denominaba McGuffin. Los más famosos deben ser el uranio de las botellas escondidas en la bodega de la casa de Alexander Sebastian (Claude Rains) en Notorious, pero que poco aporta realmente a la trama amorosa de Devlin (Cary Grant) e Alicia Huberman (Ingrid Bergman). Lo mismo sucede con la afición a robar de la protagonista de Marnie, detrás de la que se esconden profundos traumas de infancia, que son lo que llaman verdaderamente la atención de su jefe, Mark Rutland (Sean Connery). El espionaje sirvió de fondo para varios de sus títulos británicos, así como un atentado generaba la trama de The man who knew too much, aunque finalmente no era más que la excusa que nos permitía compartir la ansiedad de la pareja protagonista ante el secuestro de su hijo. Incluso en Psycho podemos encontrar elementos de distracción como el sentimiento de culpa de la protagonista ante su fechoría, que después quedará minimizada por una tragedia mayor que dará paso al verdaero argumento del relato.

4. Esas encantadoras personas causantes de traumas

Una veces obsesivas otras incluso divertidas, pero las madres o la representación de esa dependencia entre el hijo y la madre, se dispersan a lo largo de la filmografía de Hitchcock. Por un lado tenemos las madres posesivas, pero encantadoras que interpretaba Jessie Royce Landis en North by Northwest o To catch a thief, pero en otros casos, como en Psycho o The Birds, ejercían una influencia perniciosa sobre sus hijos. En el caso de la primera parece obvio que había un complejo de Edipo, pero la que presentaba Jessyca Tandy casi era más un complejo de Electra, que no estaba dispuesta a ceder a su hijo, Rod Taylor, a cualquiera rubia o morena en tacones. Louise Lathan proporcionaba un retrato alternativo, al ser la causa indirecta de los traumas de su hija en Marnie, de la misma manera que Leopoldine Konstantin lo había sido para Claude Rains en Notorious.

Características del cine de Hitchcock madres

5. El gran peso de la ausencia

Otras de las técnicas de Alfred Hitchcock para incrementar el interés y la expectación del público era ampliando los límites del relato. Mediante deixis, anáforas y catáforas, aludía a personajes que no estaban integrados en el relato, como Mr. Kaplan en North by Northwest o la propia Rebecca en Rebecca. De esta manera engañaba al espectador con personajes que después no existían, pero que casi terminaban siendo tan reales como los demás personajes.

En otros casos, la deíxis se convertía en catadora, pareciendo el personaje posteriormente, o en sentido inverso, mediante la anáfora, haciendo que desapareciera una vez se había establecido como un personaje estable. El caso más interesante es sin duda en de Psycho en el que conviven las tres formas, si constantemente se alude a la madre, a pesar de que veamos una sobra detrás de una ventana o un cadáver en una silla, realmente el personaje no aparece en ningún momento, pero el espectador se ha formado perfectamente el tipo de relación que llevarían madre e hijo. La catáfora se materializa cuando después de haber aludido reiteradamente a su hermana, Lila Crane (Vera Miles), se presente en el pueblo de Sam Loomis (John Gavin), preocupada por el paradero de Marion (Janet Leigh). La ánfora en este caso es evidente, pero sobre todo porque vemos cómo se produce el asesinato en la ducha de Marion, por lo que sabemos que por mucho que e aluda a ella en la segunda parte de la película, ya no volverá a aparecer.

La misma triple característica podemos atribuir a vertigo en la que Kim Novak interpreta a dos personajes que en realidad son el mismo, mientras que la auténtica esposa de Gavin Ester (Tom Helmore) ni llega a parecer en la película. En algunos casos la ausencia de veracidad sobre la identidad del personaje o sobre si volveríamos o no a ver a un personaje que había desaparecido pero al que habíamos visto, como sucedía en Rear Window y en The man who knew too much, en la primera nunca volvíamos a ver a la esposa del vecino de enfrente, confirmándose las sospechas sobre el asesinato, pero en el segundo caso, la posibilidad de que el hijo de la pareja protagonista siguiera vivo, alimentaba la esperanza del espectador que necesitaba volver a ver al niño para que el relato se resolviera con satisfacción.

6. Sexualidades ambiguas

Dice la leyenda que Alfred Hitchcock era homófobo, pero lo cierto es que su filmografía está llena de personajes homosexuales, unas veces de manera explícita, otras implícita, pero sugerida de maneras muy diferentes, y no siempre negativos. Una de las relaciones más divertidas de The lady vanishees es la que formaba una pareja de amigos que se veían obligados a compartir habitación, algo que no solo no les molestaba, sino que celebraban, aparte de que sus conversaciones están salpicadas con dobles sentidos que enriquecen notablemente su relación.

Mucho más agresiva resultaba la señora Danvers (Judith Anderson) en Rebecca, cuya admiración incondicional a la que fuera su señora, la constantemente aludida y fallecida primera señora de Winter, evidenciaba una relación más allá de lo profesional. El ama de llaves mas tétrica del cine llegaba a suicidarse en la habitación de la que había sido su amor platónico, en un acto que para ella era de justicia, con el propósito de no ultrajar el honor de su adorada Rebecca.

El desprecio del tío Charlie sobre el sexo femenino en Shadow of a doubt podría esconder una homosexualidad mal digerida, de la misma manera que Bruno Antony (Robert Walker) en Stranger on a train. En este caso la novela de Patricia Highsmith era mucho más evidente, pero si lo más probable es que Hitchcock quisiera evitar problemas con la censura, también en su película se deja intuir el rechazo que su padre interpone a su condición, camuflada por su desajuste psicológico. Precisamente su antagonista, Guy Haines, estaba interpretado por Farley Granger, que había protagonizado Rope, en la que una pareja de amantes habían puesto en práctica las distorsionadas teorías de Nietzsche, eliminando a quien consideraban un hombre inferior. Nuevamente, la obra de Patrick Hamilton era mucho más explícita, por lo que hubo que limar apariencias.

La confusión de género es evidente en uno de los personajes de To catch a thief, pero uno de los ejemplos que me parece más divertido es el que protagonizaba Martin Landau en North by Northwest interpretando al típico secretario fiel que siente mucho más que admiración hacia su jefe, interpretado por James Mason, de quien la novia de este llega a mostrar sus celos, y que se delata debido a su "intuición femenina".

7. El director es la estrella

Pero si bien es cierto que muchas de estas señas de identidad también han sido asimiladas por muchos de sus admiradores, hay una manera inequívoca de saber que estamos en una película de Alfred Hitchcock, cuando de repente aparece su imagen oronda en los caemos más graciosos y divertidos que de un personaje famoso podemos encontrar en el cine. Mi favorita es la de Lifeboat, película que se desarrolla por completo en un bote salvavidas, en la que su imagen se cuela en la imagen de un periódico.