No puedo evitarlo. Me fascinan los recursos semánticos adaptados al sector audiovisual. Conceptos que aprendimos en literatura como la deixis, la catadora o la prosopopeya, podemos también aplicarlos al análisis audiovisual y buscar ejemplos de otras figuras retóricas, como la alegoría, en el cine. Más allá de ese alarde que Pedro Almodóvar hace de este recurso en su última película: Los amantes pasajeros, en el que un avión simbolizaría a un país dando vueltas sobre sí mismo mientras la mayor parte de la población permanece aletargada y los que viajan en primera clase "arreglan" el país (flaco favor le hace a la comunidad artística, a los homosexuales y a las mujeres, que no tienen nada que decir a no ser que sean putas), me interesa explorar las diferentes maneras de aplicarlo que pueda encontrar en el cine sobre un recurso utilizado muy a menudo en otras formas de expresión artística como la poesía, la pintura y la escultura.

Carlos Areces, Javier Cámara y Raúl Arévalo en Los amantes pasajeros

La alegoría es una figura retórica, del grupo de los tropos, mediante la cual se representa una idea de manera figurada a través de formas humanas, animales o incluso objetos inanimados. Una de las alegorías más conocidas es, por ejemplo, la de la justicia, representada como una mujer con los ojos vendados que empuña una espada con una mano y sostiene una balanza con la otra. Admito y espero sugerencias, siempre son bienvenidas y apreciadas, así como que espero que discutan los ejemplos que propongo sobre los diferentes usos de la alegoría en le medio cinematográfico.

La muerte

Alegoría en el cine - El séptimo sello

Al hilo del ejemplo más claro y obvio de alegoría, el de la justicia, una de los ejemplos más claros es también el de la muerte. Seguro que nadie tiene ningún problema en recordar su representación en alguna película, siendo quizás la más conocida la que Bengt Ekerot hacía en una de las películas más conocidas y populares dirigidas por Ingmar Bergman: El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957). Tan sencillo como un hombre con semblante severo, vestido completamente de negro y empuñando una guadaña. Una imagen tan poderosa que sería posteriormente recuperada y homenajeada por Woody Allen en una película como Love and Death o en un título tan lejano al universo bergmaniano como Last Action Hero, en la que era interpretado por Ian Mckellen, en alusión directa a la película sueca.

Las dos Españas

Con la censura impuesta en España por el régimen franquista en la posguerra, se hacía difícil hablar de determinadas cosas, por lo que guionistas y cineastas se veían forzados a agudizar su ingenio, tirando de todo tipo de tropos para exponer sus ideas. En 1954 se estrenaba una fabulosa película, merecedora de la Concha de Oro en el festival de San Sebastián, de estas que hablaban de las diferencias irreconciliables entre las dos Espñas, pero sin hablar siquiera del tema. Una película como Sierra maldita, dirigida por Antonio del Amo a partir de un guión de Alfonso Paso y José Luis Dibildos, coge distancia con contienda bélica para ubicarse temporalmente incluso antes de que tuviera lugar, y tomando como pretexto el odio acérrimo de dos pueblos vecinos. Los tópicos exagerados de un bando y otro son representados simbólicamente por la esterilidad atribuida a las mujeres que habitan en uno de los pueblos. Los símbolos utilizados son tan precisos e inequívocos que la acción de la película funciona tanto a un nivel literal como en el alegórico.

En la misma línea, y ya en la democracia, algunos cineastas se mantuvieron apegados a estas alegorías, como Manuel Gutiérrez Aragón, que utilizaba a sus personajes para representar los diferentes conceptos de España que trataba de reflejar en Demonios en el jardín, siendo las ideologías políticas los demonios y el jardín España y estando representados los españoles por Encarna Paso, en alusión a la España franquista y Ángela Molina y Ana Belén como las realidades oprimidas y el niño Álvaro Sánchez Prieto como la nueva España que todos quieren proteger. Pero mucho más afortunada me parece la representación que Francisco Regueiro hace de España en Madregilda. Una película llena de símbolos y metáforas en la que el más rotundo era la representación de España en una mujer vestida de rojo que se identificaba claramente con aquella imagen prohibida de Gilda.

La alegoría en el cine - Demonios en el jardín - Madregilda

La Segunda Guerra Mundial

Pero no sólo la guerra civil española ha tenido sus alegorías cinematográficas, más que la Segunda Guerra Mundial, yo diría que ha sido la maldad de los nazis la que ha sido representada en formas tan dispares como caprichosas. Quizás el significado del origen literario de algunas de estas alegorías no hayan trascendido a su adaptación cinematográfica, pero lo más probable es que sea debido a la diferencia temporal del momento en que fueron creados en los años cincuenta, y cuando fueron representados en el cine, a partir de los años ochenta, mayoritariamente.

The Lord of the Rings

Es posible que muchos no lo hayan percibido, pero esa ferocidad de los orcos en la saga de J.R.R. Tolkien no se debe a otra cosa que a su inspiración nazi. El mal no era una alegoría en los años cuarenta, estaba perfectamente representado por los ejércitos del Führer, y por eso el escritor británico ideó una elaborada alegoría para hablar de la Segunda Guerra Mundial. Si Peter Jackson no se molestó en establecer ninguna concesión entre nazis y fuerzas del mal en su primera trilogía, The Lord of the Rings, mucho menos se propone hacerlo en su segunda trilogía, The Hobitt. La alegoría se pierde aquí en beneficio de una diversión más superficial en la que un orco no es un nazi, sino un ser mitológico.

En una vertiente opuesta surgían en la misma época los taquilleros superhéroes, que más que respetar la inquietante amenaza alemana y nipona, surgían como genuinas alegorías de lo que representa el American Way of Life. De la misma manera que con El señor de los anillos, los superhéroes no han conservado todas las cualidades de sus orígenes, aunque puedan percibirse mucho más claramente en Captain America: The First Avenger, quizás se pierda por completo en series paralelas como las de Iron man o The Avengers, en los que la alegoría queda eliminada en favor de un ejercicio puramente pirotécnico, aunque no exento de ideología política.

Formas del mal

Quizás la forma clásica para representar el bien y el mal sea un ángel y un demonio. Si de adolescente disfruté mucho con Heavy Metal y aquella misteriosa esfera verde que cambiaba tanto de tamaño como en el efecto que producía en aquellos que se dejaban afectar por su influencia, una de las representaciones del mal que me parecen más interesantes el que nos ofrecía David Lynch en su famosa serie de televisión. Seguro que podemos encontrar muchas interpretaciones sobre lo que representa el actor Frank Silva cuando interpreta a Bob en la mítica Twin Peaks y en su precuela cinematográfica, Twin Peaks: Fire Walk with Me. Para un servidor no se trata de ningún caso de posesión ni nada por el estilo, sino de una sencilla alegoría del mal. Como le decía Harold Smith (Lenny von Dohlen) a Laura Palmer (Sherilyn Fenn), "Bob no existe más allá de tu imaginación". Sin embargo, para este alma torturada era una manera de no enfrentarse al terror de su vida cotidiana, a lo que realmente le estaba sucediendo.

Alegorías ecológicas

El cine de Hayao Miyazaki está plagado de alegorías ecológicas. Cualquiera puede apreciar las que se desprenden de títulos tan entrañables como Tonari no Totoro (Mi vecino Totoro, 1988), Mononoke-hime (La princesa Mononoke, 1997) o Sen to Chihiro no kamikakushi (El viaje de Chihiro, 2001). Y no creo que haga falta explicar cual es la alegoría.

Alegorías capitalistas

El cine de David Cronenberg también está plagado de todo tipo de tropos, desde The Brood hasta Cosmopolis, pasando por Videodrome, podemos encontrar una amplia y variada propuesta de metáforas y alegorías. La mas reciente, la adaptación de la novela de Don DeLillo, es una alegoría sobre el capitalismo en la que el dinero está representado por una rata, la economía es una enorme limusina que no se detiene ante nada ni nadie y un millonario es lo más parecido a un vampiro despreocupado, como el que el propio Robert Pattinson interpretaba en aquella otra alegoría sobre el amor adolescente: Twilight.

Alegorías pictóricas

Para el final he dejado la que es, quizás, la explicación misma de una alegoría, puesto que el ejercicio que el cineasta de origen polaco, Lech Majewski, realiza con The Mill and the Cross, es sencillamente el de explicar la alegoría que se esconde detrás de un cuadro tan fascinante como La procesión del calvario. Si Pieter Brueghel utilizaba la alegoría religiosa para hablar de la persecución que vivían los holandeses a manos de los españoles en la época actual, Majewski aprovecha su película para explicar que las cosas no han cambiado demasiado desde el siglo XVI.