León Siminiani es un joven director cántabro premiado por sus cortometrajes metaficcionales y autobiográficos, donde reflexiona sobre la naturaleza de la imagen fílmica y su capacidad de integrar en su seno el pasado. Esta es la base de su corto Límites: 1ª persona, donde parte de las imágenes filmadas en un viaje sentimental al desierto con su ex-novia, y la voz en off, mientras tanto, inicia una interpretación de la imagen, buscando los signos de agotamiento de la relación a través de su voz. De este modo, el presente de la voz en off busca en el pasado de la imagen, fundiendo dos tiempos en una misma manifestación fílmica. Con Mapa, ha decidido lanzarse a la realización de largometrajes, y realmente, el espectador asiste, en su visionado, a la propia configuración de la obra.

Porque Mapa es la narración del propio rodaje de la obra. O, en realidad, Mapa es una obra resultado de una reflexión sobre el rodaje de sí misma. El autor es el propio personaje, y el film se presenta como una autiobiografía del propio autor, como una búsqueda en su propio pasado para poder construir una historia acerca de su vida. La vida es un flujo temporal imparable, es una pura duración, tiempo puro sin orden ni estaciones; pero León Siminiani pretende encontrar un orden en todo ese marasmo de emociones y sentimientos de su pasado. Y, para ello, parte de una valiosa información: todas las imágenes rodadas con su videocámara a lo largo de sus últimos años.

Mapa es una autobiografía fílmica construida en torno a un doble movimiento. Para comprenderlo, es interesante desplazarse a una manifestación similar en la literatura, La vita nuova (La vida nueva), de Dante Alighieri. En ella, el escritor florentino recoge todos los poemas publicados a lo largo de su vida acerca de su sentimiento amoroso hacia Beatrice, pero en sus versos ve un caos vital al que teme sumergirse. En la obra, decide ordenar todos los poemas según un movimiento narrativo (conoce a Beatriz, se enamora, la saluda, él desarrolla relación con otras mujeres-pantalla, ella le retira el saludo, sufre, la alaba, fallece y la integra en el yo a través del recuerdo), y realiza un comentario en prosa de esos poemas, otorgando un sentido a cada signo del pasado. Así, la prosa ordena, en su continuidad, las imágenes poéticas del pasado, de modo que permite la interpretación de su trayectoria vital poniendo orden en lo que él llama "el libro de mi memoria". Así, la prosa en presente interpreta la lírica del pasado.

Pues bien, León Siminiani realiza un recorrido similar. Porque en su obra se yuxtaponen dos materias: la imagen filmada y la voz en off. La imagen filmada corresponde al pasado, a un viaje iniciado por el propio director tras la ruptura con su ex-novia a la India, en busca de su propio yo. En la India no encontrará el fundamento de su nueva identidad, pero por el contrario, desarrollará un intenso sentimiento amoroso hacia su amiga Luna, quien le recomendó el viaje a la India y con quien mantiene una comunicación constante tras la ruptura. Entonces, regresa a Madrid y trata de conquistarla, pues la India le ha ofrecido un nuevo sentido a su vida: no la depresión, sino la búsqueda del amor en Luna. El film se centra, entonces, en las idas y venidas de esta pareja en su inestabilidad sentimental.

Pero todo esto que acabo de describir corresponde al pasado: todo esto está fijado en la imagen, es la imagen del pasado petrificada en celuloide, y que, sin un orden y una explicación, es, en realidad, puro caos, pura duración. Leon Siminiani, como Dante, trata de construir un libro de su memoria, no un cajón de sastre de su memoria. De este modo, toda esta trayectoria en pasado de la imagen recibe el contrapunto de la voz en off, que reinterpreta, constantemente, los síntomas del pasado. La voz en off ironiza, juzga, se ríe, racionaliza, explica y ofrece, ante todo, sentido a lo que no lo tiene: la imagen autónoma.

Así, la voz en off, que está en el presente, en el instante de montaje del largometraje, reinterpreta las imágenes del rodaje, como hizo en su cortometraje, pero aquí extendido en el tiempo, logrando una narración de mayor continuidad. De este modo, la identidad de León está en la confluencia de los dos planos temporales: el pasado caótico y el presente que busca sentido. Y Mapa es esa búsqueda de una identidad, a través de la fusión entre pasado y presente en un único instante, que es a la vez el propio proceso de elaboración de la obra.

Y, en ese buscarse, el yo actual se desdobla, en el yo que interpreta y en el que yo que censura. Está el sujeto y el otro, que Lacan describe como todo aquello que no somos nosotros y que convive en nuestra subjetividad, pues lo hemos asimilado como una censura. En nuestra psique convivimos dos, quien avanza y quien obstaculiza el avance, a veces dotándolo de una guía correcta, pero en otras ocasiones bloqueando la libertad. Y Mapa muestra tal idea: la voz en off en ocasiones se ahoga por las presiones del otro, que ridiculiza la búsqueda, y ante él, sólo queda el silencio... Y la rebelión.

Mapa es autobiografía, ficción y metaficción: descubrimos la vida de León, quien a su vez dispone de un yo fílmico que, irremediablemente, dista de su yo real, y a la vez, asistimos al propio proceso de configuración de la película. El film es la reinterpretación que el yo real hace, a través de su voz en off, del yo ficcional que queda fijado en la imagen. Incluso él está borrado de la imagen hasta el final de su rodaje: antes de comprenderse en el presente, su identidad era lo que veía, pues como un melancólico tras una ruptura con su pareja, vive a través de la mirada. Cuando comienza a encontrar su yo, puede filmarse y afirmarse.

Ante todo, Mapa es una divertidísima obra que mantiene la atención del espectador constantemente y que sirve como drama y comedia, como guía turística de la India y, ante todo, como arriesgada propuesta cinematográfica. Porque León, con esta pieza, se convierte, sin duda, en uno de los cineastas más innovadores del panorama español.

4 estrellas