Resultan realmente interesantes los caminos por los que se acaban produciendo ciertas asociaciones y no puedo dejar de manifestarlas en esta crítica de Cloud Atlas. Después de convertirse en el cineasta moderno del momento con una película tan peculiar como Lola rent, Tom Tykwer fracasaba en su intento de adaptar la famosa novela de Patrick Süskind con Prefume: The Story of a Murderer, perfecto ejemplo de que no debes seguir al pie de la letra todo el libro para que funcione tu película. No sé si fue la primera o la segunda lo que llevó a las hermanas Wachoski, Andy y Lana, adalides del cine cibernético, más que posmoderno, gracias a su trilogía iniciada con The Matrix. Si ya su primera película, Bound, no era más que un remix, más o menos mono, de las premisas del cine de David Lynch, pareciera que pretenden hacer del déjà vu su principal seña de identidad. Y no lo digo sólo porque sea un concepto al que aludían en The Matrix, sino porque vuelven a mencionarlo en Cloud Atlas.

Crítica de Cloud Atlas

Y es que bien puedes tomarte Cloud Atlas como una revisión de las películas favoritas de este trío de cineastas (quizás pareja porque en realidad Andy y Lana forman una única entidad), si quieres verlo desde el lado positivo. La sensación de déjà vu que deja su adaptación de la novela de David Mitchell, alude a filmes como Intolerance, The Tree of Life, Logan's Run, 2046, Metropolis, Babel, Blade Runner, Battle Royale, The Return of the Jedi, One Flew Over the Cuckoo's Nest, Brazil o Soylent Green, mencionada ésta última de manera explícita en el relato. Quizás alguien pueda eximir de toda culpa a los cineastas atribuyéndoselo al escritor, pues lo más probable es que muchas de estas referencias vengan heredadas del texto original. Pero queda patente que ellos las han importado sin echarles demasiada cuenta.

Doona Bae y Jim Sturgess en la crítica de Cloud Atlas

Quizás podría salvar el caso de Soylent Green, puedo admitirlo como cita u homenaje, pero lo demás es un puro plagio. Una copia de formas y maneras de comprobado éxito entre el público, cuya estética y estilo sólo pretenden imprimir a su historia aquello que ellos no consiguen hacer por cuenta propia. También podría decir que, en cualquier caso, la película resulta medianamente entretenida. Pero ¿casi tres horas de continuo plagio de otras películas? No, ustedes perdonen, que vayan a vendérselo a alguna forma de vida extraterrestre. Igual que esa pseudo filosofía de pacotilla mezclada con teorías new age que pretendiendo ser una película profundamente estética con aspiraciones reflexivas, acaba siendo más bien un producto profunda y desagradablemente religioso. Y no precisamente a la manera de Akira o 2001: A Space Odyssey, sino en la más burda onda hollywoodiense.

Jim Broadbent en la crítica de Cloud Atlas

Lo digo así porque Cloud Atlas se vende como una película independiente. Y no digo que no lo sea tanto por ser demasiado cara para serlo, sino porque adolece de todos los clichés del cine industrial fabricado en Hollywood. A lo mejor la culpa la tiene Natalie Portman, que durante el rodaje de V for Vendetta le entregara un ejemplar de la novela de Mitchell a uno de los hermanos Wachowski (de aquella eran ambos de sexo masculino). Las hormonas debían estar pasándole algún tipo de factura, porque recuerdo que la protagonista de Black Swan no hiciera declaraciones muy afortunadas de la película que estaba rodando, confundiendo terrorismo con revolución, y extremadamente alejada del concepto de indignación que vivimos actualmente. Lo mismo por eso reculó, con la excusa de un embarazo, y no ha podido (o querido) estar finalmente en este mapa (más que atlas) de los gustos cinematográficos de Tykwer y las Wachowski.

Halle Berry y Keith David en la crítica de Cloud Atlas

A pesar de su duración y la sensación de déjà vu, también es cierto que El atlas de las nubes no está tan mal como para haberla incluido entre las diez películas más malas del año. Cosas mucho peores hemos visto y mucho más aburridas. Pero le pesa demasiado la presencia de Tom Hanks y el número de personajes que interpreta, que si bien es creíble en algunos resulta de lo más patético en algún otro. Jim Broadbent y Halle Berry no acaban por aportar la fuerza que algunos de sus respectivos personajes requieren y Susan Sarandon resulta estimulante, pero no le dejan hacer gran cosa. de Esta manera es la actriz coreana Doona Bae, la que se erige como lo mejor de la película. Pero al final acaba pasando factura que los mismos actores y actrices se repitan en casi todas las épocas, con edades diferentes o incluso algún cambio de sexo (¿necesidad implícita de la directora de la película?). No lo digo ya tanto por la calidad de sus interpretaciones, sino por las prótesis y el excesivo maquillaje que no sólo se intuye, sin que salta a la vista y merma la calidad visual.

Susan Sarandon en Cloud Atlas

El uso de la concatenación puede resultar tan original como lo fuera en Brazil, pero hay un momento que llega a agotarse e invertir su efecto. Y no me refiero tanto al uso que se hace en el texto, en la manera en la que se relacionan las historias entre sí, como en su equivalente audiovisual, que llega a ser terriblemente predecible y cansino. Quizás si hubiesen rodado Cloud Atlas completamente muda, exactamente como lo hiciera en su momento David Warth Griffith (porque no le quedaba otra) y siguiendo la estela de otras películas mudas que ahora se llevan tanto, habría tenido algún valor este descomunal esfuerzo. Pero si la proyección de Intolerance no me aburre en absoluto, aunque Cloud Atlas resulta medianamente entretenida, te deja una sensación de pérdida de tiempo, que en ningún momento te dejaba en la película de 1916.

2 estrellas