Si quieres, puedes. Esa es la idea que se puede extraer del trabajo realizado por Alfonso Sánchez, y por ende por Alberto López, para conseguir que sus pintorescos personajes, el Culebra y el Cabeza, lleguen a la gran pantalla con El Mundo es Nuestro. Y es que todo empezó con una webserie donde aparecía los dos personajes dialogando, de forma cómica pero tremendamente crítica, sobre realidades sociales y económicas muy presentes no sólo en España, sino en gran parte del mundo Occidental. Con estos primeros vídeos, y la demanda por parte del público digital de ver más cosas de los dos personajes, surgió la idea de realizar un largometraje protagonizado por ellos y financiado, en parte, por crowdfunding, lo que da más mérito a la propuesta.

El Mundo es Nuestro

Pero este es un elemento clave del resultado final de la película: la libertad creativa. Cuando se tienen limitaciones económicas, la imaginación hecha a rodar y no hacen falta grandes efectos visuales para contar una historia interesante de manera efectiva. El Mundo es Nuestro es un claro ejemplo de eso. Sólo veremos tres escenarios en la cinta (salvando el prólogo y el epílogo): la sucursal bancaria, la calle donde se ubica y otra calle adyacente. Alfonso Sánchez sabe, y demuestra, que para contar una buena historia no hacen falta grandes presupuestos ni un apartado visual impecablemente calculado, sino buenos personajes en torno a los que gire la historia, bien escritos y naturales.

Porque si algo busca la película con ahínco durante todo su metraje es la naturalidad de su propuesta. Por eso hace gala de todo un repertorio de personajes prototípicos y característicos de la geografía española, donde cualquier espectador que los vea sabrá reconocer perfectamente a algún familiar o amigo, pero que entre todos aportan una parte esencial para construir el discurso. Podemos encontrar así algunos arquetipos que, si bien a veces pecan de centrarse demasiado en el cliché, a raíz de ese trabajo más básico se desarrollan personajes más humanos: el parado con el mono de trabajo, la funcionaria con su eterna hora del desayuno o la pareja y su lucha de poder. Todos ellos no son más que pequeños ejemplos de personas que están presentes en cualquier sociedad occidental, y sobre todo en la española, construyendo un microuniverso dentro de la sucursal bancaria que se podría extrapolar a cualquier ciudad de España.

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Pero el gran trabajo de guión no sólo se restringe a la definición de los personajes, sino también a los ácidos y tremendamente críticos diálogos que pueblan la cinta. Para todos los seguidores de los cortos de el Culebra y el Cabeza ya serán más que conocidos, pero para los neófitos será toda una sorpresa descubrir que aún hay personajes en el cine que no se guardan cosas para ellos, que hablan antes de pensar y que consiguen despertarnos más de una carcajada. Y es que, si algo tiene la cinta, es muchísimo humor, en algunos momentos bastante negro, pero siempre muy acertado y expuesto en su justa medida.

Pero todo ello quedaría en nada si la película no persiguiera fines más elevados, y afortunadamente no es así. En El Mundo es Nuestro, encontramos un nuevo ejemplo de cine sobre la crisis, pero desde un punto de vista cómico aunque nos muestra la cara más cruel y desesperada de la realidad social. Podría parecer que ya es un tema demasiado trillado visto los numerosos ejemplos que han aparecido últimamente y que, de forma directa o indirecta, toman este tema como propuesta central de sus obras. Sin embargo Sánchez demuestra que todavía hay nuevos puntos de vista que explorar y aquí los analiza y expone todos a la vez, siempre desde una perspectiva muy patria y local. Es posible que lo restrictivo de su propuesta, sobre todo geográficamente, sea lo que más pueda chocar para cualquier espectador que no conozca convenientemente la cultura no ya española, sino la andaluza, pero esto no es óbice para entender un mensaje tan universal como es el poder del pueblo.

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Afortunadamente sus puntos fuertes son tremendamente fuertes, ya que en otros aspectos, especialmente los técnicos, la película no se muestra demasiado reseñable. Hay que tener en cuenta los problemas de financiación que ha vivido la cinta y que ha pasado desapercibida por el circuito comercial, aunque en internet está logrando toda la repercusión que buscaban sus creadores. Es una pena que películas de esta calidad, por no contar con una gran productora detrás que la promocione convenientemente, también sean minusvaloradas por la Academia de Cine y no esté entre las nominadas a los Goya. Pero esto no es óbice para afirmar que nos encontramos ante una cinta distinta, interesante y divertidísima, y una elección obligada para todos aquellos que se lo quieran pasar bien disfrutando de una obra bien hecha.

4 estrellas