Hace unos días presentábamos el primer cortometraje dirigido por Alan Moore, Act of Faith, en colaboración con Mitch Jenkins y protagonizado por Shiobhan Hewlett. Se trata de la primera pieza de una serie de mediometrajes audiovisuales, que funcionan como episodio de una macroestructura narrativa, y según Alan Moore, funciona a la manera de un prólogo. Por ello, no es preciso buscar una continuidad perfecta entre Act of Faith y la segunda pieza, Jimmy´s End: la narración no es una continuidad exacta, sino que funciona más a la manera de símbolo. No importa tanto el destino de la protagonista, sino que importa su gesto: la ejecución de un acto de fe, pues sólo tras su realización ha podido desembarcar en el bar de Jimmy´s End. Y ahora, el mediometraje Jimmy´s End también está disponible en la red:

Jimmy´s End cambia en esta ocasión de protagonista: ahora, Faith Harrington (Shiobhan Hewlett) deja el testigo a James Mitchum, encarnado por Darren D´Silva. También aparecen Robert Goodman y el propio Alan Moore, al final del mediometraje. Los directores apenas se han pronunciado acerca de los sentidos de su narración, y únicamente se han encontrado las siguientes junto al video en la página oficial:

Todos hemos estado allí. En los momentos tras la medianoche, tropezando en cunetas no familiares a falta de una para la carretera y buscando las luces que nos inviten antes de que llamen por el último pedido. James está intentado perderse a si mismo, pero en el roto espejo de una habitación de caballeros encuentra los ojos que le han estado observando. Siguiendo el desconcertante preludio Act of Faith, Alan Moore y Mitch Jenkins desvelan un fantasmagórico sueño inglés hecho de pin-ups con la carne de gallina, humoristas quemados y luces defectuosas, con el juicio está justo tras el espumillón. Jimmy’s End retira las cortinas púrpuras de un intrincado nuevo planeta de deseo y misterio. Todos hemos estado allí.

Jimmy´s End comienza con un ya con una referencia al cine de Lynch: un cartel que indica el nombre del local hacia el que se dirige Jimmy, St. James End: Working Men´s Club, iluminado con un neón rojo, va emergiendo de la oscuridad poco a poco, copando el protagonismo del plano en un primer momento. Del mismo modo, al comienzo de Mulholland Drive, en el momento en que Laura Elena Harring acaba de sufrir el accidente,la cámara aisla carteles de las calles de Hollywood, en concreto de Sunset Boulevard (En lo que supone una clara alusión de la obra homónima de Billy Wilder) y quedan rodeados únicamente por la noche. Son carteles que anuncian peligro y conocimiento: parecen condensar en sí mismos la máxima kantiana "atrévete a saber", aunque para ello haya que sumergirse en los abismos del sujeto. De este modo, sirve de advertencia para Jimmy, que se refugia de la lluvia en el bar donde se halla la visión pura.

Y para llegar al núcleo de la visión, es preciso superar más barreras, simbolizadas a través de las cortinas. Aquí vemos otra referencia al cine de David Lynch, pues siempre concibe que el tránsito desde un mundo realista hacia un mundo del inconsciente requiere de elementos mediadores, como una puerta o una ventana. Pero un motivo plástico que le interesa a Lynch es la cortina, pues implica una frontera de formas ambiguas, ondulada, sin definición, exactamente como las fronteras y las formas del sueño o el inconsciente. La utilizó para entrar en la habitación roja de Twin Peaks, lugar del conocimiento y del placer por igual, y en Mulholland Drive, rodeando al personaje misterioro que encarga la persecución del director de cine.

En Twin peaks son rojas, porque es una frontera hacia el saber, que es el Eros, la pasión, próxima al Tánathos, la muerte. En Mulholland Drive encontramos dos tipos: por un lado, las cortinas de tono granate próximo al morado, que construyen una frontera hacia el núcleo traumático del sujeto; por otro lado, las cortinas rojas del Club Silencio, también un tránsito hacia el núcleo del saber que implica el culmen del Eros y del Tánathos a través de esa canción de amor desgarrado, Llorando. De este modo, Jimmy´s End también dispone de dos tipos de cortinas: las moradas, en la primera frontera, entre la calle y el pasillo, que suponen la entrada en un espacio intermedio que se erigen en obstáculo para el conocimiento, a través de su carácter absurdo y ambiguo; y las rojas, que Jimmy ya cruza con Faith Harrington, de la mano de la mujer que sirve de guía para el saber, y que permiten adentrarse en el epicentro del conocimiento traumático, el local de aire circense donde varias parejas bailan al ritmo de una música erótica.

Y es que el club al que James entra puede ser asimilado como una reinvención del Club Silencio de Mulholland Drive. Es el lugar más profundo de la psique, y es un club donde se realizan interpretaciones musicales y de magia porque en ese espacio se ponen en escena los fantasmas más profundos de la subjetividad. Es el escenario en el que deambulan las instancias de la psique que configuran el yo en su relación con el mundo. Y James se encuentra con tres personajes diferenciados en el club, que se corresponden con tres espacios diferenciados y que podrían ser asimilados a las tres categorías ofrecidas por Lacan:

  • Nicky Matchbright: es el hombre sentado junto a Faith en la primera estancia del local, que la retiene en el asiento y se burla de su fe, que casi considera naif. En mi opinión, es una materialización del orden simbólico: es la ley del padre, que se impone mediante el bloqueo inicial en el contacto hombre-mujer (James-Faith) y que se burla de la búsqueda del conocimiento de ambos personajes. Es el personaje lyncheano que encarna la ley simbólica, y que deviene grotesco ante la imposibilidad de retener a los sujetos a los que desea influir: es una exgageración de la imposición de la ley simbólica, del que emana un aire patético por su pérdida de poder sobre la alteridad. Tiene un paralelismo directo con el personaje encarnado por Dennis Hopper, en Blue Velvet (Terciopelo azul), donde ejerce la función del padre ausente de Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan) en la habitación del voyeurismo y que, ante sus insuficiencias, requiere de respiración asistida a través de una bolsa de plástico: es un síntoma de la autonomía del hijo respecto del padre. Del mismo modo, en Jimmy´s End está enfermo, y tose con una bolsa de plástico, porque se ve incapaz de retener a James; finalmente, debe dejarlo marchar con Faith a ese tránsito hacia las estancias de lo real y lo imaginario que le aguardan en el resto de espacios del club. De este modo, es una proyección del orden simbólico que es preciso cruzar para sumergirse en las profundidades de la psique, en el descenso a los infiernos, y que en un primer momento actúa como obstáculo en esa primera estancia del club.

  • Robert "Bobbles the Clown": el payaso que le asalta en el baño sería una materialización de lo real lacaniano, de todo lo que ha sido reprimido y emerge a través del síntoma. James, al toparse con él, se topa con el núcleo de su complejo traumático; y, por ello, se lo encuentra en el baño, pues es el espacio de la intimidad, es un lugar donde la soledad permite una cierta liberación de la pulsión. Lo real es lo traumático, y por ello, tiene un cariz de amenaza: por eso asalta súbitamente a James en el baño. Pero lo real no es la liberación de la pulsión, sino el choque de la pulsión con lo simbólico, que genera un síntoma: el payaso, en el baño, le dice a James "It´s funny", imponiendo una obligación de gozar, una meta del placer que el sujeto debe alcanzar; pero James, en su búsqueda del saber, se ve incapaz de tal disfrute. Del mismo modo, el payaso tampoco es capaz, tal y como le confiesa a una mujer: en el club, le comenta a una mujer que se masturba y llora a la vez, de modo que funde pulsión vida y pulsión muerte, gozo y llanto.

  • Frank Metterton: este personaje misterioso, un mago que echa cartas, con la piel dorada e interpretado por el propio Alan Moore, parece una emergencia de lo imaginario, de la capacidad del sujeto de pensar a través de imágenes, y no de palabras o síntomas incontrolables. De hecho, James logra observarse a sí mismo a través de un espejo sólo un instante antes de descubrirle en el escenario: comienza el reconocimiento de uno mismo en el abismo de la psique, en el infierno. Y, a partir de entonces, puede empezar el proceso de conocimiento de la alteridad. Pero la forma de acceso al saber que Frank propone es la luz: conocer es cegarse, mirar hacia el interior, y desde la intuición sin formas ni conceptos, llegar a la visión.

No obstante, en todo este proceso, casi siempre va acompañado de Faith, quien le abre, a través del Eros, las puertas del conocimiento. Y es que James ha entrado en el club para tomar a Eurídice del infierno, como Orfeo, pero allí se le produce la revelación; una revelación que iremos descubriendo en el resto de piezas audiovisuales que Alan Moore irá publicando progresivamente.