Una cuestión es la intención con la que Daniel Calparsoro y los que fueran productores de Celda 211 abordan la adaptación de una novela de Fernando Marías, y otra es el resultado que obtengan. Invasor puede resultar una película razonablemente entretenida, construida en forma de thriller de acción con trasfondo bélico. Las presencias de Karra Elejalde, Antonio de la Torre, o incluso Inma Cuesta, en su reparto consiguen paliar las carencias interpretativas de Alberto Ammann. Pero no puedo evitar una sensación de contradicción entre el dilema que se plantea en la película, y la manera en la que se desarrolla la acción. No me refiero al relato en sí, sino más bien al estilo empleado para contar la historia.

Invasor (2012, Daniel Calparsoro)

En un momento dado, un personaje anecdótico se pregunta qué es lo que hacen los españoles en la guerra de Irak, por mucho que sea una misión humanitaria. Su crítica estaba centrada en que los españoles siempre siguen a os estadounidenses allá donde vayan. De la manera en la que está expresado, perfectamente se puede entender que es una crítica, lo que me lleva a cuestionare el tono de una película que en su estilo, copia sistemáticamente el modo de hacer cine de esos mismos estadounidenses.

Si bien las secuencias de acción están realizadas con bastante pericia y acierto, resaltando la persecución en coche por el centro de La Coruña, no pienso exactamente lo mismo de algunos momentos bélicos, que parecen más dignos de series de televisión como Hospital Central -de hecho varias son las televisiones que apoyan la producción de la película. Quizás en este caso el problema no sea enteramente visual, sino que delata las carencias del guión elaborado por Javier Gullón y Jorge Arenillas, que someten a sus personajes a conversaciones dignas de cualquiera de esas series de televisión, y que no consiguen que la acción se desarrolle sin resultar bastante previsible.

Antonio de la Torre

Es posible que para muchos pensar que la película pueda pasar por estadounidense sea una virtud, pero para un servidor delata una falta de personalidad que llevada a algunos planteamientos del relato, termina por hacer increíbles algunas de las premisas que se exponen. Dentro de ese baremo americano, quizás encaje bastante bien la superficial interpretación de Alberto Ammann, en la misma línea que en la de la premiada Celda 211, pero nada que ver con las espléndidas aportaciones de Antonio de la Torre y Karra Elejalde. Y este último a pesar de representar un personaje que se me antoja bastante improbable dentro de la sociedad española. No digo que no lo haya, sino que la manera en la que se le presenta no es para nada castiza, que de ser así igual no lo habría cuestionado tanto, ni al personaje ni a sus acciones. Después están detalles sueltos, como la casa en la que vive un oficial del ejército con su mujercita, que si bien es arquitecto, también es verdad que está en paro, y desde hace tiempo que se le está acabando. Nuevamente parece aflorar esa "invasión" del cine de Hollywood en el que hay que sacar casas espectaculares como sea.

Karra Elejalde y Alberto Ammann

Esta disociación entre forma y contenido es lo que termina por no dejarme disfrutar de una película que, en cualquier caso, sí plantea un dilema interesante, aunque al final no se moje tanto con sus propios protagonistas rodando la película.

2 estrellas