Las sensaciones que una película como Insensibles produce en el espectador son tan dispares como el propio periplo vital experimentado por su director, Juan Carlos Medina, que nacido en Miami de padre español y madre francesa, vivió su adolescencia en Madrid para formarse como cineasta en París. De esta manera su película comienza como si de un drama fantástico rural se tratara, para encaminarse de la mano del terror y lo insólito, teniendo como finalidad la reivindicación de la memoria histórica. Ahí es nada. Si bien la película funciona muy bien a nivel visual, no las tengo todas conmigo en lo que al relato se refiere que utiliza la fragmentación temporal para alternar la evolución de dos historias que estarán final y previsiblemente conectadas.

Insensibles (2012, Juan Carlos Medina)

De un lado tenemos el relato contemporáneo. David, muy coherentemente interpretado por Àlex brendemühl (a pesar de unos diálogos bastantes parcos) es un neurocirujano que sufre uno de esos accidentes que sirven para salvarle la vida al detectarle una enfermedad para la que necesitará un trasplante de médula. De esta manera comienza un viaje hacia el pasado, ante la negativa de sus padres para facilitarle el vital trasplante. En el pasado, en el tiempo previo al estallido de la guerra, un grupo de niños son estudiados a causa de una extraña e insólita afección que les priva de sentir dolor alguno. Lo que les vuelve tan peligrosos para los demás como para ellos mismos.

Salvo por la incompetencia de Ramon Fontserè, absolutamente nefasto en su personaje -y mira que todos los que ha interpretado en cine hasta la fecha están vinculados con el mismo período-, el resto del reparto consigue sacar adelante con bastante aplomo y coherencia una historia que requiere algo de esfuerzo por parte del espectador, con mención especial para la breve, pero siempre espléndida, colaboración de Juan Diego. Resultan bastante acertados y verosímiles, las diferencias lingüísticas en los momentos en los que se habal en español o en catalán, o cuando se introduce el alemán. Quizás algunos aspectos del personaje del doctor Holzmann (Derek de Lint), estén cogidos con pinzas, pero, como decía antes, la aproximación visual de la película contribuye a convencer al espectador, y querer saber más.

Juan Diego

El problema es que si bien Luiso Berdejo, autor del guión junto con el propio Medina, se mueve perfectamente bien tanto a la hora de construir atmósferas inquietantes e insólitas, como hizo en el guión de [Rec], también es capaz de dotar a sus relatos de una dimensión metafórica, como hizo en The New Daughter. Asignatura en la que fracasa estrepitosamente Juan Carlos Medina, no porque no quede clara la relación entre la enfermedad y los abusos de la guerra, además de la distancia entre unas generaciones y las otras, sino porque la manera en la que trasmite el mensaje es tan obvia que sólo consigue destrozar el clima que con tanto esmero había construido.

Àlex Brendemühl

Por eso Isensibles acaba siendo una película irregular, que no dudo entusiasmará a aquellos que les gustó El laberinto del fauno y otras fantasías neo-góticas, con las que guarda muchos puntos en común. Aunque Medina se atreve mucho más lejos que Guillermo del Toro, pero no por ello me parece que su película vaya a tener el mismo éxito. Seguro que no.

2 estrellas