La directora alemana Margarethe von Trotta, procedente de la nueva ola de cine alemán de los años setenta, la generación encabezada por Fassbinder, Wim Wenders y Werner Herzog, continúa con un cine centrado en algunas de las grandes figuras femeninas de la historia alemana. En 1986 presentó en Cannes Rosa Luxemburg, que analizaba la revolución fallida, de carácter comunista, iniciada por Rosa Luxemburgo tras la 1ª Guerra Mundial y que acabó con su condena a muerte. En 2009 dirigió Vision, centrado en la figura de Hildegard von Bingen, una monja alemana del s. XI que sufría visiones y se convirtió en una de las mujeres más influyentes de la Edad Media. Y ahora presenta en la Seminci de Valladolid Hannah Arendt, un biopic centrado en esta filósofa judía nacida en Alemania, cuyo tráiler podemos disfrutar ya:

El biopic no pretende ofrecer una visión panorámica de la vida de esta filósofa, sino que se centra en uno de los momentos clave de su vida: la cobertura que realizó del proceso Adolf Eichmann, en Jerusalén, en 1961. Pero para ello, es preciso poner en situación: Hannah Arendt fue perseguida por el régimen nazi a causa de su origen judío, de modo que se exilió a Paris en 1933, en cuanto Hitler llegó al poder. Su primer destino fue Paris, donde convivió con otros exiliados, como Walter Benjamin, cuyas tesis sobre la negatividad de la historia, donde defendía que la historia no se encaminaba hacia el progreso en su devenir, salvó antes de que Benjamin se suicidase en 1939 en la frontera entre España y Francia. En 1941, cuando la situación se agravó, se exilió a EEUU, pasando por Lisboa.

En EEUU comenzó a trabajar para varias organizaciones judías radicadas en EEUU hasta que, en 1953, consiguió una cátedra en el Brooklyn College. En 1961 se celebraba en Jerusalén el juicio de condena de Adolf Eichmann, que tras la caída del régimen nazi, se refugió en Argentina. Eichmann es uno de los máximos responsables del Holocausto: pertenecía a las SS y se encargó de la logística de la Solución Final, del exterminio definitivo de judíos en campos de concentración.

Arendt asistió al juicio y observó que Eichmann no era un ser especialmente malvado, ni sufría una enfermedad mental: era un ser ordinario, aunque carente de juicio crítico y autonomía (durante toda su vida perteneció a distintos colectivos). De su cobertura, Arendt redactó una de sus obras fundamentales: Eichmann en Jerusalén, que cuenta con el subtítulo Informe sobre la banalidad del mal. En su obra defendía una tesis diferente sobre la idea del mal: la banalidad del mal implica que el mal no reside en el ser humano, sino que surge de las circunstancias, de modo que una persona deviene malvada por el contexto.

Eichmann no es un psicópata ni un enfermo: su conducta malvada fue consecuencia de su absoluta sumisión al régimen y a su sistema legal. De hecho, Eichmann no era especialmente antisemita, y tenía familiares judíos: se encargó de la puesta en marcha de la solución final por una sumisión a órdenes superiores y por su pérdida de autonomía crítica. Entonces, Arendt señala que, bajo estas situaciones totalitarias, el individuo se desprende de una conducta racional en sus decisiones, y actúa pensando en el cumplimiento de las obligaciones, y no en las consecuencias de sus actos. Por ello, algunos individuos que manifiestan una conducta normal han podido cometer actos de extrema crueldad.

Margarethe von Trotta ha pretendido poner en escena esta compleja etapa dentro de la vida de Hannah Arendt y la emergencia de su pensamiento en torno a la idea del mal. Es interesante observar la inserción de imágenes de archivo en blanco y negro sobre el juicio a Eichmann, evitando una reconstrucción del juicio que supondría falsear la historia y crearía polémica. Y hay una interesante utilización de las luces y las sombras, creando fuertes contrastes, y que permite atisbar la situación de conflicto interno que vivía Hannah Arendt durante la redacción de su obra.

La filósofa es interpretada por Barbara Sukowa, quien también protagonizó Rosa Luxemburg, de Margarethe von Trotta, y que obtuvo el Premio a la Mejor Actriz en el festival de Cannes de 1986. Von Trotta, célebre por sus personajes femeninos, logra fundir una reivindicación femenina con una visión historicista, de modo que crea retratos poliédricos donde se integra el individuo, la política y la historia. Su feminismo es siempre visto históricamente, y no en términos esencialistas.

Fotos: Heimat film