Que dura debe resultar para algunos cineastas la insoportable levedad de crítica y público. Una levedad que debe estar sufriendo ahora mismo Terrence Malick después de toda la que se organizó en torno a The Tree of Life, premiada en Cannes y olvidada por completo en los Oscar. Para colmo, cuando antes nos comíamos las uñas esperando incluso más de una década para descubrir otra de sus nuevas películas que siempre acababan siendo de culto, tal y como sucediera con Badlands, Days of heaven o incluso The Red Thin Line, ahora nos refugiamos en el vade retro Satanás ante la posibilidad de repetir la misma soporífera experiencia de El árbol de la vida, casi un año después con To the Wonder.

Ben Affleck and Rachel McAdams

Recepción en Venecia

Y si no, miren toda la que se ha organizado en la recepción de su película en Venecia con algún que otro aplauso, que era solapado con sonoros abucheos, que fue exactamente lo mismo que sucedió cuando le premiaron en Cannes. Ya no es que no se dejaran ver ni Ben Affleck ni Rachel McAdams, ni Javier Bardem ni Rachel Weisz, es que ni su director aparecía por allí, lo que dejaba a Olga Kurylenko, inexperta en alfombras rojas, para defender la película, quien aparecía acompañada de su compañera de reparto Romina Mondello. Cierto es que el papel de Bardem no era muy extenso y se encontraba rodando en Londres con Ridley Scott. La presencia de Rachel Weisz habría sido estimulante, pero su personaje se quedaba en el suelo de la sala de montaje, por lo que no hubiera sido apropiada. Al menos la presencia de Affleck y McAdams hubiera contribuido parcialmente a aplacar algunas voces. Y en el caso del director, lo cierto es que se trata de su modus operandi habitual, por lo que tampoco se le puede pedir mucho más.

Olga Kurylenko y Romina Mondellos

La pregunta que hace la películas es si ese amor es una expresión de nuestro libre albedrío o si, por el contrario, algo por encima de nosotros nos domina.

Con estas palabras defendía Olga Kurylenko la película. Sin duda, bastante más acertadas que las que tuviera su compañero de reparto, Ben Affleck, que fijo que debía creer que la película era sólo sobre su personaje cuando decía que era "más como la memoria de una vida que una historia literal en el tiempo real de la vida de alguien, como más comúnmente están hechas las películas". O no se pierdan la frase que soltaba a propósito de To the Wonder en la presentación de Argo en Telluride: "hace que The Tree of Life parezca Transformers". No sé qué es peor, Ben Affleck en una película de Terrence Malick, o el actor explicándola. Sin duda estamos ante un síntoma de que el cineasta de Illinois no debe estar muy bien y debería volver a pasar una temporada observando las aves y la naturaleza, como hizo entre los estrenos de sus tres primeras películas.

Cine impresionista

Fijo que muchos vuelven a confundir panteísmo con catolicismo, pero al fin y al cabo yo tampoco he visto todavía la película, por lo que no sé qué me puedo encontrar. De entrada sólo sabemos que se trata de una historia impresionista sobre una pareja que se conocen en París y deciden irse a vivir a una pequeña localidad de los Estados Unidos (lo mejor que puedes hacer después de vivir en París). Incapaz de adaptarse a su nueva vida (lo que me parece completamente normal), además de los problemas de convivencia que surgen, ella se vuelve sola a Francia. Es entonces cuando él tiene una aventura con una vieja amiga, antes de que se reavive la llama de su amor. Por allí anda también un cura con crisis de fe al que ambos solicitan asesoramiento.

Terrence Malick

Si El árbol de la vida se alejaba todo lo posible del individuo, tanto en el tiempo como en el espacio, para mostrar su insignificancia, parece que aquí nos vamos a encontrar con todo lo contrario. Una mirada concreta e intimista sobre una pareja en lo que probablemente habrá un debate no menos pretencioso que el filme precedente. O lo que es lo mismo, una historia igual de impresionista que The Tree of Life, en esa onda new age que caracteriza tanto el cine Terrence Malick. Algunos podrán pensar que dispersar frasecitas poéticas en medio de una imagen espléndida es cine de autor, pero no. No lo es. Eso es lo que podríamos denominar sencilla y llanamente como cine pretencioso. No faltan las voces que la tildan de "embelesadora" y "obra de un cineasta que no ha perdido su capacidad para conmover y sorprender", pero claro, deben ser las que decían lo mismo de The Tree of Life.