Esta semana un amigo me preguntó si recordaba la primera película que había visto en el cine. Le respondí que si, y es que nunca podré olvidar lo que vi y lo que sentí aquella primera y única vez. Nunca he vuelto a emocionarme tanto en una sala de cine y admito que cuando revisito esa película una parte de mi vuelve al pasado; recuerdo la emoción, la espera, el lugar, la música, la gente. Una experiencia personal que me acompañará siempre, a donde quiera que vaya. Los que aman el cine saben que acudir a una sala de proyección es algo más que sentarse y comer palomitas. El cine no es solo un arte, es una parte de nuestras vidas. Por eso lanzo esta pregunta. ¿Recuerdas la primera vez que fuiste al cine?

The Lion King se estrenó en España el 18 de noviembre de 1994. Entonces yo tenía 13 años y vivía en un pequeño pueblo, lejos de todo, junto al mar. Mi hermana mayor llevaba unos meses instalada en A Coruña, ciudad situada a unos cien kilómetros donde había, entre otras muchas cosas, cines. Ella me llevó al cine una noche de diciembre, hacía frío, llovía y la gente y sus paraguas se agolpaban a las puertas.

La sala enorme, un antiguo teatro reconvertido en sala de cine, con sus balcones y su enorme y rojo telón. El lugar estaba repleto, olía a lluvia, a frío y emoción. Al apagarse las luces se hizo el silencio, no había móviles por aquel entonces y muy poca publicidad. La película empezó y aún me estremezco ante la imagen del amanecer en la sabana africana.

Mufasa me pareció un rey sabio y ecuánime, me gustaron todas las canciones pero en especial la que inicia la película y el Hakuna Matata, me reí con las hienas y me horroricé con el fraticidio perpetrado por Scar. Lloré como Simba al ver el cuerpo sin vida del Mufasa, reí con Timón y Pumba, aprendí la importancia de palabras como responsabilidad, madurez y sacrificio. Temí por la vida de Simba y suspiré de alivio al ver el final de Scar a manos de sus propia avaricia.

Tanto me gustó la película que volví dos días después. Tanto me gustó que me compraron un CD de la banda sonora. Tanto me gustó que al menos una vez al año vuelvo a visionarla. Admito que The Lion King trasciende la pantalla porque forma parte de mi vida personal, y es que hay muchas historias y situaciones personales, además de aquella primera visita al cine, que están relacionadas con esta película.

Muchos de mis amigos no recuerdan la primera vez que fueron al cine o no tuvieron la suerte de vivir una experiencia tan gratificante y plena como la mía porque eran unos renacuajos. Lástima porque creo que poder apreciar esta experiencia y valorarla por lo que fue es algo muy bonito, no llega a ser como el primer beso o el primer amor o el primer empleo pero se le acerca bastante.

Cuando la película se reestrenó en 3D me negué en redondo a verla; primero, porque soy anti-3D; segundo, porque era escandalosamente caro; tercero, porque no iba a aportar nada nuevo a la película. Sin embargo reconozco que me di un homenaje y en aquellas fechas volví a verla y la disfruté tanto, o más, que la primera vez.

Hoy mismo, con varias cervezas sobre la mesa y algún que otro licor café, lo hablaba con un amigo; aunque se le pueden achacar cosas negativas a la historia de Simba, The Lion King es una película espléndida, tanto que no tengo palabras para describirla. Admito que cuando hablo de ella me puede la emoción y que pierdo totalmente la objetividad. A todos los cinéfilos nos pasa, todos tenemos un título especial que adoramos contra viento y marea.

Querido lector, ¿recuerdas la primera vez que fuiste al cine?