Zhang Yimou dio hace una década un punto de inflexión en su carrera. Desde su cine intimista, transitó hacia el género wuxia, que etimológicamente significa "caballeros de las artes marciales". Se trata de un género específicamente chino, ubicado en un escenario histórico y construido en base a combates con espada y a través de una historia melodramática que aborda las temáticas de la amistad, la lealtad o la traición. Yimou se sumergió en este género a través de tres obras: Hero (2002), La casa de las dagas voladoras (2004) y La maldición de la flor dorada (2006), donde construyó unas escenas de acción de un esteticismo delirante y preciosista. Y recientemente, ha realizado una adaptación del cine negro al contexto chino del s. X con Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos (2009), remake de Blood Simple (Sangre fácil), de los hermanos Coen.

Pero en Amor bajo el espino blanco, Yimou regresa a sus orígenes, especialmente al tono que surcaba su obra El Camino a casa (1999). Basado en una novela de Aimi Zhu, narra la secreta historia de amor entre Jing, una joven estudiante urbana, y Sun, un hijo de militar de la zona rural. El padre de Jing está encarcelado por sus ideas políticas derechistas y su madre debe mantener a todos sus hijos, por lo que la familia pertenece a la clase humilde y depende de las ayudas del Estado. Jing conoce a a Sun a través de unos proyectos de educación en escuelas rurales impulsados por el régimen comunista, pero su diferencia de clase y de edad impide el desarrollo de la relación.

Lo interesante es la inversión del estereotipo de la pareja imposible a causa de su pertenencia a distinta clase social. En un régimen comunista, donde no existen clases sociales, no hay cabida para tal arquetipo narrativo; pero Yimou lo utiliza señalando al Estado como obstáculo en la relación. No son los padres de Sun los que le imponen la ruptura por tener contacto con una joven de clase social inferior, sino que es la madre de Jing quienes, por temor a perder el apoyo del Estado (ante el escándalo de la diferencia de edad), bloquean todo contacto posible.

Así, Yimou desea ofrecer el retrato de un Estado omnipresente que oprime la esfera íntima del individuo e impide el libre ejercicio del amor y la amistad. De hecho, las escenas más interesantes del film, quizá por su realismo, son los bailes organizados en la escuela en honor del Estado: los individuos se mueven en masa, de forma uniforme, en bloque, pues tal es la homogeneización que imprime el gobierno en la sociedad. Todo en esta obra se proyecta hacia la revolución cultural.

Los personajes terminan integrando en su subjetividad la presión externa, hasta el punto de actuar inconscientemente de acuerdo a los dictados sociales. Y hay un plano bellísimo que hace evidente al espectador tal construcción de la conducta a través de la mirada social: durante un momento íntimo, los personajes se dan un baño, y Jing se cambia de ropa para ponerse el bañador. Y para hacerlo, se esconde de nuestra mirada tras una tabla que oculta su cuerpo: Jing se oculta inconscientemente de nosotros, como lo hace del Estado, pues hay expresiones del yo, como la desnudez o ese enamoramiento hacia Sun, que no son permitidas en sociedad y que hay que ocultar. Por suerte, siempre queda el amor en libertad bajo el espino blanco.

La obra está dividida en capítulos, entre los cuales se construyen ranuras que devoran el tiempo, pues el film está plagado de elipsis que obligan a completar esta poética historia de amor. De tono pausado y contemplativo, con una fotografía de tonos marchitos pero bellos, teñida de nostalgia y de tiempo (señalando la ambientación, en los años setenta, y la presión sobre los personajes), y a través de un predominio de los planos medios, pues siempre está próximo a sus personajes, Zhang Yimou construye una bella historia de amor, aunque dispone de algunos momentos estereotipados que reducen el interés. Por mi parte, me interesa más la relación de los individuos con el Estado y el entorno que la propia historia de amor, aunque cuenta con momentos realmente intensos.

Fotos: Carteles