Más de cuatro años llevaba Clint Eastwood, desde su interpretación en Gran Torino (2008), sin ocupar el espacio ubicado delante de las cámaras. Pero en Trouble with the Curve, recupera tal posición, incluso confiando las riendas del rodaje a otra persona: desde 1993, con In the Line of Fire (En la línea de fuego), dirigida por Wolfgang Petersen, no se producía una desemejanza entre director y actor, pues Clint Eastwood, dedicado de lleno a la dirección, se dirigía a sí mismo y no interpretó papeles para otros. No obstante, en este caso no se trata de un director a su vida: se trata de Robert Lorenz, el operador de cámara en The Bridges of Madison County (Los puentes de Madison), Mystic River y Million Dollar Baby. La mano derecha de Eastwood de siempre suelta a su compañero y toma las riendas de la cámara por primera vez. Y acaba de llegarnos el primer tráiler de la cinta:

Además de Clint Eastwood, la película cuenta entre su reparto con Amy Adams y Justin Timberlake. Eastwood encarna a un crepuscular ojeador de béisbol que, con la edad, está perdiendo la vista, y realiza junto a su hija un viaje a Atlanta en lo que podría suponer su última oportunidad de participar como profesional del béisbol, batiéndose con un joven talento. La puesta en escena conserva ese aire clásico propio de Eastwood, pues el director se ha curtido en su carrera con él y seguramente haya heredado formas. En septiembre se estrena en EEUU y en diciembre en España.

Estamos, entonces, ante una historia de superación personal, propias del cine hollywoodiense, y para ello se sirve del marco del deporte, el contexto perfecto para este tipo de trayectorias individuales, pues el camino del héroe, con una serie de pruebas plagadas de obstáculos y conflictos, está en cierto modo reflejado en él. Y a ello, hay que añadir un fondo narrativo de road movie en el viaje a Atlanta, otra vía perfecta para el crecimiento personal.

Ahora bien, lo interesante es analizar ¿Por qué se ha revalorizado tanto cinematográficamente el béisbol? Hasta hace unos años, el béisbol era pasto para telefilms donde se narraba la misma historia de superación una y otra vez sin ningún interés estético, pero últimamente ha vuelto a copar las pantallas de cine de la mano de directores y actores prestigiosos. En la mayoría de las ocasiones, siguen sirviendo como marco para la autosuperación, como ya vimos en The perfect Game (William Dear), en esta ocasión con niños; Black Irish (Brad Gann), con un adolescente; o como parece que va a ser Trouble with the Curve, pero con una persona de avanzada edad. De todos modos, la fusión de deporte con road trip seguro que genera una interesante construcción narrativa que haga trascender a Trouble with the Curve del género deportivo más convencional. Y, como no, la actuación de Clint Eastwood es siempre un motivo de confianza.

Por otro lado tenemos a Moneyball: breaking the rules (Moneyball: rompiendo las reglas), donde somos conducidos por el magistral guión de Aaron Sorkin a los bajos fondos corruptos que mueven, silenciosamente, el mundo del deporte. Aquí, el deporte constituye un marco de una lucha encarnizada por un triunfo que se traduce en dinero, y sirve como perfecta metáfora de la exacerbada competencia que rige el capitalismo contemporáneo, y más en EEUU. Y es que el deporte puede ser interesante estéticamente si su tratamiento varía un poco de las fórmulas de siempre.