Los estudios Aarmand vuelven a armarse de plastilina para salpicar la pantalla con un nuevo ejercicio de artesanía por stop-motion. Ya nos sorprendieron con Chicken Run en 2000, cuando Europa del este mantenía la hegemonía del stop-motion, y la animación por ordenador desplazaba a la manual. Y también son los responsables de Wallace & Gromit, aventuras en plastilina de un hombre y su perro. Pero ahora, el reparto se vuelve coral en su última película que se estrena en España y drigida por Peter Lord y Jeff Newitt: The Pirates! Band of misfits (¡Piratas!), donde asistimos a las aventuras de unos destartalados piratas bastante trasnochados (casi anacrónicos, pues está ambientada en la época victoriana, en el s. XIX, y el auge de los piratas caribeños se dio en los s. XVII y XVIII) cuyo líder tiene una ambición: ser el pirata del año.

El film nos sitúa en una banda marginal de piratas, así que son los excluidos de una sociedad que, ya de por sí, está en los márgenes de la sociedad. De este modo, el humor de la cinta emana de la distancia entre la expectativa y la realidad, lo que genera unos personajes melancólicos pero vitalistas. Pero el pirata se topa con un científico ubicado en un barco que transita por el océano, y descubre que posee un dodo, un animal en especie de extinción. Así que se pone de inmediato rumbo a Londres para mostrar su animal al público inglés, en una escena plagada de referencias: la música es la de 2001: A Space Odyssey (2001: una odisea del espacio), y la puesta en escena se inspira en la presentación de King Kong al público neoyorquino en el film original de 1933.

Esta etapa del film es la más interesante, pues ubica un personaje marginal a un medio burgués y, a través del disfraz, lo impulsa hasta la cima. De este modo, se revelan numerosas inconsistencias de la vida burguesa, como el saqueo de obras de arte de países periféricos por parte de los ingleses (hay una estatua de la isla de Pascua en la casa del científico). Aquí, el humor se genera por esa inserción de lo incontrolable en la uniformidad victoriana, y la cerrazón moral se pone de manifiesto mediante la exageración.

Incluso el film podría verse como un intento de ridiculizar las figuras de poder clásicas inglesas, pues la reina Victoria es retratada como un ser ambicioso y deshumanizado, que expulsa la imperfección de su reino y, por lo tanto, elimina la vertiente más creativa de la sociedad, en este caso el pirata. Una crítica un poco tardía, pues lo interesante sería el cuestionamiento de las figuras de poder actuales, de la Reina Isabel, pero para esto, los ingleses deben esperar en ocasiones unos decenios.

Hay múltiples guiños cinéfilos y culturales que animan la cinta: el pirata conversa con Jane Austen en una cafetería, conoce a Charles Darwin, toma una copa en la mesa anexa a The Elephant Man, el célebre hombre de cabeza monstruosa y deforme del maravilloso film de David Lynch. Y estéticamente hay una inspiración en la televisión, como tomar la estética televisiva de la gala de los Oscar para la entrega del premio del pirata del año. Una película de animación con claros aires de postmodernidad que realiza un paseo por todos los referentes culturales ingleses ambientados en el s. XIX.

En último término, el film es una obra sobre el crepúsculo de una profesión que pocos embates puede dar en el futuro. De ahí que el pirata sea superado por otros piratas que no guerrean y conciben su trabajo como un negocio: mantiene un idealismo de la profesión, es una especie de don Quijote de la profesión de piratas, enloquecido con tanta leyenda asimilada.

Visualmente es una obra exquisita, con gran detallismo y minuciosidad en la construcción de los personajes. Los paisajes son adheridos mediante animación por ordenador, pues sería un gran trabajo recrear un mar en stop-motion, pero el añadido apenas muestra sus fisuras. Por otro lado, hay una sobrecarga musical que puede molestar en ocasiones, pues no permite ventilar emociones a los personajes, y en ocasiones recurre a convenciones del género de aventuras o de acción, eliminando gran parte del disfrute de la obra.

Esto se nota, por ejemplo, en la idea fundadora de la narrativa de Pirates! y que comparte con el género: la expulsión de la comunidad del protagonista y su realización de pruebas para volver al seno de ella. El final revela, entonces, la convención, y eso siempre suprime la atención del espectador. Así, es una película divertida, con grandes dosis de humor (aunque se echa de menos mayor rebeldía) y sorprendente visualmente, aunque la trama, interesante narrativa y variada en localizaciones, en ocasiones se convierte en una pirueta de acción algo larga.

Fotos: Aceshowbiz