Lee Daniels continúa imprimiendo una estética antirrealista a elementos tomados, en bruto, de la sociedad estadounidense, de modo que concilia la reivindicación social con la construcción de imágenes antimiméticas que escapan a la reproducción de la realidad. Esto es, en esencia, el estilo que caracteriza su cine, y en The Paperboy, presentada en el festival de Cannes 2012, continúa con él, tal y como demuestra su nuevo trailer, que acaba de ser publicado:

The paperboy se basa en una novela negra contemporánea de Peter Dexter, que lleva el mismo título, y narra la investigación de dos hermanos periodistas, encarnados por Matthew McConaughey y Zac Efron, de un caso de asesinato para intentar salvar a un reo condenado a muerte (John Cusack). Y la encargada de solicitar su trabajo será Charlotte Bless (Nicole Kidman), una mujer excesiva que se ha enamorado del preso sin haberlo visto nunca. Pedro Almodóvar llevaba 11 años planteándose la adaptación de esta novela al cine en lo que supondría su primera incursión en Hollywood, e incluso llegó a realizar un borrador; pero finalmente el proyecto ha recaído en manos de Lee Daniels.

La estética antirrealista de The Paperboy parte de una imitación de las películas de explotaiton, aquel cine de bajo presupuesto que abordaba temáticas consideradas inmorales por la sociedad de la época (especialmente sexuales o violentos) y que se caracteriza por dos elementos: el predominio del detalle sobre el conjunto y la desmesura. Así, en este tipo de films, importa más la atmósfera de cada secuencia y su potencia dramática que la coherencia interna de la narración, lo que supone en ocasiones una ruptura de la causalidad psicológica: el film no se desarrolla según las leyes de causa-efecto, todo es siempre una búsqueda de la imagen excesiva. Todo cercano al pulp, siguiendo la aproximación que otros directores como Quentin Tarantino realizan a este modo de representación.

The Paperboy se ambienta en los años sesenta, época de gran auge del exploitation, de modo que hay una coherencia época-estética que permite una interesante reconstrucción del pasado, no a través del realismo, sino a través de los estereotipos y las texturas que esa época engendró mediante el cine o la televisión (importante medio de difusión de la exploitation). Se imita el tratamiento estético que la época hizo de sí misma, no se reproduce la época con su detallismo. Así es como observamos recursos como la división de la pantalla en fragmentos, imitando las series de televisión de la época, una composición conscientemente imperfecta y una iluminación poco contrastada y muy saturada (dada la escasez de medios para la filmación del género exploitation).

Pero lo que más llama la atención de The paperboy es la desmesura de la figura encarnada por Nicole Kidman: una mujer sexual hasta el exceso, que desborda un erotismo brusco y efectivo. Y es que Lee Daniels ha querido revisar un género del exploitation, el sexploitation, donde toda la narración es una excusa barata para llegar al culmen del erotismo: el desnudo o semi-desnudo femenino. Así, para que el espectador siga la trama, era preciso situar una mujer explosiva que advirtiese de la pronta llegada del desnudo. Así, Nicole Kidman es el símbolo sexual hacia el que se proyecta toda imagen. Y si a ello le sumas una violencia filmada con ironía, propia de todo el género exploitation, tenemos el cóctel que supone The Paperboy.

En Precious también construye una estética antimimética partiendo de otro presupuesto: la imitación de la estética televisiva. El film aborda la acumulación de desgracias que tejían la vida de la joven adolescente Clareece Precious Jones, maltratada por su madre. En la narración encontramos fragmentos oníricos que muestran los deseos de éxito de Precious, y son conscientemente estereotipados: Precious soñaba con triunfar en la televisión, y se imaginaba bailando en el plató de un show sin público que era rodado con la misma iluminación y la puesta en escena de la televisión. Del mismo modo, la casa de Precious contaba con una estética propia de una serie de televisión o de una película de explotaiton, con un barroquismo en el decorado y una iluminación excesivamente dramática. todo es exceso.

Pero esta elección estética no es en vano: el film es también una crítica a la perjudicial influencia de la televisión en la determinación de metas vitales. Por eso su madre destruye el televisor lanzándolo por las escaleras, que tanto ha desestabilizado a Precious; y por eso la textura de las imágenes: creamos metas inalcalzables, anitrrealistas, por los deseos removidos por la pequeña pantalla, y por ello Precious cuenta con una estética conscientemente televisiva, incluso a veces surcada de clichés, porque la televisión permite la multiplicación del estereotipo.

Fotos: El séptimo arte