Ninguna actriz femenina se atreve a repetir con Lars von Trier. O, al menos, esta es la norma que impera en el terreno crítico tras el rotundo rechazo de Bjork al cine después de un traumático rodaje en la, también traumática, Dancer in the Dark (Bailar en la oscuridad). Si bien es cierto que esta regla ha sido quebrada, en los últimos años, por Charlote Gainsbourg, quien parece haberse convertido en su actriz fetiche. Y es que esta maravillosa actriz y cantante debe sufrir pulsiones de masoquismo si, tras la automutilación de Anticristo y el descenso a los infiernos de Melancholia, quiere seguir al lado del director danés. Pero ahora, la regla queda desfasada completamente tras el regreso de Nicole Kidman con el realizador.

La actriz australiana declaró, en una entrevista a la revista Positif para el número de julio-agosto, que iba a trabajar próximamente, durante varios días, en el rodaje de la nueva película de Lars von Trier, * Nymphomaniac**. En él trabajan ya los colaboradores habituales de von Trier, Charlotte Gainsbourg, Willem Dafoe y Stellan Skarsgard, que copan los papeles protagonistas, así que Nicole Kidman hará un papel secundario.

Nymphomaniac narra toda la trayectoria erótica de una mujer ninfómana, Joe (Charlotte Gainsbourg) desde su nacimiento hasta cumplir 50 años. Este relato se inicia cuando Joe es encontrada inconsciente por Seligman, un viejo soltero, y juntos tratan de averiguar cómo ha llegado la mujer a esa situación a través de 8 relatos. En fin, una historia de las que le gustan a von Trier, y que contará con dos versiones, una pornográfica y otra menos explícita y dispuesta para su estreno en salas internacionales.

Nicole Kidman protagonizó una de las obras clave de Lars von Trier, Dogville, donde encarnaba a Grace, una mujer que recala en un pueblo medio estadounidense y donde es asimilada a condición de ejercer de esclava. Lo interesante del film es la desaparición del decorado, o más bien, la eliminación de lo superfluo y la reducción de su composición hasta sus líneas esenciales: todo estaba filmado en un hangar, los edificios estaban dibujados con tiza y el plató sólo disponía del objeto más apreciado por cada personaje. En definitiva, es una exploración de los límites de la ilusión del cinematógrafo: hasta qué punto un espectador es capaz de seguir viviendo la ficción del cine, pese a despojarla del propio decorado. Y von Trier nos muestra que, hasta en estas condiciones, el espectador se sumerge en la narración: el cine es siempre una inmersión por mucho distanciamiento que se le imponga.

Seguramente, Nicole Kidman no haya querido participar en la secuela, Manderley, donde tuvo que ser sustituida por Bryce Dallas Howard, debido al duro proceso que supone encarnar a una de las heroínas de Lars von Trier. Y es que el director danés se sirve normalmente de una mujer protagonista para revelar toda la arrogancia y la doble moral que teje la sociedad, y para ello la somete a una serie de vejaciones procedentes de la estructura socio-económica, aunque siempre motu proprio: el personaje femenino está dispuesto al sacrificio y lo hace manteniendo su integridad.

Ahora bien, en su filmografía ha habido una evolución de esta voz femenina. En sus obras desde Dogma 95, la mujer se ofrecía en sacrificio hasta las últimas consecuencias, y el film era un deambular hacia la debacle, hacia la destrucción. Lo vemos en Idioterne (Los idiotas), donde la mujer lleva el extremo la propuesta de fingir una discapacidad y es expulsada de la familia. También en Breaking the waves (Rompiendo las olas), donde todo el pueblo se aprovecha de la protagonista. Y, sobre todo, en Dancer in the Dark.

No obstante, desde Dogville, la figura de la heroína de von Trier ha dado un giro: ha adquirido la lucidez y sabe rebelarse contra su entorno. Es como si de manera paralela al mayor acceso de las mujeres a las esferas de poder, von Trier ha plasmado una mutación en el martirio femenino que retrataba en sus primeras obras. Y en Dogville, Grace (Nicole Kidman) ejecutaba, al final de la obra, una sincera venganza contra la población que la explotaba. Y así, las mujeres han ido ganando en potencia, como vemos a la desesperada Charlotte Gainsbourg en Anticristo o a la depresiva y autónoma Kirsten Dunst en Melancholia.

En esta ocasión, Kidman no encarnará una de estas mujeres protagonistas, aunque seguro que tiene algún toque de la psicología torturada con las que von Trier dota normalmente a las mujeres. Seguramente, Kidman quiera hacer resurgir su filmografía, pues la falta de papeles para mujeres de mediana edad en el cine de Hollywood ha segado una fulgurante carrera, y en los últimos años sus trabajos son más esporádicos. Quizá von Trier logre poner de nuevo en el mapa a Kidman.

El film comenzará a ser rodado a finales de agosto en Alemania, y von Trier pretende presentarlo en la edición de Cannes del año que viene. Algo curioso, teniendo en cuenta la expulsión del director del festival en la edición de 2011, tras la presentación de Melancholia, debido a unos comentarios antisemitas vertidos en la rueda de prensa. La expulsión era efectiva durante una edición, así que Lars von Trier podrá volver a presentar sin obstáculos Nymphomaniac en Cannes 2013.