Andrew Dominik sigue revisando los géneros, y en esta ocasión enfoca su mirada en el thriller con Killing them Softly. Presentada en el festival de Cannes de este año, su estreno estaba previsto para septiembre, pero su productora, The Weinstein Company, anda desquiciada últimamente con las fechas de estreno: quieren crear la mayor resonancia posible con cada film y por ello han aplazado su estreno a octubre, distanciándolo de la pieza maestra con la que cuentan este año, The Master, de Paul Thomas Anderson. De todos modos, ya podemos disfrutar de su primer tráiler:

Killing the softly, basada en una obra de George V. Higgins, es un frenético film ambientada en los bajos fondos del crimen contemporáneo. Jackie Cogan, encarnado por Brad Pitt, es un violento investigador privado contratado para resolver unos misteriosos robos producidos en casinos controlados por la mafia. Entre el reparto aparecen también Scoot McNairy, James Gandolfini, Richard Jenkins, Ray Liotta, Sam Shepard, Vincent Curatola y Ben Mendelsohn. Y en el film, Dominik ha querido realizar un retrato de la crisis del capitalismo, dando cuenta de que la decadencia económica ha llegado hasta la economía sumergida.

Para ello, se sirve del mejor género posible, el criminal, pues permite situar el dinero como meta de cada personaje, de modo que todos los actos pueden convertirse en metáfora de la tensión a la que nos somete la aspiración económica. Dominik introduce un discurso crítico contra el sistema, e incluso despotrica contra Obama, una figura que parecía vetada de toda referencia negativa en Hollywood hasta hoy. El resultado es un film discursivo, que está emparentado con el asombroso guión de Cosópolis, donde Cronenberg trata de llevarnos de paseo filosófico por las ruinas del capitalismo.

Pero Dominik es un director con nervio. Tal y como se observa en el trailer, como en la explosión del coche que impacta contra un personaje, hay una exageración de la violencia para mostrarnos los excesos a los que llegamos con esta forma fundada en el ascenso económico. Y todo ello tejido a través de un portentoso montaje, influenciado por el dinamismo y la energía de los montajes de Paul Thomas Anderson. A ello hay que sumar una búsqueda de la exaltación de los sentidos del espectador, como se vislumbra en las escenas de acción en ralentí o en el recurso a elipsis de la violencia (en ese fantástico plano fuera de la casa de madera blanca), una elusión que obliga a fomentar la imaginación del espectador y a poner en escena mentalmente el proceso de la violencia.

Así, Killing them softly quiere recurrir a las pulsiones más violentas de los espectadores, para verse envueltos sensorialmente en la decadencia del crimen, y en ese estado de trance, asistir a una crítica del capitalismo más voraz, que todo lo fagocita. Dominik entabla aquí una conversación con el género criminal, y parece que desea poner en escena el mito del gángster de la misma forma en que se gestó: mediante la sensación. Porque un mito, pese a estar organizado en torno a un relato, proviene más del afloramiento de sensaciones que de la ordenación de hechos en una narración coherente. Así, Dominik, en sus films, trata de volver a los orígenes de los mitos que fundan los géneros, en este caso el criminal, pero no a su época de gestación, sino a su forma de canalización: el contacto directo con la violencia irracional. Trata de sumergirnos en ese irracionalismo, y sentir la palpitación, el riesgo, que experimentan los círculos de la mafia, aproximándonos así a las raíces más simples y profundas del género criminal.

Ahora bien, su revisión más exhaustiva de un género se produjo en su segundo film, The Assassination of Jesse James By The Coward Robert Ford (El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford). En él se propone una reinvención del western, pero no a través de su desmitificación, como en Unforgiven (Sin perdón), de Clint Eastwood, sino a través de una nueva mitificación a través, de nuevo, de la dimensión sensorial de la imagen. Porque este aspecto fue olvidado en el cine clásico por una sobrevaloración de la narración, a excepción del magnífico John Ford, uno de los pocos que supieron fundir en la narración un halo mítico y poético, generando en sus sus western ese aire intemporal de las obras de arte.

En el film, Dominik busca recuperar las sensaciones de los habitantes en la conquista del oeste, unas sensaciones que luego se clasificaron en personajes y actos y se repartieron conformando el género, y que luego fueron devoradas por la narración. Para ello, recurrió al director estadounidense que mayor huella de lirismo imprime a la realidad norteamericana: Terrence Malick. De este modo, uniendo un dinámico montaje al lirismo de Malick, logramos sentir el viento acariciando los campos o la cebada rozando los poros de la piel. Y sin esos pequeños éxtasis, sin esos accesos a la corporeidad, un género fundamental en la historia de EEUU no hubiese nacido. En octubre veremos si esta revisión que propone en sus films es exitosa en el género de gángster con Killing them Softly.

Fotos: Multicine